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Mantienen la tradición de chicos y chicas por separado, pero su esencia se ha desvirtuado

La otra cara de Cincogema


Jóvenes. Se aposentan en la vía pública para seguir consumiendo antes de ir a las discotecas

Beber sin parar durante tres días es el modelo que sigue gran parte de los adolescentes Œciutadellencs´ durante esta festividad para disfrutar de un largo fin de semana "non-stop" lejos de la vigilancia paterna

Raquel Marqués.Ciutadella

Por Cincogema vamos todos a saco, sobre todo el viernes y el sábado, se trata de dormir lo menos posible y de beber sin parar". "Tanto alcohol ¿os sentará mal?", le pregunto a un menor de edad que, mochila al hombro, está a punto de partir a las urbanizaciones del sur para disfrutar junto a sus amigos de tres días lejos de la vigilancia paterna. "Claro, pero es que vomitar está a la orden del día", responde con total naturalidad. Mientras charla acerca de lo que hará con sus compañeros para pasárselo en grande, su rostro -aun más cerca de las facciones infantiles que de las adolescentes- no se inmuta lo más mínimo, ya que como apunta no hay nada de malo en ello porque es un hábito "que está bien visto socialmente".

Emborracharse durante este largo fin de semana es el modelo que sigue gran parte de los jóvenes "ciutadellencs". Viven esta celebración de carácter religioso -cuando se cumplen 50 días después de Pascua- a su manera. La mantienen como una salida fuera de la ciudad para convivir en chalés, apartamentos, "hortals" o tiendas de campaña, pero han desvirtuado por completo su esencia. Lo único que preservan es la tradición de chicos y chicas cada uno por su lado. Es la otra cara de Cincogema, la de las nuevas generaciones que protagonizan incontrolados excesos de bebidas alcohólicas, hachís o cocaína.

El arsenal de botellas

Plaza d´Artrutx, dos del mediodía del viernes. El ruido de fondo más escuchado es el de las motocicletas de los chavales. Por sus sacos de dormir entre las piernas es fácil identificar quién se dirige a Cala Blanca, Santandria, Son Carrió, Cala en Blanes o Cala en Bosc, el epicentro de las juergas nocturnas que se prolongan por las calles hasta el amanecer. "Seremos más o menos unos 15 amigos en casa de los padres de uno de ellos, hemos puesto 10 euros por cabeza en bebida (en total han gastado 150 euros): cajas de cerveza, whisky, vodka, Œgin´... que luego mezclaremos con Œcola´, naranja o limón, si podemos no dormiremos en tres días". Andreu tiene 16 años, pero ya hace cuatro años que por Cincogema le dejan irse de marcha fuera de Ciutadella. "Hicimos la compra ayer (por el pasado jueves) y nunca en todos estos años nos han pedido el carné", afirma mientras se queja de que esta vez, hoy lunes, sea día lectivo para los alumnos de Secundaria. "No hay derecho a que nos quiten el lunes, no me parece bien porque estaremos de resaca", repite indignado.

A su lado, Joan, de 15, conduce otra moto. "Nuestra Cincogema es más tranquila, vamos a pescar a La Vall", explica. Aun así, en su caso, el desembolso en alcohol ha sido de 100 euros para una decena de adolescentes.

Andreu y Joan le restan importancia al consumo de cubatas o cervezas porque está legalizado, pero del mismo modo tampoco creen abusivo portar consigo drogas como hachís, a razón de un gasto de 150 y 30 euros, por grupo, respectivamente. Al igual que Toni, de 17 años, los tres niegan rotundamente haber probado o llevar en su equipaje cocaína, pero siempre hablan de terceros, en su grupo de amigos, que por estas fechas esnifan o toman pastillas. "Allà dalt no hi ha ningú que aquets dies no vagi ben frit", señala Toni. "Por Cincogema los pequeños camellos hacen su agosto, conozco a mucha gente que ha comenzado a consumir a los 14 años y que ahora con 16 y 17 ya está muy enganchada, acaban fatal, es una lástima, la cocaína no tendría ni que existir". "¿Por qué crees que tu generación prueba la Œcoca´?", cuestiono. Su respuesta es simple y demasiado dura: "Porque está de moda". Por si fuera poco, la escasa economía de un chaval de estas edades lleva a saciar el mono del enganche -como relata- estableciendo contactos con quienes compran para venderla a los demás por ellos y así no pagar sus dosis de droga. "¿No lo sabías?", exclama con sorpresa, y añade, "es la manera de no pagar".

Los compañeros de Toni son 6 en total y para el fin de semana, que hoy ha llegado a su fin, compraron -además de la cerveza, que nunca falla- 3 botellas de Œgin´, 3 de vodka y 2 de whisky. "Pero llevamos más dinero en comida (algo insólito) 40 euros por persona", aclara orgulloso.

Aunque parezca que tan "normalizado" avituallamiento alcohólico concluye en las casas donde pernoctan estos jóvenes la realidad es bien diferente y tiene lugar en los Œpubs´ de moda de las urbanizaciones. Pasada la medianoche del viernes en la Plaça d´Artrutx, en el mismo escenario en el que Andreu y Joan contaban todos sus planes para la diversión, la Policía Local se hacía cargo de un joven que había sufrido un coma etílico.

Una de la madrugada, del viernes al sábado, en Cala Blanca. Dos jóvenes me guían hacia una de las discotecas que por Cincogema se llena de público adolescente. Acaban de salir de uno de los apartamentos de la zona. Descamisados suben a su coche, sin cinturón de seguridad y sin luces, cruzan en apenas 2 minutos tres manzanas hasta llegar al local. Allí en la avenida principal comienza la riada de jóvenes dispuestos a bailar y a beber más de lo que ya llevan encima. "El que menos, se gasta 20 euros por 3 cubatas y el que más no tiene límite porque allí es muy fácil conseguir pastillas o cocaína", puntualiza Toni.

Control policial

Tras circular por calles repletas de chavales con botellas de alcohol en sus manos -para acabar las existencias de camino a la discoteca-, o estalonados en las paredes junto a botellas de agua de litro y medio de los que ingieren pastillas alucinógenas que no quieren mezclar con alcohol, cerca de la entrada de acceso al pub, dos patrullas de Policía Local y Nacional establecen los controles pertinentes. A unos metros, de detrás de un pinar aparecen los primeros síntomas del exceso. Un grupo de menores se jacta de "ir hasta arriba". En cuanto se percatan de la presencia policial moderan su conducta y abandonan con disimulo vasos, botellas y porros en el primer lugar ajeno a la mirada de los agentes. "¡Aún espero a que me quites una multa!", les increpa una adolescente que caminaba sin rumbo fijo bajo los efectos del alcohol.

Entre conocidos cánticos, popularizados por spots publicitarios, como el de "hoy me siento libre como el mar", e insolentes alaridos de los más mayores a las más jovencitas por su atractiva vestimenta, la noche no había hecho más que comenzar. "Si regresas a las 3 de la mañana te los encontrarás tirados en las aceras, entonces se les habrá acabado la euforia", comenta un agente. Es la Cincogema del "non-stop". Muchos no han dormido. Al día siguiente en Macarella la estampa es bien diferente. Familiares y amigos comparten, a las siete y media de la tarde, una suculenta paella. Tampoco cumplen horarios, pero su festejo se asemeja más al de la antigua usanza. Como mandan los cánones y en un idílico paisaje natural una frase se hace eco en la playa, cuando una nueva pareja se acaba de sumar a la Cincogema: "A dinar sí que arribau, però a sopar no us ho puc assegurar".


Las mochilas del alcohol


.A simple vista un adolescente en moto con mochila no es una imagen atípica. Pero a sus espaldas guardan recelosos un arsenal de botellas de alcohol. Las bandoleras repletas de whisky, ginebra o vodka es una moda cada vez más extendida entre los más jóvenes. Ante este hecho, según fuentes policiales, se procede a decomisar el cargamento a los menores de 16 años. Actuaciones así no son de extrañar cuando en los últimos meses Ciutadella registra un aumento de vandalismo juvenil localizado sobre todo en el Castell de Sant Nicolau o el centro de la ciudad. Los efectos del "botellón" implican luego el destrozo de mobiliario urbano como los que se han sucedido esta Cincogema en Santandria, Cala en Bosc o Cala Blanca, donde un bar ha amanecido con los cristales rotos. Por estas fechas, además de las sanciones a los conductores por superar los límites permitidos de alcoholemia los 11 efectivos de la Policía Local que se desplegaron el fin de semana se encuentran con casos de menores en estado etílico por los que tienen que dar aviso a sus padres.


Titular siguiente: Coctelería saludable para transmitir a la generación del "botellón"

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