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Margarita Caules es la autora del
primer libro sobre la platería en Menorca
La isla de los monederos

Presentación. La autora con Joan Carles Grau y Pedro Massa
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Los monederos de malla constituyeron durante un siglo la principal fuente de riqueza junto al calzado.
Concha AlcántaraHubo un tiempo en el que la platería era la principal fuentes de riqueza de Menorca junto al calzado. Más de 3.000 personas, entre las que se contaban hombres, mujeres e incluso niños, llegaron a vivir de esta industria que tenía en los preciados monederos de malla su máxima expresión. Hoy no queda nada de aquella floreciente industria que durante más de un siglo exportó estos valiosos objetos, muy demandados por la alta sociedad del momento, por España y Europa. Su historia, en el olvido durante décadas, ha sido recogida ahora por Margarita Caules en un libro, "Monederos de malla", que saldrá a la venta el próximo mes. "He realizado un trabajo de investigación que espero que pueda ser una referencia en el tema", dice Margarita Caules, que ha invertido los dos últimos años en este proyecto avalado por el Govern balear. El libro consta de dos partes diferenciadas. La primera está dedicada al estudio de la platería en Menorca e incluye 130 fotografías, mientras que la segunda parte es una recopilación de artículos de la autora publicados en el "Menorca". Historia de la industria El primer monedero de malla del que se tiene constancia data del año 1840 y fue realizado en Maó por Puigserver. Eran dos las fábricas más importantes que operaban en la Isla, la de Gomila-Riudavets y la Casa Coda. Desde 1840 a 1925 la producción y la demanda fue creciendo paulatinamente, siendo el periodo que va de 1900 a 1925 el de mayor fabricación de monederos. En 1919, uno de los años de mayor producción, se fabricaron 600.000 monederos que costaban una media de 12,50 pesetas. En aquella época una mujer que trabajara en el sector cobraba casi esa cantidad por una semana de trabajo (12 pesetas), mientras que los hombres recibían 42 pesetas. El trabajo era minucioso y requería una gran habilidad, ya que se realizaban a mano, por lo que también se utilizaban muchos niños. "Los monederos realizados con máquinas eran muy diferentes. No se conseguía la minuciosidad de los que se hacían a mano", explica Caules. El sino de la industria cambió drásticamente a partir de la crisis mundial de 1929. La producción entró en una situación de declive de la que no se recuperó y la Guerra Civil y la II Guerra Mundial contribuyeron en gran medida a la desaparición completa de la industria en la Isla. Caules ha descubierto que eran muchas las personas que llegaron a trabajar en el sector, más de 3.000, entre las que se encontraban familias enteras. Hoy, no queda nadie que se acuerde de aquella labor.
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