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España puso fin el pasado mes de mayo a casi dos décadas de presencia en Afganistán: 19 años y cuatro meses para ser exactos. Tras la reciente entrada de los talibán en Kabul, es inevitable echar la vista atrás y hacer de nuevo balance de una operación, la mayor y sin duda la más exigente de las Fuerzas Armadas en el exterior. En ella participaron 27.100 militares y perdieron la vida 102 hombres y mujeres.

Los soldados españoles llevaron a cabo más de 28.000 largas patrullas por la ruta Lithium, recorrieron unos tres millones de kilómetros, efectuaron 1.400 misiones de desactivación de explosivos y adiestraron a más de 13.000 militares afganos.

Durante todos estos años, España también se implicó activamente en la reconstrucción del país. A través de diferentes agencias y departamentos, los Gobiernos de diferente signo político financiaron la construcción de todo tipo de infraestructuras (carreteras, hospitales, escuelas o aeropuertos...) y colaboraron en infinidad de iniciativas para el desarrollo de Afganistán.

Según las estimaciones, el despliegue militar costó unos 3.500 millones de euros a lo que hay que sumar otros 500 millones destinados a programas de cooperación.

Los últimos de Afganistán aterrizaron el 13 de mayo de este 2021 en la base aérea de Torrejón (Madrid). Eran 24 militares –efectivos de operaciones especiales- y dos intérpretes locales de la misión Resolute Support, que fueron recibidos en un acto presidido por el rey Felipe VI.

La retirada del país se produjo en coordinación con el resto de la coalición internacional, liderada por Estados Unidos, y en un momento en el que los talibanes ya comenzaban a ganar terreno al débil estado afgano construido con el apoyo occidental durante los últimos años. En ese momento, pocos aventuraban que a mediados de agosto Afganistán sería de nuevo un emirato en manos del grupo fundamentalistas.

Veinte años atrás, en enero de 2002, el primer contingente de 350 militares llegó al país centroasiático, tras los atentados de 11-S. España formó parte de tres misiones distintas: Libertad Duradera, ISAF (Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad) y Resolute Support (Apoyo Decisivo), las dos últimas bajo el mando de la OTAN.

En la misión de la ISAF, entre 2002 y 2014, las Fuerzas Armadas contribuyeron con diferentes capacidades y la intervención de los dos ejércitos y la Armada con el cometido de asistir al gobierno provisional afgano en el mantenimiento de la seguridad.

El Ejército de Tierra fue responsable, entre otras capacidades, del Equipo de Reconstrucción Provincial de la provincia de Badghis, con capital en Qala-i-Naw, integrado por efectivos militares y también civiles, a través de la Agencia Española para la Cooperación Internacional y el Desarrollo (Aecid).

La Armada desplegó Equipos Tácticos de Control Aéreo (TACP) y Equipos de Mentorización y Enlace (OMLT), mientras el Ejército del Aire asumió el mando de la base aérea avanzada de Herat, además se hizo cargo de la Unidad Médica de Apoyo al Despliegue.

Por su parte, la Guardia Civil, a través de diferentes contingentes, también contribuyó a mejorar y normalizar el funcionamiento de la policía afgana. Hasta 1.500 militares españoles estuvieron desplegados sobre el terreno en el momento de mayor despliegue.

En 2015, la nueva misión de la OTAN Resolute Support puso el foco en el adiestramiento, asesoramiento y mentorización en apoyo a las instituciones de seguridad afganas y sus Fuerzas de Seguridad y Defensa.

España abandonó entonces la base aérea Herat, dos años antes ya había transferido a la de Qala-i-Naw y retiró el grueso de sus efectivos. La aportación española descendió significativamente y quedó reducida al final al despliegue de fuerza de operaciones especiales -en torno a 50 o 60 efectivos-, última unidad en dejar Afganistán.

Durante 20 años en el país, perdieron la vida 102 hombres y mujeres: 96 militares, 2 guardias civiles, 2 policías nacionales y dos intérpretes han perdido la vida en defensa de la paz y la seguridad en el mundo.

Toda una generación de militares españoles, desde tropa, hasta suboficiales y oficiales, se curtió en las áridas tierras de las provincias de Herat y Badghis. Muchos continúan hoy en activo.

Por poner algunos ejemplos, el actual Segundo Jefe del Estado Mayor del Ejército (Sejeme), teniente general Miguel Martín Bernardi, fue jefe de la fuerza española y del Equipo de Reconstrucción Provincial de Qala-i-Naw y el general de brigada Miguel Ivorra Ruiz del Ejército del Aire, actualmente en el gabinete de la secretaria de Estado, estuvo al frente del último destacamento de la Fuerza Aérea en el aeródromo de Qala-i-Naw.

España invirtió en grandes proyectos tanto militares como civiles. En Herat, los militares trabajaron en la ampliación del aeropuerto internacional, ubicado junto a la base de apoyo avanzado, convirtiéndose en uno de los aeródromos más importantes del país.

En Qala-i-Naw, las Fuerzas Armadas construyeron una nueva base militar, inaugurada en 2010, para acoger a un batallón afgano. Solo este último acuartelamiento costó unos 14,5 millones de euros.

También destacan en otras iniciativas la adecuación de infraestructuras de primera necesidad para llevar la luz y el agua a los hogares afganos o los proyectos de cooperación para levantar escuelas y hospitales.

En total, España destinó entre 2001 y 2014 más de 500 millones de euros para el desarrollo sobre todo de las provincias de Bagdhis y Herat, según recoge el investigador principal en materia de Seguridad y Defensa del Real Instituto Elcano, Félix Arteaga, en su artículo España en Afganistán: recomendaciones para revisar la estrategia de transición.