Moscú no figuraba en la nómina de capitales extranjeras donde la Generalitat abrió sus llamadas embajadas. Imagen de archivo del expresidente Carles Puigdemont. | Efe

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De la guerra de Ucrania a las trifulcas intestinas en los distintos sectores del independentismo catalán. En las últimas horas el nombre del representante de Esquerra en Madrid, Gabriel Rufián, acapara menciones por unas polémicas palabras referidas a los supuestos contactos del entorno más próximo del expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, con la Rusia de Vladímir Putin.

De forma más o menos genérica se afirma que de un modo u otro la administración rusa ha apoyado en los últimos tiempos movimientos e ideas políticas que buscan crear confrontación y resquebrajar la unidad constitucional de los Estados europeos para crear un clima favorable a sus intereses. En este contexto apareció hace unos días un reportaje en el prestigioso The New York Times que señaló que el jefe de la oficina del expresident Puigdemont, Josep Lluís Alay, exploró en su día el apoyo de Rusia al procés independentista catalán.

A pesar de esta información, Moscú no figuraba en la nómina de capitales extranjeras donde la Generalitat abrió sus llamadas embajadas, delegaciones en el exterior del gobierno autonómico con el objetivo de internacionalizar la cuestión catalana y obtener apoyos a su causa. Según los periodistas norteamericanos, Alay habría mantenido en el pasado encuentros con funcionarios rusos, exagentes de inteligencia e incluso el nieto de un espía de la KGB, el servicio secreto soviético que fue cuna del propio Putin. ¿Peligrosas amistades para los tiempos convulsos que corren?

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Es en este marco en el cual Rufián calificó a Alay y sus colaboradores como «señoritos que se paseaban por Europa reuniéndose con la gente equivocada, porque así durante un rato se creían que eran James Bond. No nos representan. Y me estoy conteniendo, porque es de una frivolidad terrible» denunció el portavoz de los republicanos este pasado martes en la cámara baja.

La reacción por parte del partido de Puigdemont ante estas apreciaciones no se hizo esperar y fue furibunda. Incluso voces dentro de los anticapitalistas de la CUP lamentaron la actitud de Rufián. Alguien de esta esfera usó el término «bocachancla» en su contra. Hoy el portavoz de Esquerra en el Congreso matiza lo dicho y fuentes del partido le apoyan. En primer lugar, el diputado catalán en el Congreso ha pedido «disculpas» por si su «contundencia molestó a según quién», pero ha justificado su «vehemencia» en que el independentismo se juega su «credibilidad» y «de ninguna manera debe alinearse» con el gobierno ruso de Vladímir Putin.

Las duras críticas de Rufián a los contactos del entorno del expresidente Puigdemont con Rusia desataron una considerable crisis con JxCat, que exigió una «rectificación urgente» y tildó al portavoz republicano de «miserable». Palabras gruesas para un socio de gobierno con quien la relación se antoja algo más que desgastada. En unas breves declaraciones difundidas por su partido este miércoles, Rufián ha pedido disculpas por el tono «vehemente y contundente» con el que se manifestó, recalcando una y otra vez la distancia a años luz que separa a un personaje siniestro como Putin del movimiento soberanista, eminentemente democrático tal y como ha demostrado a lo largo de su trayectoria.

El dirigente independentista ha recordado que el «alineamiento, apoyo y política internacional y diplomática» del independentismo en Cataluña «debe ser siempre con las democracias occidentales». A su juicio, «debe quedar claro: de ninguna manera nos tenemos que vincular con el Kremlin, y menos ahora», ha advertido, y ha añadido: «Creo que todo esto exigía una vehemencia que ayer expresamos, que pido disculpas si molestó a según quien». «Pido disculpas, pero nuestra relación siempre debe ser con las democracias occidentales», ha recalcado Rufián, cuyas palabras en esta ocasión han ido en la línea del argumentario habitual de los republicanos sobre la supuesta relación del entorno de Puigdemont con Rusia.