"¿Nos debemos dejar gobernar por la inercia?", por María Frontera

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La palabra inercia deriva del latín inertia y significa “incapacidad, inacción, pereza o desidia”. En el diccionario de la RAE se define como la “propiedad de los cuerpos de no modificar su estado de reposo o movimiento si no es por la acción de una fuerza”.

En los últimos cinco años hemos visto cómo los hoteleros han transformado de forma espectacular sus establecimientos incrementando la calidad de las instalaciones, modificando el perfil de los clientes, teniendo la capacidad de segmentar el producto para lograr combatir la estacionalidad, contribuyendo a dinamizar la economía de las Islas, a aumentar las tasas de empleo y remunerar mejor a sus trabajadores.

Es evidente que los empresarios hoteleros no han permanecido estáticos en absoluto y que su fuerza y empuje les han llevado a alcanzar los hitos que he mencionado anteriormente. La necesidad de posicionarnos mejor, frente a otro tipo de oferta y frente a otros destinos turísticos, hizo que desde la patronal hotelera junto con la administración pública se trabajara en el cambio normativo que ha permitido este reposicionamiento de las Islas Baleares.

Además, se acompañó del apoyo financiero de las entidades bancarias que confiaron en la experiencia, rigor y fiabilidad de una clase empresarial que ha demostrado a lo largo de los años su capacidad para superar crisis y ser punta de lanza de la actividad económica más importante de nuestra comunidad.

¿Quién puede poner en duda los beneficios que ha reportado al tejido económico y social de Baleares esta transformación que aún precisa ser completada? Las cifras hablan por sí mismas, especialmente si se atiende a los datos de empleo. Baleares es una de las comunidades autónomas con uno de los niveles de desempleo más bajos del país, concretamente del 7,1%, por debajo incluso de la media europea.

Se puede decir sin complejo alguno que los empresarios de las Islas son los que crean más empleo y en el caso del sector hotelero, por ende, ha firmado un convenio colectivo que ha sido de los más elevados del país.

En 2017 y lo que llevamos de 2018 conseguimos crecer más cualitativamente que cuantitativamente, el gasto turístico creció en mayor proporción que el número de visitantes. No hubiera sido posible sin ese cambio de rumbo.

Si queremos tener éxito gestionando con eficacia los flujos, debemos disponer de herramientas que posibiliten crecer en valor, que permitan que la experiencia turística de los visitantes se desarrolle satisfactoriamente, sin incidencias, sin congestiones, sin vertidos, sin ausencia de servicios básicos, con eficacia, con profesionalidad, con hospitalidad, con infraestructuras correctamente dimensionales y mantenidas, con cuidado del entorno, con autenticidad...

Con todo ello, ¿puede entenderse de alguna manera que la administración no acompañe en este proceso, completando las fases y aspectos que quedan pendientes? Para nosotros la respuesta es clara y contundente: No.

Por una parte, no todos los empresarios han tenido la misma oportunidad de actualizarse. Quizá por problemas administrativos, retrasos en las licencias o por falta de músculo financiero. Es imperativo que también ellos puedan tener la oportunidad de mejorar su producto y contribuir así de manera positiva y real a la economía local porque podrán seguir siendo empresas rentables y productivas.

En estas últimas semanas hemos repetido hasta la saciedad la necesidad de facilitar a otros agentes de la cadena de valor turístico las herramientas necesarias para que puedan acometer un proceso transformador similar que repercuta igualmente en la mejora de sus resultados y expanda los beneficios entre la sociedad balear.

No solamente es preciso estimular al sector del alojamiento sino al conjunto de actividades relacionadas con el turismo y otras con las que hay que reforzar las interrelaciones.

Otro de los aspectos en los que incidimos incansablemente es en que la administración pública, en cualquiera de sus niveles, no debe ser únicamente un facilitador para que los administrados podamos realizar avances y mejoras, sino que la propia administración debe aplicarse con esmero, realizando los pertinentes análisis, diagnósticos, proyectos, con una adecuada asignación de recursos y aplicando todos estos ingredientes con diligencia para desarrollar planes de actuación que tiendan a elevar, al mismo nivel que lo está haciendo la iniciativa privada, la calidad de los servicios públicos y la imprescindible actualización de las zonas turísticas.

Ni el empresariado ni la propia ciudadanía entienden que no tengamos, con los recursos económicos con los que cuentan nuestras administraciones, unas infraestructuras, servicios y entornos perfectamente cuidados. En demasiadas ocasiones asistimos al despilfarro de fondos púbicos en actuaciones innecesarias, ineficientes o costosas en su posterior mantenimiento. Recursos que, no olvidemos, salen del bolsillo de todos los contribuyentes.

No podemos pensar que vamos a lograr consolidar la tendencia positiva iniciada con el único esfuerzo del sector privado. La administración debe poner en marcha las políticas adecuadas para reconfigurar la oferta turística, políticas transversales que aborden la transformación del sector desde una perspectiva integral.

El turismo debe ser una prioridad para el Gobierno de España y para el ejecutivo autonómico y resto de administraciones locales, cada una en su ámbito competencial, por la influencia que tiene sobre el conjunto de la economía y por su capacidad para generar empleo. Para que esas políticas sean efectivas, necesitamos coordinación y, desde luego, una visión de conjunto que vaya más allá de la puesta en marcha de medidas cortoplacistas poco resolutivas.

La sociedad está cansada, agotada de la desidia, incapacidad e inacción de quienes tienen la responsabilidad de gestionar lo público y de impulsar al tejido empresarial mediante políticas ágiles y eficaces para que mantengan el ciclo de actividad económica que les permitan ser rentables y productivas, para que cumplan también con la función de aportar bienestar y contribución social.

En los próximos meses asistiremos a una suerte de tómbola, en la cual los partidos políticos nos regalarán discursos y promesas en los que cada uno intentará arrimar el ascua a su sardina.

Lo que de verdad necesitamos es que en los temas capitales para nuestra comunidad, y el turismo es uno de ellos, se logre un pacto para que desde la experiencia, voluntad de una verdadera cooperación público-privada, rigor y trabajo conjunto, seamos capaces de no depender de una determinada inercia sino que tengamos la destreza precisa para avanzar y crear prosperidad, teniendo en cuenta variables como la sostenibilidad, diversificación, incorporación de la innovación y la tecnología, mejorar la rentabilidad económica y social, la productividad, creación de más y mejor empleo, formación, potenciar y retener el talento…

Llevamos demasiado tiempo hablando de lo que hay que hacer, pero el tiempo pasa y debemos aprovechar la coyuntura favorable de estos últimos años para dar el impulso necesario que establezca unos cimientos sólidos sobre los que ir construyendo un proyecto consensuado a largo plazo. Un proyecto que nos permita afianzar un modelo de éxito, generador de valor y capaz de resistir los embates que periódicamente amenazan a un sector extremadamente vulnerable.

Somos una fuerza en activo. Hemos demostrado, con palabras y hechos, que en el sector hotelero estamos por la labor: estamos comprometidos y trabajaremos para hacer realidad ese futuro que deseamos para todos.

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