Tres de cada cuatro productos y servicios incluidos en la cesta de la compra diseñada para calcular el IPC aumentaron de precio en 2021 respecto al ejercicio anterior, con la electricidad y los combustibles como líderes de las subidas. | Twitter: @EFEnoticias

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Tres de cada cuatro productos y servicios incluidos en la cesta de la compra diseñada para calcular el IPC aumentaron de precio en 2021 respecto al ejercicio anterior, con la electricidad y los combustibles como líderes de las subidas y el sector turístico y la telefonía móvil a la cabeza de las bajadas. Así se desprende del análisis de los datos pormenorizados publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre la inflación media del año, que se situó finalmente en el 3,1 %, su valor más alto en la última década. El citado indicador no superaba esa cifra desde 2011 (3,2 %), cuando España todavía se encontraba inmersa en la crisis financiera.

La tasa media del IPC general se moderó a partir de entonces: en 2012 los precios crecieron un 2,4 %, durante el 2013 repuntaron un 1,4 % y posteriormente encadenaron tres años consecutivos en negativo (bajaron entre un 0,2 y un 0,5 %). En 2017 volvieron al terreno positivo con una subida del 2 %, aumentaron un 1,7 % en 2018 y otro 0,7 % en 2019, para en 2020 anotarse una caída del 0,3 % en un ejercicio marcado por el impacto de la pandemia de la COVID-19. De las 221 subclases en que se estructura el IPC -que a su vez engloban un total de 479 artículos-, en 165 se registraron incrementos de precio en comparación con 2020, es decir, un 75 % del total. La electricidad tiró hacia arriba los precios con un alza media del 35,6 %, un factor clave con un gran efecto multiplicador debido a que provocó un incremento generalizado del recibo de la luz no sólo en los hogares, sino también en las empresas.

Esto incrementó a su vez los costes de producción de las compañías, y algunas ya los trasladaron a sus precios de venta al público, aunque la mayoría de analistas consideran que todavía hay sectores que están resistiendo sin elevarlos aun a costa de reducir su margen de beneficio. También contribuyó a esa espiral alcista el encarecimiento de la gasolina y el gasóleo (16,7 y 15,4 % de media, respectivamente), con impacto por ejemplo en el transporte por carretera. Los aceites comestibles sin incluir el de oliva (26,9 %), los combustibles líquidos (26,5 %), los hidrocarburos licuados como el butano o el propano (14,9 %), el aceite de oliva (13,6 %) y los refrescos (10,1 %) completan la lista de productos y servicios con aumentos de precio a doble dígito.

En el lado contrario, 7 subclases vieron cómo su IPC se mantenía intacto respecto a 2020 y otras 49 registraron bajadas, aunque mayormente de menor intensidad que las subidas; de hecho, no hubo caídas a doble dígito. Entre las categorías que más redujeron su precio se situaron los equipos y servicios de telefonía móvil, con un retroceso del 8 y del 4,3 %, respectivamente, así como los ordenadores personales (-5,1 %). Por las dificultades que atravesó el turismo se explican las bajadas de precio de los vuelos internacionales (-7,5 %) y los nacionales (-4,5 %), así como de los paquetes turísticos internacionales (-5 %) y los hoteles, hostales, pensiones y demás alojamientos (-4,2 %). También están relacionadas las restricciones de movilidad con que se abarataran el pasado año los automóviles de segunda mano (-4,6 %) y los peajes, aparcamientos públicos y parquímetros (-7,3 %).

La tasa de inflación media de 2021 ha sido utilizada por los sindicatos UGT y CCOO para justificar su petición de que hace falta incluir subidas salariales en los convenios laborales cuanto antes con el objetivo de compensar la pérdida de capacidad adquisitiva de los asalariados. Su argumento se basa en que los convenios con efectos económicos en 2021 recogieron de media un incremento de los sueldos del 1,5 %, menos de la mitad del repunte medio de la inflación (3,1 %). El mismo indicador también es usado por la patronal CEOE para insistir en que no es el momento de repercutir todo el IPC en los salarios, ya que la media anual se situó muy lejos del dato interanual registrado en diciembre (6,5 %, la mayor tasa en 30 años) y confían en una desaceleración a lo largo de 2022. No obstante, algunas entidades como el Banco de España o la Fundación de Cajas de Ahorro (Funcas) ya proyectan altas tasas de IPC también para el actual ejercicio, y pronostican una inflación media del entorno del 3,7 %, seis décimas superior a la del pasado año.