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La inflación ha pasado como un vendaval por los bolsillos de las familias. La vida es hoy un 16% más cara que hace solo tres años y de llenar el carro de la compra mejor ni hablar: los alimentos han disparado su precio un 30% en ese mismo periodo. El repunte más fuerte en el coste de la vida en los últimos 40 años ha dejado tras de sí una paradoja. Nos gastamos más dinero que nunca en hacer la compra, pero, al mismo tiempo, el consumo de alimentos está en mínimos históricos.

¿Cómo es esto posible? El INE muestra que los hogares se gastaron, de media, 5.333 euros en alimentos el año pasado. Se trata de la cifra más alta jamás vista y supera en 1.047 euros el desembolso que realizó una familia promedio en 2019. Como es lógico, este mayor esfuerzo tiene que ver con la inflación. Si hacer la compra te cuesta más que antes de la pandemia es normal que gastes más.

Pero para saber si realmente estamos consumiendo más alimentos que antes o el mayor gasto se debe al espejismo inflacionario, hay que borrar los precios de la ecuación (lo que los economistas llaman medir a "precios constantes"). Para hacerlo, imaginemos que el hogar promedio que hizo la compra en 2023 se hubiera encontrado un supermercado con los precios que había en 2006 (la referencia de precios constantes que utiliza el INE en su Encuesta de Presupuestos Familiares).

Con precios de 2006, el hogar promedio se habría dejado 3.343 euros en hacer la misma compra que hizo por 5.333 el año pasado. Para poner esta cifra en contexto, pensemos que las familias que fueron al supermercado en 2006 se dejaron 4.309 euros en hacer la compra con ese mismo nivel de precios (un 29% más que en 2023).

El escenario anterior da una idea de cuál es el consumo verdadero de alimentos que hicieron los hogares el año pasado, ya sin el efecto contaminador de los precios. Y lo que muestran es que nunca fue más bajo que el año pasado, ni siquiera en los peores años de la crisis financiera.

Más gasto en alimentos, pero también en vivienda

La partida de gasto que más ha aumentado desde la pandemia es el consumo alimentario, pero no fue la única ni mucho menos. El desembolso en gastos relacionados con la vivienda (incluidos el alquiler, el agua, la luz, el gas...) se ha disparado en 926 euros anuales de media. También lo ha hecho el gasto en restaurantes y hoteles, en los que la familia promedio se dejó 366 euros más (31 euros más al mes), y en sanidad (195 euros anuales).

Por contra, el presupuesto que destinamos a transporte (110 euros anuales menos); vestido y calzado (98 euros); bebidas alcohólicas y tabaco (43 euros) y comunicaciones (50 euros) se ha reducido en comparación con el escenario prepandemia. En los tres primeros casos el motivo es que el consumo de estos productos ha disminuido, pero en el caso de la categoría de comunicaciones —donde se incluyen productos tecnológicos como los teléfonos móviles— se debe a un abaratamiento de los precios.

Si entramos más en detalle en algunos de los productos donde más se ha elevado el gasto, se observa cómo el desembolso en restaurantes supera en 27 euros mensuales el nivel prepandemia. También nos dejamos 16 euros mensuales más en leche, queso y huevos; 16 más en carne; once más en legumbres y hortalizas; diez más en pan y cereales; siete más en marisco y pescado y siete más en frutas.

En el otro lado del espectro, las familias disminuyen su gasto medio mensual respecto a 2019 en automóviles (19 euros menos al mes); tabaco (seis euros menos); transporte combinado de pasajeros (cinco euros menos); prendas de vestir (cinco euros menos); servicios de telefonía (cinco euros menos); servicio doméstico (tres euros menos), transporte por tren (dos euros menos), calzado (dos euros menos); paquetes turísticos (dos euros menos); y transporte de pasajeros por carretera (dos euros menos).

Más esfuerzo en lo básico

Las fuertes subidas de precios que se han vivido a partir de 2021 ha apretado todavía más el cinturón de los hogares, especialmente de las familias donde llegan menos ingresos. Tanto es así, que el gasto en cubrir las necesidades más básicas (alimentos, y todos los gastos relacionados con la vivienda) supone ya el 48,1% de la renta de un hogar medio en España. Casi tres puntos más que en 2019.

La situación entre los hogares con menos ingresos es más delicada. Así, el 20% de las familias con menos renta del país, dedican ya el 63,5% de su presupuesto a cubrir estas necesidades básicas. La realidad opuesta es la de los hogares más acaudalados. El 20% de las familias que más ingresa dedica el 39,4% de sus ingresos a cubrir estos gastos imprescindibles.