Cómo afrontar una dermatitis atópica en otoño-invierno

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Uno de los motivos más frecuentes en las consultas de dermatología es la dermatitis atópica. Se trata de una afección inflamatoria crónica de la piel que es más habitual durante la infancia, pero que también puede manifestarse en la adolescencia o adultez. "Se caracteriza por piel seca y sensación de picor" y su prevalencia es del 5 al 20% en la población general, detallan desde la Asociación Española de Dermatología y Venereología (AEDV).

Este trastorno crónico puede manifestarse junto con otras patologías como el asma o la rinitis alérgica. En este sentido, la bajada de temperaturas con la llegada del otoño puede ser motivo de preocupación para los pacientes con dermatitis atópica, ya que el frío puede empeorar este trastorno.

Este problema de la piel puede provocar diferente sintomatología dependiendo de cada persona pero, según los especialistas de la Clínica Mayo, los más frecuentes son los siguientes:

  • Sequedad en la piel.
  • Picazón, que se intensifica durante la noche.
  • Manchas rojizas o marrones, sobre todo en manos, pies, muñecas, cuello, párpados o parte interna de codos y rodillas.
  • Protuberancias que incluso pueden supurar.
  • Piel engrosada y escamosa.
  • Heridas, piel en carne viva e inflamada.

La doctora Bibiana Pérez García, especialista en Dermatología del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid, destaca en una entrevista para Infosalus que estos síntomas repercuten directamente en la calidad de vida de los pacientes e incluso pueden derivar en problemas de ansiedad o depresión.

Se trata de una enfermedad en la que las personas experimentan "brotes" o periodos de empeoramiento que se relacionan con factores ambientales y desencadenantes como el estrés.

Por esta razón, la experta en dermatología ofrece una serie de recomendaciones para hacer frente a esta afección durante los meses de otoño e invierno:

  • La hidratación diaria de la piel, sobre todo tras la ducha, es fundamental para prevenir los brotes de dermatitis.
  • Mantener un contacto regular con los profesionales de dermatología para retomar el tratamiento después del verano.
  • Realizar actividades que favorezcan la relajación y mantener una rutina física para prevenir el estrés.
  • Controlar los factores ambientales, como la calefacción o el uso de prendas que al entrar en contacto con la piel puedan irritarla

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