|
La otra cara de las celebraciones
Con el uniforme de trabajo puesto

Policías. Son cuatro los agentes que deben pasar las fiestas atendiendo los servicios
|
Policías, bomberos, enfermeras, médicos y otros trabajadores, de cuyos servicios no puede prescindirse en fechas como Navidad y Año Nuevo, se resignan a pasar las fiestas en su puesto
Paula Florit.MaóMientras la mayoría de gente disfruta estos días de sus vacaciones en familia, otros no tienen más remedio que comerse el turrón en sus puestos de trabajo. Policías, bomberos, médicos y camareros, entre muchos otros colectivos, pasan estas fiestas alejados de sus casas, siendo sus funciones imprescindibles hasta en Navidad o Año Nuevo. Sin embargo, la mayoría de ellos se lo toman con resignación y buen humor. En la oficina de bomberos de Maó, Guillem Triay y José Cabo celebraron el día de Navidad pendientes de su radio, a la espera de alguna urgencia. Como cualquier 25 de diciembre, la gente se reunía en sus casas; para ellos se trató de un día de trabajo como cualquier otro. "Nuestras familias ya están acostumbradas", afirman con resignación, "es lo que hay". Debiendo atender dos llamadas por incendios, su comida de Navidad se basó en simples barritas energéticas y algún sorbo de vino, "aunque de servicio no podemos hacer demasiada fiesta". Por las rutinas de su trabajo, no pueden organizar nada especial, puesto que en cualquier momento una llamada les hará salir corriendo. Recuerdan con una sonrisa que la única vez que se propusieron hacer una comida de Navidad, un incendio les obligó a dejar la mesa puesta y la comida sin probar. Como ellos, otra pareja tuvo que pasar la festividad de fin de año cumpliendo su turno de 24 horas, como también lo harán otros dos bomberos el día de Reyes. Lo mismo les ocurre a los policías. Fueron cuatro agentes quienes transcurrieron el 25 de diciembre en la jefatura de la Policía Local de Maó. Por ser un día especial, aseguran que no hubo tantos incidentes como otro cualquiera. Ellos tampoco se pudieron permitir el lujo de comer a gambas y consomé en sus casas. "Envidiamos a la gente que puede disfrutar de su familia estos días", afirma Joan Sans, un agente que, como sus otros compañeros, está más que acostumbrado a cumplir las guardias con el mejor humor posible. "Ya ni siquiera pedimos a nuestros familiares qué les parece, aunque siempre se quejan un poco". También se han visto obligados a aguantar la locura de la noche de fin de año y a comer las uvas con el uniforme puesto. Los servicios de urgencias hospitalarias también son imprescindibles estos días. Ane es auxiliar administrativa en el centro de salud Dalt Sant Joan de Maó. Su familia está en Bilbao y estas fiestas ha tenido que pasarlas en la Isla, cumpliendo el turno de guardia detrás del mostrador del centro y conformándose con hablar con ellos por teléfono, aunque afirma: "para eso estamos". Con ella, la enfermera Yolanda y el médico Javier Martín celebraron el día de Navidad en el edificio sanitario. Por lo menos tuvieron la suerte de recibir la visita de sus respectivas parejas, con quienes pudieron comer. Eso sí, atendiendo, entre plato y plato, las pocas visitas que tuvo el centro durante el día. "No es un esfuerzo muy grande", explica Yolanda, "un paciente agradecido incluso nos ha traído bombones". El día en el Hospital fue un poco más ajetreado, según explica Raquel, trabajadora del centro. "Supongo que es la novatada, me ha tocado porque sólo hace un año que trabajo aquí". El día de Nochebuena médicos y enfermeras prepararon una cena especial. Entre urgencia y urgencia, pudieron degustar una copiosa comida que les prepararon los cocineros del centro hospitalario, como también hicieron para despedir el año. "comemos bien y se abre alguna botellita", explica sonriendo. Los trabajadores del Aeropuerto, a pesar de que se cierre a las 22.30 horas, también se han encontrado en esta situación. Catalina, que trabaja en el centro de información de Aena, tuvo que pasar los días de Navidad y Año Nuevo trabajando. Considerando las fiestas navideñas como "las fiestas de la sociedad de consumo, donde la gente sólo come y bebe", ella misma solicitó trabajar en estos días. "Son unas fiestas que no me gustan", explica, "no me importa pasarlas aquí, el año pasado ya lo hice". Por otra parte, los agentes de la Guardia Civil que custodian las instalaciones pasan la noche entera en el Aeropuerto. Uno de ellos lleva 25 años cumpliendo este trabajo, cerca de 20 Navidades con la gorra puesta. Explica que en años anteriores se cerraba en las fechas más señaladas de la Navidad, pero ahora el servicio no se interrumpe ningún día del año. "En fin de año es cuando hay más trabajo, alguna vez nos hemos encontrado con algún borracho a quien no hemos podido dejar subir al avión". Sin embargo, los agentes cumplen con su deber. Tampoco se podrían pasar estos días sin los servicios que ofrecen las gasolineras. Marta es una trabajadora de Maó que tuvo que pasar la Navidad cobrando el combustible a los conductores que se acercaron a repostar. "Tienes que venir y punto, no hay remedio", se resigna. En este establecimiento no disponen de televisor para escuchar las campanadas, pero otro empleado tuvo que comerse las uvas tras el mostrador. Como todos ellos, en los años que vienen, otros médicos, otras enfermeras, otros bomberos y muchos otros trabajadores, pasarán las fiestas navideñas fuera de sus casas.
|