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Apenas entre un 2% y un 3% de la superficie terrestre de la Tierra se encuentra ecológicamente intacta y el resto no lo está debido en gran parte a la huella humana.

Esta es la conclusión de un estudio dirigido por Andrew Plumptre, de la Secretaría de Áreas Clave para la Biodiversidad (KBA, por sus siglas en inglés), una entidad con sede en Cambridge (Reino Unido) e impulsada por 11 de las principales organizaciones ambientales del mundo, entre ellas BirdLife International, Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y WWF.

Hace más de 30 años, las áreas silvestres -zonas naturales que no han sido modificadas considerablemente por los seres humanos- fueron identificadas como prioritarias en las acciones de conservación y protección.

Recientemente ha habido un impulso en definir cómo se mide la naturaleza, con un enfoque relacionado con hábitats intactos. La integridad de los ecosistemas naturales también ha sido reconocida por la Convención de las Naciones Unidas sobre Diversidad biológica como un objetivo importante en el marco mundial de biodiversidad posterior a 2020.

"Sabemos que el hábitat intacto se está perdiendo cada vez", apunta Plumptre, quien añade que el estudio demuestra que “gran parte de lo que consideramos hábitat intacto son especies que han sido cazadas por personas o se han perdido debido a especies invasoras o enfermedades”.

Evaluaciones pasadas se centraron en analizar la influencia humana en hábitats intactos mediante mapas de impacto antropogénico que abarcaban entre un 20% y un 40% de la superficie terrestre del planeta que permanecía libre de grandes perturbaciones humanas debido a asentamientos, carreteras y contaminación lumínica y acústica.

El nuevo estudio, publicado en la revista Frontiers in Forests and Global Change, aporta un enfoque diferente. En lugar de centrarse en el impacto humano, los investigadores se centraron en el Criterio C del Estándar Global para la Identificación de Áreas Clave para la Biodiversidad, elaborado por la UICN.

Ese Criterio C define como comunidad ecológica intacta aquella que tiene una dotación completa de especies conocidas o por conocer en un sitio o ecosistema concreto, relacionada con un referente histórico regionalmente apropiado, que a menudo corresponde a la época preindustrial.

Como punto de referencia, los autores eligieron el año 1500, ya que es la fecha de referencia para evaluar las extinciones de especies dentro de la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN.

Además del hábitat intacto, los investigadores también evaluaron la fauna intacta (es decir, sin pérdida de especies animales) y la integridad funcional de un lugar (esto es, sin pérdida de densidades de animales por debajo de un nivel que afectaría al buen funcionamiento de un ecosistema).

La aplicación de esas tres variables reduce el número de sitios que podrían entrar en el Criterio C de la KBA, ya que solo entre un 2% y un 3% de la superficie terrestre de la Tierra está funcionalmente intacta, lo que supone 10 veces menos de lo calculado anteriormente. Solo un 11% de esos lugares están protegidos.

Muchas de las áreas identificadas coinciden con los territorios administrados por comunidades indígenas, que desempeñan un papel crucial en su mantenimiento.

"Las áreas identificadas como funcionalmente intactas incluían el este de Siberia y el norte de Canadá para biomas boreales y de tundra, partes de los bosques tropicales de la cuenca del Amazonas y el Congo, y el desierto del Sahara", según los autores.

Sin embargo, hay esperanza porque los autores consideran que hasta un 20% de la superficie terrestre del planeta podría ser restaurada en cuanto a la integridad de fauna mediante reintroducciones de sólo unas pocas especies en un hábitat intacto.

"Los resultados muestran que podría ser posible aumentar las zonas ecológicamente intactas hasta un 20% a través de las reintroducciones específicas de especies que se han perdido en áreas donde el impacto humano sigue siendo bajo, siempre que las amenazas a su supervivencia puedan ser abordadas y las cifras reconstruidas a un nivel donde cumplan con su papel funcional", explica Plumptre.

Este investigador subraya que "se ha demostrado que el hábitat intacto tiene importantes beneficios tanto para la vida silvestre como para las personas y, como resultado, debe ser un objetivo crucial de las negociaciones en curso del marco mundial de diversidad biológica posterior a 2020".