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Jaque
Todo mezclado
en un tiempo revuelto

Tirso Pons
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Puede parecer inoportuno discurrir sobre la manifestación del pasado sábado, convocada por el Partido Popular, que tuvo lugar en Madrid. Lo escrito por periodistas, comentaristas, oficinas de prensa de partidos políticos, de algunas instituciones y de personal adicto a las obras ha dejado claro lo sucedido y espesa la posibilidad de llegar a políticas comunes en lo concerniente a la solución de los llamados problemas de Estado, que no son otros que los que nos afectan a todos.Dejo los aspectos jurídicos, policiales, de prisiones, porque si los expertos difieren, figúrense el hermano lego. No quiero decir que no tenga mi opinión. Igual que todo hijo de vecino, estoy a favor de unos y no de otros. Lo que merece atención son los aspectos novedosos que ha tomado la oposición para manifestar su desacuerdo con la política antiterrorista del Gobierno. La utilización de la calle como escenario después de haber organizado la gran bronca en el Senado. La descalificación de cualquier representante del Gobierno llegando hasta el insulto. El discurso sobre una supuesta ruptura de la unidad de España. Esta última suposición recibe la convocatoria de otra manifestación en Pamplona, convocada por el PP pero abierta a todo el mundo. Faltaría más. Y todo mezclado en un tiempo revuelto por la inminente convocatoria de elecciones autonómicas y locales. Utilizar la calle para manifestar la disconformidad de uno o más de uno es lícito y puede ser hasta ejemplar. Que el principal partido de la oposición utilice la calle como instrumento de presión para debilitar al que está en el gobierno es, cuando menos peligroso. El correcto funcionamiento de una democracia parlamentaria, como la nuestra, prevé la confrontación de los portavoces de los partidos en el aula correspondiente, sea el Congreso de los Diputados, sea el Senado y para mayor abundamiento pongamos parlamentos de comunidades autónomas y plenos municipales. La utilización de la trifulca en el parlamento y la manifestación callejera debilita las instituciones cuando es convocada, organizada, pagada y presidida por una fuerza política, por importante que sea. Imaginemos el escenario. Continúan las manifestaciones fijas, discontinuas en el tiempo, hasta que el Gobierno se siente atado y convoca elecciones generales. Si el que gana es la mayoría actual, el desprestigio del PP sería suficiente como para que los mismos afiliados promovieran un recambio brutal que tardaría años en producirse. Si el resultado es el contrario y los llamados populares, por su militancia, ganasen las hipotéticas elecciones quedaría abierto un tiempo donde la utilización de la violencia débil, que supone la manifestación callejera continuada, ocuparía el lugar de las correctas prácticas parlamentarias, base de la democracia y garantia de la libertad. Lo de la descalificación personal y el insulto merece atención especial·la proximidad de las elecciones y la contaminación que creo afecta a nuestros prohombres dará ocasión y justificación al comentario.
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