Bep Joan Casasnovas.CiutadellaEl Sporting Mahonés ejecutó el martillazo que precisaba para encajarse con autoridad en los puestos de play-off y se llevó ayer tres puntos vitales de Ciutadella para vestirse de corto en la liguilla de ascenso a Segunda B.
El cuadro de Lluís Vidal lo aprovechó todo: la derrota en Alaior del Vilafranca, el empate del Santa Eulàlia en Manacor y algunas facilidades que le otorgó el Atlètic ayer en Ciutadella, no sin atravesar los blanquiazules más de 90 minutos complicados ante un escuadra bermellona dispuesta a todo y con la meta de ganar un derbi esta temporada y justificarse ante su afición. Era su único objetivo.
El Sporting dio primero y fue en el minuto 7 cuando Tudurí botó una falta que recogió Arturo en el segundo palo, y casi sin ángulo, logró conectar un chut que tras tocar la madera se coló a gol. Fue la mejor forma de abrir las expectativas blanquiazules.
Pero el At. Ciutadella no se arrugó y le dio la cara al partido. Tuvo, sin embargo, momentos muy complicados. Los de Vidal cerraron muy bien las líneas de medio campo y en la zaga la seguridad era la mejor herramienta de trabajo para noquear a los bermellones. A los de Seligrat les costó dirigir el cuero a su manera, pero lo consiguieron lentamente.
Con el 0-1 se plasmó un Sporting conservador, buscando la contra con balones largos a Gamboa y Mario, que no tuvieron mucha eficacia. Mientras, el empuje bermellón hacía llegar balones en el cerco visitante, con relativo peligro, pero sin ocasiones claras. El Sporting se mostró soberbio por alto y Pere Bagur tuvo una marca ejemplar por parte de Arturo en la primera parte.
Con el paso de los minutos los locales se engrandecieron para arrimarse cada vez más a la parcela mahonesa. Algunas acciones por la derecha buscaron el empate. Una acción de Nando y dos de Gaimundi aproximaron el derbi a la igualada, pero no hubo ejecución final.
El acoso forzado por los bermellones obtuvo su premio en el minuto 36. Taltavull, en un fuera de banda, metió un balón en el área que peinó bien Bagur para que en una segunda acción, Melià se avanzara a su marcador con la testa y batiera a Félix.
El empate a uno abrió un melón dulce en un derbi apetitoso, pero las esperanzas rojillas de saborearlo no se produjeron. Alfonso le quitó la tajada de la boca a la escuadra local. Cuando la parroquia aún celebraba el tanto de Melià, en un saque de banda, un puñado de jugadores saltaron al primer palo, el balón acabó enfrente mismo de la meta de Martí y Alfonso, completamente solo a dos metros del meta local, borró la alegría de los locales y activó de nuevo las bocinas de los seguidores sportinguistas.
No había transcurrido ni un minuto desde el empate del Atlètic y los de Vidal golpearon de nuevo el derbi de poniente.
El descanso sirvió para analizar una primera parte sin brillo, pero con un Sporting eficaz y letal cuando llegó y con la tensión de saberse lo que se jugaba. Por su parte, el alumnado de Toni Seligrat, resignado a entregarse ante un rival de talla, alegó voluntad para hacer sufrir a un Sporting con el aliento contenido.
Antes del pitido para iniciar la segunda parte, la anécdota: el colegiado Emilio de la Cámara se dejó el silbato en el vestuario.
A los cuatro minutos de la reanudación, Gamboa tuvo la tranquilidad de su equipo en sus botas, pero un hábil Martí evitó el gol.
Poco después, Seligrat apostó por el empate. Introdujo a Juanlu y retiró a Sergi. Además avanzó a Ogazón y retrasó a Melià. Sin verse un juego de campanillas, el Atlètic siguió arrimando el pecho ante un cuadro mahonés recogido. El resultado era oro para Vidal y trató de dar metros al Atlètic para sorprenderle a la contra, situación que no fructificó, pero sí su firmeza defensiva.
Transcurrida algo más de media hora de la segunda mitad, un balón dividido en la frontal del área significó el 1-3. Error magno en la salida de Martí que no llega con la cabeza y dudoso para hacerlo con la mano desconociendo si estaba en el área. El balón queda manso a los pies de Lacueva que empuja plácidamente a gol. Pero su desbordante celebración lo mandó a la caseta. Se quitó la camiseta y vio la segunda amarilla. Marcó y se autoexpulsó en sólo 11 minutos.
El 1-3 liquidó las opciones locales, a pesar que su orgullo les llevó a pelear hasta el final. Algo de tensión, pero sin más. Alegría en el sector sportinguista y más seriedad en el bando local, pero a destacar el ejemplar comportamiento de las aficiones.