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Editorial
Sueldos
En los tiempos de la política vocacional que corren (aunque no venga a cuento, entre paréntesis cabe recordar que el veterano Manuel Jaén Palacios siempre ha gozado de la fama de ser un brillante argumentador), el sueldo a percibir no es por supuesto un asunto menor.En épocas ya lejanas de vacas magras e ideología superestrecha, alcaldes como Gabriel Seguí Mercadal, Rafael Timoner Sintes o Antonio Casasnovas Franco dieron ejemplo de entrega a sus respectivas ciudades. De sueldos ni se hablaba. Importaba el trabajo, los proyectos y las obras. La gestión municipal hoy cotiza en euros. Quiere decirse que una de las primeras decisiones de los ediles que acceden al gobierno de un ayuntamiento es proponer y aprobar si procede que casi siempre procede, faltaría más sus retribuciones económicas. La cuestión puede deslizarse fácilmente por la pendiente de la demagogia. Para evitarlo basta ceñirse al aspecto técnico: Si se toman las riendas del gobierno municipal con el presupuesto cerrado, ¿de dónde salen las partidas para hacer efectiva la subida de sueldos? Porque la lógica ¡ah, la lógica! sugiere que toda subida debe aguardar a la confección del nuevo presupuesto municipal.
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