Ángel González heredó de su padre Basilio este Renault 4, furgoneta de 1974 que ha restaurado a lo largo de seis años para luego dejárselo a su hijo

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Angel González cuida con esmero este Renault 4 furgoneta de 1974 que perteneció a su padre y que siempre ha estado en la familia. Ángel, uno de esos tanto inmigrantes de Castilla La Mancha que dejó su pequeño pueblo de Albatana para abrirse un porvenir en Mallorca, nos cuenta que el vehículo lo compró su padre Basilio, en 1974, para poder ir al campo a realizar las labores necesarias. Recuerda que fue todo un avance en aquella época donde los vehículos ya tenían una importante presencia en las labores del campo. Ángel recordaba con cariño sus primeros paseos en el coche acompañando a su padres de un lado a otro hasta que decidió viajar a Mallorca en busca de una vida mejor. Muchos de sus recuerdos del pueblo tienen relación con el coche. Su padre le dejaba conducir por caminos donde no había ningún peligro de sufrir un accidente. Para él era toda una aventura y reconoce que siendo adolescente ya sabía conducir.

Hace unos 20 años la familia se trasladó por completo a Mallorca y lógicamente su padre se trajo el coche, que lo utilizó hasta que dejó de conducir. Y fue entonces cuando Ángel, conductor de autobuses, decidió quedarse con él y proceder a su restauración. El trabajo realizado fue importante, ya que lo desmontó por completo y procedió a restaurar todo lo que era necesario. Nos comenta que dejarlo como está ahora le llevó entre cinco y seis años, ya que él no es mecánico y tuvo que ir restaurándolo por etapas. Aunque reconoce que no escatimó esfuerzos para dotarlo de todas las piezas originales, nos cuenta que el mayor obstáculo que tuvo fue encontrar un capó original. Estuvo buscando hasta que encontró uno en Jaén. Bueno, en realidad tuvo que comprar todo el coche para luego poder utilizar sólo la tapa del capó.

RECUERDO FAMILIAR
Ahora disfruta de él, aunque no todo lo que quisiera, pues el trabajo no le deja mucho tiempo. Aún así procura sacarlo a rodar cada quince o veinte días para que todas las piezas tengan el rodaje necesario para su buen funcionamiento.

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Nuestro interlocutor no se considera un coleccionista, ya que él mismo asegura que no tiene los medios económicos para poder tener una colección de clásicos, máxime cuando sus nociones de mecánica son limitadas. Ha restaurado este coche porque quería conservarlo por ser de su padre y espera algún día poder dejárselo a sus hijos. A lo largo de su vida ha tenido un 600, un 800 y una Siata de siete plazas que se hizo popular en los setenta, aunque no se vendieron gran cantidad de unidades. Nos reconocía que ahora le gustaría tener aquel Siata, pero eran otras circunstancias y no tuvo más remedio que deshacerse de ella: era un vehículo peculiar con grandes prestaciones, sobre todo de capacidad.

Ahora su objetivo es conservar la furgoneta de su padre lo mejor posible, disfrutar de ella mientras pueda y luego poder dejársela algún día a su hijo, que ya muestra un gran interés por el coche, y quiere mantenerlo en la tercera generación de la familia.

El cuanto al vehículo, era una versión del mítico R-4 que estuvo en fabricación hasta 1991 y tuvo múltiples aplicaciones, hasta que fue sustituido por la Renault Express.