María Meza corre junto a sus hijas junto a la frontera entre México y Estados Unidos tras ser disparados gases lacrimógenos contra la caravana de migrantes en Tijuana. | KIM KYUNG-HOON

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Después de casi dos semanas de documentar el desgarrador viaje de una caravana de migrantes, en su mayoría centroamericanos, que se dirigía hacia la frontera entre México y Estados Unidos, capturé una foto que nunca olvidaré.

En la imagen, captada el domingo, se puede ver a la madre hondureña María Meza agarrando los pequeños brazos de sus dos hijas gemelas Cheili y Saira, de cinco años de edad, mientras huyen frenéticamente de una bomba lacrimógena.

A Cheili se la ve en pañales, Saira descalza, mientras que su madre lleva una camiseta que muestra a las hermanas del éxito de Disney «Frozen», una película que he visto muchas veces con mi propia hija.

Otra hija de Meza, Jamie, está detrás de su madre en la foto, también huyendo del gas que se aproxima. De acuerdo con sus documentos hondureños, Meza tiene 40 años de edad y su hija 12.

En los momentos frenéticos después de que los botes golpearan el suelo, el olor a acre estaba por todas partes y pude ver a las niñas llorando, con los ojos irritados por el gas.

«Ahí tenía miedo y al mismo tiempo pensé yo que me iba a morir con ellas», dijo Meza a mis colegas de Reuters un día después del episodio, y añadió que estaba sorprendida de que los agentes de la frontera de Estados Unidos dispararan latas de gas cerca de mujeres y niños.

El Gobierno de Estados Unidos dijo que los funcionarios de aduanas habían disparado los gases lacrimógenos después de que un grupo de migrantes intentara cruzar la frontera violentamente, arrojándoles proyectiles.

No vi quién disparó el gas, pero oí el sonido que venía de la dirección de la valla y empecé a correr también.

Fue uno de los primeros de varios recipientes de gas lacrimógeno que vi usar. En ese momento, no había visto a ninguno de los migrantes tirar proyectiles, pero es una zona grande y las cosas estaban sucediendo en diferentes lugares. No puedo decir qué lado tiene razón y cuál no. Sólo tomé una foto de lo que vi en ese momento y en ese lugar.

Algunos usuarios de redes sociales han considerado la foto como una «puesta en escena», lo que no es en absoluto. En Reuters tenemos estrictos normas fotográficas: no se nos permite engañar al espectador haciendo alteraciones materiales o escenificando escenas.

Reuters tiene como valores fundamentales la independencia, la ausencia de prejuicios y la precisión y me enorgullece defender esos valores.

La familia de Meza llegó al cruce fronterizo de El Chaparral, que se extiende entre la ciudad mexicana de Tijuana y San Diego, en el lado estadounidense, después de dejar su hogar en la violenta ciudad hondureña San Pedro Sula, hace dos meses.

El incidente del domingo ocurrió después de que un grupo de migrantes en Tijuana se precipitó en una valla de la frontera. Justo antes de que el gas lacrimógeno fuera disparado, había seguido a algunos de los migrantes cuando se acercaban a una sección de la valla fronteriza recientemente reforzada con cuchillas. Los agentes fronterizos de Estados Unidos miraban con cautela al grupo desde el otro lado.

Meza y sus hijas dijeron que ya habían pasado una semana en un refugio en Tijuana, y que probablemente tendrían que esperar mucho más tiempo para tener la oportunidad de defender su caso.

La madre dijo que espera que se le conceda asilo en Estados Unidos debido al crimen desenfrenado en su país y que, si tiene éxito, viajará a Luisiana donde vive el padre de las niñas.