Desorden, caos y racionalidad

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La diversidad y la evolución son consecuencia del desarrollo de la ciencia a través del descubrimiento y la imaginación, factores intrínsecos a su actividad, que no suelen hacerse de espaldas a la sociedad. La propia inventiva de la ciencia, con la complicidad de la imaginación, impone una proliferación que no puede desestimarse para no perder el hilo conductor de la dinámica del conocimiento.

Para poder dominar y abarcar esta necesaria variedad es aconsejable profundizar en el conocimiento de los paradigmas por su importancia tanto en la sistematización clasificatoria, como en su manera de mirar al mundo y diseñar comunidades de pertenencia.

La dialéctica del orden y el caos es un ejemplo de las muchas investigaciones para comprender los procesos en los que la complejidad forma parte de la coexistencia de convergencia y divergencia, estabilidad e inestabilidad, evolución y revolución, inherentes a la propia estructura y naturaleza de las entidades no lineales en las organizaciones y empresas, que los administradores deben aprender a gestionar a pesar de la posibilidad de fracasar y las dificultades a superar debido a la complejidad y dificultad de comprenderlas en su globalidad y su tendencia al caos interno.

Cuando la organización se nos presenta como un sistema económico no lineal cuyas fuerzas nos pueden llevar a una situación de completo desorden, en la que no todo se pueda predecir ni explicar, hay que saber que este caos puede poseer capacidades organizativas que son consecuencia de múltiples interrelaciones que se desarrollan en su interior.

Más allá de estas propiedades los ejecutivos, configuran instrumentos que les permitirán por una parte crear la ilusión de la gestión y de otra obtener áreas de racionalidad y certeza en las cuales se pueda gestionar y decidir, sin que desaparezca la posibilidad de que algunas aportaciones sean fermento de nuevos desórdenes.

En cualquier sistema la complejidad aumenta si queremos manejar las tensiones paradójicas. Se consideran las tensiones organizacionales como choque de ideas, principios o acciones y la incomodidad resultante. Entre ellas se considera el dilema, cuando se trata de un elección entre dos opciones tanto deseables como indeseables; la dialéctica que hace referencia a una situación donde los elementos contradictorios se reúnen al final de un proceso de integración; y la paradoja, que al contrario de lo anterior, implica la presencia simultánea de los elementos contradictorios sobre los que no debe elegirse y se aporta la siguiente clasificación:

1)Paradojas de aprendizaje: aparecen cuando el sistema se ve impulsado a evolucionar o renovar e ir más allá del equilibrio entre pasado y presente.

2)Paradojas de pertenencia, situadas entre el individuo y el colectivo y sobrevienen cuando los actores persiguen a la vez homogeneidad y diferenciación.

3)Paradojas de gestión: son características de los casos en que un mismo objetivo puede obtenerse a través de diferentes canales y aparecen tensiones entre concurrencia o colaboración, o entre autonomía y control.

4)Paradojas de ejecución que derivan de las partes interesadas en sus objetivos especificos. Los sistemas de paradojas abarcan conceptos prometedores para adoptar una perspectiva renovada de la dinámica de las organizaciones. Son inevitables; hay que atenuar sus efectos negativos, sacando el máximo provecho para poder enriquecer la organización, aportando contribuciones que permitan reflexiones de calidad sobre el papel de los útiles de gestión en el manejo de las mismas superando los efectos de resistencia al cambio y aprendiendo a vivir con ellas.

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