José María Pons MuñozTener en Menorca un museo de la categoría de la que puede disfrutarse en Binissués, prestigia local, nacional e internacionalmente la cultura menorquina, y por ende a las autoridades locales, a las que, entre otras cosas, les incumbe apoyar y hacer cada vez más cercano ese irrenunciable factor de la cultura a la ciudadanía, más aún cuando, colateralmente, este museo es una excelente carta de presentación para la industria turística.
El Museo de Ciencias Naturales de Binissués alberga en su amplia pluralidad, una colección entomológica tan completa, científicamente ordenada y tan bien presentada, que por sí misma puede satisfacer hasta llegar al asombro al visitante más exigente, incluso a quienes no sientan especial curiosidad dentro de la zoología por esa rama tan peculiar del fascinante mundo de los insectos. Sepan, no obstante, que si ese diminuto y frágil mundo animal no existiera, no habría vida sobre la faz de nuestro planeta. Así de exigente y maravilloso es el engranaje de las especies. Bien, pues, en las instalaciones del museo de los hermanos Carreras de Ferreries, puede admirarse una amplia representación de insectos de todo el mundo. Su colección de escarabajos (coleópteros) y mariposas (lepidópteros) es una de las más completas de cuantas tengo vistas, y puedo presumir de haber visto lo mejorcito de lo que pueda hoy día verse. Para que se tenga una idea que aproxime al lector a lo que estoy diciendo, doscientas nuevas vitrinas, he dicho bien, doscientas, han sido necesarias para acoger la ampliación de escarabajos y mariposas. Un volumen que pondría en serias dificultades comparativas a los más prestigiosos museos. Todo ese esfuerzo económico corre a cargo de los hermanos Carreras. Un esfuerzo encomiable, que debe ser socorrido por las autoridades locales, Consell Insular, Ayuntamiento, Turismo, etc. Aparte, las organizaciones culturales y la comunidad científica debería de tener un público reconocimiento con los hermanos Carreras. En lo que a mí respecta, desde el espacio que se me concede en las páginas de este periódico, me encontrarán siempre dispuesto para recoger aquellas novedades cuando se den, que sean de interés público, de este singular, y por tantas razones, magnífico museo.
El trabajo de los creadores del Museo de Ciencias Naturales de Binissués va parejo a sus derramas económicas. De hecho, han conseguido incrementar los valiosos especímenes de la entomología menorquina con varios ejemplares jamás citados por ningún entomólogo. Se trata de nuevas especies, con lo que tienen el derecho universal de ponerles nombre y apellido. Quiero hacer énfasis en lo que significa el descubrimiento de especies nuevas. Catalogar especies nunca mostradas, y por tanto no citadas en documentos de divulgación científica, es en sí mismo un hito memorable. Ya sólo por esa razón, los hermanos Carreras de Ferreries son, desde hace tiempo, con justicia, merecedores de un público reconocimiento. Y bueno sería que ese reconocimiento empezara por el Excelentísimo Ayuntamiento de Ferreries, aunque ya sé que "en casa del herrero, cuchillo de palo". Cuánto me gustaría equivocarme.
Me imagino a Juan y a Miguel Carreras, con su alma de entomólogos, por barrancos y cárcavas, en las umbrías del sotobosque o en los prados forrajeros de Menorca, escudriñándolo todo en busca de ese insecto que venga a complementar una de sus vitrinas de insectos menorquines. En ese momento en que el corazón se acelera porque su ilustrado instinto de entomólogos les ha puesto en guardia ante un extraño ejemplar que no tenían registrado en el archivo de sus retinas, eso requiere una memoria trabajada, bien entrenada, ya que en su colección figuran, perfectamente catalogadas, ordenadas y estudiadas, todas las mariposas de Menorca que hasta la fecha ha citado la entomología balear. Algo especial deben tener estos dos hermanos de Ferreries para darse cuenta que están ante una especie nueva jamás citada, y que en consecuencia, no figura en ninguna publicación. Quizás ni ellos mismos se dan cuenta del alcance científico de sus hallazgos, ni de la exclusividad que le confieren a su museo por contar en sus vitrinas con ejemplares de nuevas especies que sólo pueden verse, a lo largo y a lo ancho de los museos de todo el mundo, en el de Binissués.
Para mí, que llevo años moviéndome muy a gusto en plena naturaleza, y tengo la suerte de tener contactos con otros estudiosos y aficionados afines, como son ornitólogos, fotógrafos de fauna salvaje, etólogos, o directores de zoológicos, como mi buen amigo el director del Zoo de Cangas de Onís, tengo claro el valor que para la ciencia tiene el descubrimiento de una nueva especie. De momento, los coleccionistas de mariposas estarán boquiabiertos. Sólo faltaría que, además, esas nuevas especies fueran endémicas. Ya saben ustedes que el endemismo le confiere a una especie un valor especial, toda vez que sólo vive en una zona concreta, lo que la hace particularmente valiosa, pero desgraciadamente también muy frágil.
Me gustaría saber expresar el alcance en interés científico que tiene este museo de Binissués, particularmente para los estudiantes. Y sé lo que me digo cuando, personalmente, estoy muy agradecido a los buenos museos. Me acuerdo de los días inolvidables que pasé en el Museo de Ciencias naturales de Madrid, estudiando los huevos de las aves; en el Museo de Sant Jaume d'Enveja (Tarragona); el Museo Ornitològic Parc Natural del Delta de l'Ebre; y el Museo de Historia Natural de Londres (en Cromwell Road), cuando preparaba la documentación sobre mi libro de las aves. De manera que el material didáctico de algunos museos es una verdadera cátedra abierta para la cultura. Y este museo de los hermanos Carreras, en su pluralidad, tiene una oferta que abarca varias ramas científicas, con la ventaja de contar con una documentación adicional fácil y asequible, para que todos sus visitantes puedan pasar una jornada inolvidable. En este punto puedo decirles, que en cada vitrina sólo encontrarán una sola familia de insectos, y no un totum revolotum, que no hay forma de aclarase, como he podido ver en algún museo descuidado de cariño y afición. La fecha y lugar de la captura, datos que son de agradecer, más una explicación del ciclo vital, crisálidas y orugas con un soporte gráfico de fotografías.
Volviendo a la pluralidad de la oferta de este estupendo museo, no quiero dejar de hacer una referencia explícita a la ampliación de la colección "las setas de Menorca", con 400 nuevos ejemplares. De manera que ya pasa del millar de ejemplares, con 225 especies diferentes. Un verdadero regalo para aficionados a ir a la "marina" a recoger setas, y una bendición para micólogos. Quien guste de esta actividad de salir al campo a buscar setas y hongos, o sienta pasión por la micogastronomía, le garantizo que pasará en este museo una jornada aprovechada, porque podrá ver todas las especies de Menorca en una sola visita, y seguramente verá algún ejemplar que jamás ha visto, ni sabía que en Menorca existiera. En cualquier caso, sea usted aficionado a la micología o a la entomología, o a ninguna de estas cosas, si decide visitar este museo, me lo agradecerá, porque estoy cierto que en sus instalaciones encontrará motivos para pasárselo muy bien. Y si tiene hijos llévelos con usted, los llevará a una excursión didáctica por la naturaleza inolvidable, se lo aseguro.