Tragedia aérea en los Alpes

La policía halla una «pista significativa» que aclararía los motivos de la tragedia

| Berlín |

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Policías alemanes, extraen material recogido en la case de los padres del copiloto en Montabaur.

Policías alemanes, extraen material recogido en la case de los padres del copiloto en Montabaur.

KAI PFAFFENBACH

La policía que investiga el caso del avión estrellado el pasado martes en los Alpes franceses ha hallado una «pista significativa» que podría explicar la tragedia, según ha revelado un portavoz de la policía al diario británico 'The Daily Mail'.

De momento, no se ha revelado en qué consiste esta prueba, aunque fuentes policiales han aclarado que no se trata de una nota de suicidio. Según cuenta el rotativo británico, Andreas Lubitz podría estar pasando por una «crisis personal».

La Policía registró este jueves su vivienda por orden de la Fiscalía con el fin de encontrar alguna prueba que pueda explicar lo que hizo. Vivía entre Düsseldorf, capital del vecino estado de Renania del Norte-Westfalia, y la casa de sus padres en Montabaur, que también ha sido registrada por la Policía.

Andreas Lubitz, que de forma voluntaria estrelló el martes en los Alpes franceses el avión de Germanwings con otras 149 personas a bordo, era un joven de 28 años con una vida en apariencia normal y que trabajaba para la aerolínea desde 2013.

Según las primeras informaciones hechas públicas por la Fiscalía francesa a partir de las grabaciones de voz registradas en la primera «caja negra» recuperada del avión, el copiloto accionó el sistema de descenso del aparato estando solo en la cabina y no abrió la puerta al piloto, que había salido un momento e intentó sin éxito regresar.

El joven nació en la pequeña localidad de Montabaur, de apenas 12.500 habitantes, en el estado federado de Renania-Palatinado.

Apto

Andreas Lubitz se había formado para ser piloto en el centro que tiene Lufthansa en Bremen y, según informó el presidente de la aerolínea alemana, Carsten Spohr, hace seis años y durante varios meses interrumpió su formación, algo que no es infrecuente. «Era cien por cien apto para el vuelo, sin ningún tipo de peculiaridad», aseguró.

Pero fue ese parón de meses el que suscitó las mayores especulaciones sobre una eventual depresión u otro problema psicológico, que ninguna fuente confirmó.

Varios de sus compañeros en el club aéreo de Montabaur consultados por los medios locales describieron a Lubitz como «un joven muy amable», «divertido y a veces quizás un poco tranquilo», sin ninguna particularidad especial o característica llamativa.

El copiloto había comenzado a trabajar para Germanwings en septiembre de 2013, cumpliendo su sueño de pilotar un Airbus y tenía una experiencia de 630 horas de vuelo.

Había pasado todas las revisiones exigidas en Lufthansa y también los controles de seguridad rutinarios que realizan las autoridades de control aéreo de Renania del Norte-Westfalia a los trabajadores de las aerolíneas con base en el estado y de los aeropuertos de la región.

Según fuentes de la Gobierno municipal de Düsseldorf, había superado sin novedades esas pruebas por vez primera en 2008, por segunda vez en 2010, y en enero pasado se certificó de nuevo que no está implicado en asuntos penales o vinculados con extremismos.

Apenas ningún vecino atendió este jueves a las cámaras de televisión que se arremolinaron en las cercanías de su casa de Düsseldorf y de la vivienda de sus padres en Montabaur.

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