¿Crisis en el horizonte?

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Economía

Los economistas consultados prevén nubarrones en la economía.

01-11-2018 | lliteres - EFE

La economía mundial crece menos y la Unión Europea presenta síntomas de debilidad. La posibilidad de un inminente brexit duro, la previsible recesión en Alemania o la guerra comercial desatada por Estados Unidos provocan un horizonte con oscuros nubarrones.

Los economistas consultados no mantienen una postura unánime, aunque ninguno augura bonanza y tranquilidad. Todos coinciden en señalar que, como mínimo, existe una contundente desaceleración en la economía. De hecho, algunos vaticinan la llegada de una crisis, aunque de consecuencias menores que la Gran Recesión.

El más optimista es el director general de Model Econòmic i Ocupació del Govern, Llorenç Pou, que no contempla una crisis en Baleares, al menos a corto o medio plazo: «Tanto el Banco de España como el Ministerio de Economía, en sus predicciones económicas para España en 2020 y 2021, no contemplan una caída del PIB español, sino tasas positivas de crecimiento de su PIB. Esa posibilidad tampoco la contemplamos para Baleares en la Dirección de Modelo Económico y Ocupación con la información disponible actualmente».

Desaceleración económica

En cambio, el resto de economistas que han explicado su punto de vista a El Económico tienen una opinión significativamente diferente. «Sin duda se acerca una nueva crisis», señala el economista y profesor de la UIB Antonio Alcover. En el mismo sentido se pronuncia el economista de Futur Finances Pau Monserrat: «Temo que la crisis esté más cerca de lo que pensamos, y su potencia puede ser sin duda devastadora». «Si no se hacen las reformas estructurales pendientes, estamos abocados a nuevas crisis», señala en el mismo sentido el profesor de Economía Aplicada de la UIB Pep Ignasi Aguiló. «En mi opinión, sí se está acercando una nueva crisis», señala el profesor de Historia Económica de la UIB Carles Manera, también presidente del Consell Econòmic i Social (CES).

Para el profesor de economía de la UIB y director técnico de la Fundación Impulsa Balears, Antoni Riera, la situación es «más compleja» que una recaída o un nuevo episodio de recesión económica: «Los indicadores no apuntan necesariamente a una crisis sino a una fase de bajo crecimiento». En el mismo sentido habla el profesor de economía de la UIB y presidente del Col·legi d’Economistes de Balears, Onofre Martorell: «En la actualidad nos movemos en una fase de desaceleración mundial».

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«Los movimientos de la economía tienen hoy, más allá de factores fundamentales, unas causas adicionales aleatorias que inciden en el animal spirit que decía Keynes de los inversores. La incertidumbre la provocan la política, por una parte -Trump y Xi al frente-, y por otra una economía que se mueve fuera de cierta lógica de precios de activos según la rentabilidad variable, primas de riesgo, niveles de deuda y diferencia entre tipos de interés a corto y largo plazo. La volatilidad hace más probable la crisis», señala el ciutadellenc Guillem López Casasnovas, profesor de economía de la Universitat Pompeu Fabra.

Antoni Riera añade que estamos ante un escenario económico «nuevo»: «Sin inflación, tipos de interés negativos, elevado déficit público, creciente precariedad y claramente disruptivo en materia tecnológica».

Causas

Las causas de la posible crisis son variadas. Nadie duda ya de que el mundo vive una incertidumbre nunca antes conocida. Esta inquietud o inseguridad sobre el futuro próximo se puede materializar en aspectos concretos. A nivel doméstico, la falta de Gobierno provoca incertidumbre e inseguridad jurídica. También es de vital importancia el brexit. Faltan apenas tres semanas para la fecha límite en la que se conocerá si el Reino Unido abandona la Unión Europea sin acuerdo o se da una nueva prórroga y todavía no hay ninguna pista de lo que depara el futuro. Alemania está muy cerca de la recesión técnica, después de que en el segundo trimestre la economía cayera un 0,1%, mientras que el PIB británico cayó dos décimas en el mismo periodo. Y los problemas en estos países suelen acabar repercutiendo de forma negativa en el gasto turístico o la llegada de visitantes a Baleares.

Antonio Alcover habla de una «profecía autocumplida»: «Una crisis esperada lleva a la precaución y a comportamientos conservadores en el consumo y en la inversión que pueden conducirnos a una inevitable desaceleración económica», indica.

«Estamos ante un ciclo sincrónico. Alemania, Reino Unido, Italia, pero también Rusia, Turquía y México se encuentran bordeando la recesión, mientras que Argentina ha entrado de lleno en una nueva crisis y la mayor parte de regiones asiáticas están participando, en mayor o menor medida, de la desaceleración de la economía china», resume Riera.

Crecimiento, política y crisis

También inciden de forma negativa, citadas por Antonio Alcover, las tensiones aduaneras generadas por los Estados Unidos, las tensiones en Hong Kong o los problemas en el golfo Pérsico y sus efectos sobre el petróleo, las movilizaciones contra el presidente francés Emmanuel Macron y la desaceleración de la industria exportadora alemana. Onofre Martorell recuerda que tampoco ayuda el auge de los populismos a nivel político. Asimismo, Carles Manera cree que no se han corregido los principales problemas financieros que llevaron a la Gran Recesión y Aguiló piensa que la anterior crisis se cerró en falso porque quedaron pendientes muchas reformas estructurales.

Los síntomas que hacen pensar en la posibilidad de una nueva crisis son variados.
«Los movimientos de capital que observamos y el hecho de que se asuma normal que los tipos de interés a corto plazo sean más altos que los de largo plazo tienen que generar preocupación. Además, una economía no puede funcionar siempre con tipos de interés reales negativos, penalizando el ahorro y premiando el endeudamiento», señala López.

Alcover indica que dónde más se nota la desaceleración es en el empleo y en que el sector de la construcción parece haber alcanzado su techo con respecto a las segundas residencias y las reformas hoteleras.

Pep Ignasi Aguiló menciona los síntomas que hacen pensar en una nueva crisis: «Se ralentiza la actividad económica, lo que produce una disminución del empleo, una reducción de los ingresos fiscales... se llega a un clima de desconfianza que aleja y paraliza a potenciales inversores, produciendo más paro en una espiral negativa y los salarios reales tienden a descender».

Terraza

La magnitud

Si bien han empeorado las condiciones macroeconómicas y no se descarta una nueva crisis en el futuro próximo, todo parece indicar que su magnitud no será tan fuerte como la Gran Recesión. En estos momentos la economía mundial y europea está ralentizando el ritmo de crecimiento. La pregunta es si esta desaceleración desembocará en recesión económica o crisis, y de qué magnitud.

Onofre Martorell, Guillem López, Pep Ignasi Aguiló y Antoni Alcover se atreven a decir que esta crisis no será tan fuerte como la anterior.

Apunta López Casasnovas: «Espero que no. Estamos más preparados. Pero las respuestas acaban siendo endógenas de los países. Necesitamos en este sentido más coordinación de políticas económicas, pero hoy no abunda en una globalización muy dividida donde cada uno mira por él -el American First es un síntoma-».

«Me gustaría decir que no será tan fuerte, puesto que el sector privado está en mejores condiciones que en 2008. Sin embargo, ahora el sector público acumula más deuda, se daña a los ahorradores, se genera desconfianza y hay que añadir la expansión del populismo por muchos países. No tiene buena pinta», piensa Aguiló.

«Valorar la magnitud de la crisis implica tomar en consideración no solo los datos económicos, sino el sufrimiento de las personas, algo que difícilmente se puede comparar. En todo caso, la actividad turística creo que está mejor preparada para la crisis que otras actividades económicas», incide Monserrat.

Para Llorenç Pou, el escenario se está normalizando: «Las tasas de crecimiento a largo plazo de la economía balear están sobre el 2%, un dato positivo y que permitirá seguir creando empleo neto y mantener una rentabilidad y competitividad importante de nuestras empresas. Repito, muchos países europeos firmarían estos registros económicos que no dejan de implicar seguir generando riqueza. Eso sí, es evidente que el contexto internacional económico y geopolítico se está complicando y Baleares no es inmune a ello, por lo que debemos estar atentos», indica.

Impacto en Baleares

La mayoría de economistas piensa que Baleares está más preparada para una crisis que en 2007. Por una parte, el endeudamiento privado es mucho menor, tanto de familias como de empresas. Antoni Riera considera que Baleares está sorteando mejor esta nueva fase del ciclo. Y como apunta Alcover, las leyes permiten hoy una «mayor flexibilidad» en concursos de acreedores, expedientes de regulación de empleo, desahucios o ejecución de deudas.

Sin embargo, Pau Monserrat discrepa: «Nos encontramos en una posición más débil que la iniciada en 2007-2008, ya que el endeudamiento público es mucho más elevado, la economía real no se encuentra en sus mejores momentos y el sistema financiero dista de poder presumir de solidez. Solo las empresas y familias han aprendido de verdad de la anterior crisis. Pero no sé hasta qué punto tener el paraguas preparado nos salvará si llega una tormenta demasiado fuerte».

Onofre Martorell cree que la crisis afectará menos a Baleares que al conjunto de España «si somos capaces de diversificar los mercados emisores de turistas».

Guillem López matiza: «Siempre he mantenido que se exageraba la crisis del brexit para Baleares, de modo que esta vez no veo en nuestra casa más impacto que el general».

Riera considera que el nivel de contagio dependerá de varios factores: «Por el lado de la demanda, de la capacidad de mantener el gasto de las familias y, por el lado de la oferta, de la capacidad de mantener la inversión pública y privada y reorientarla hacia mejoras de productividad. Tenemos margen para ello. De lo contrario, dentro de ocho o diez trimestres sufriremos», señala.

Ralentización

La ralentización o desaceleración del crecimiento es una realidad desde hace seis trimestres. Baleares ha pasado de crecer un 3,1% a hacerlo un 2,0% (tal y como publica el Govern, la variación interanual del VAB trimestre a trimestre en 2018 ha sido del 3,1%, 2,7%, 2,6% y 2,4%, y del 2,2% y 2,0% en 2019). Esta desaceleración se puede observar de manera similar en todas las islas.

¿Cómo se puede definir la situación actual? Antoni Riera considera que como «desaceleración» del crecimiento. Para Pou, se trata de una «normalización» porque no se puede seguir «indefinidamente» a tasas del 4%. Onofre Martorell también escoge «normalización».

Para el profesor López, ralentizar y desacelerar es lo mismo: «Para los ambientalistas, gradualistas del progreso como yo, preferimos, en las circunstancias actuales, ralentizar que acelerar. Sobre todo conviene para aquellas islas que ya crecían desbocadas. ¡Si no quieren estrellarse, está claro!».

Alcover ofrece una respuesta más compleja: «Estamos en una desaceleración. Si se queda en torno al 2% y sin aumentos de población podríamos clasificarla de normalización del crecimiento. Pero si la tendencia a la baja continúa en los próximos trimestres la etiqueta adecuada será la de ralentización».

Para Manera, es «innegable» que la economía está en desaceleración o ralentización del crecimiento, pero cree que se debería huir de los rankings y pone el foco en que «se sigue creciendo».

Mientras que Pep Ignasi Aguiló pone la etiqueta de «estancamiento económico».

Soluciones

Para intentar frenar o aliviar esta próxima recesión, los economistas apuntan varias medidas. Por un lado, la política fiscal. Es decir, mayor gasto público. Antoni Riera habla de la necesidad de «mantener» la inversión pública y privada y «reorientarla» hacia mejoras de productividad, por ejemplo con incentivos a la inversión empresarial. En un sentido similar se expresa Carles Manera: «Inversión pública y, en el ámbito de la Unión Europea, hay que replantear el gravísimo problema de la deuda».

Pou señala que una recesión es un escenario «poco probable», pero indica a continuación: «La obligación del Govern es pensar en los fundamentos económicos y ejecutar políticas que incrementen la competitividad de nuestra economía en un contexto de inclusividad».
«Coordinación global de respuestas monetarias, cese de la guerra comercial, poner en marcha en Europa la locomotora alemana...» es la receta de López.

«Alemania y otros países europeos pueden tirar del carro por la vía de un mayor gasto. Tienen superávits y no están endeudados y pueden tirar del resto de países europeos. A nivel nacional, cabe revisar la eficiencia del gasto y cabría examinar las distorsiones e ineficiencias del sistema fiscal español», indica Alcover.

Aguiló señala que debería atajarse el problema del déficit público y «hacer más eficientes las Administraciones públicas».

Martorell propone que la Administración cree un «entorno que ayude a la inversión empresarial» y el consumo mediante incentivos y mayor flexibilidad.

Por otro lado, inciden en la necesidad de afrontar reformas estructurales. «Sabemos que la robotización y la digitalización de la economía llegarán en poco tiempo, pero no hemos modificado el mapa de titulaciones universitarias ni el sistema de formación profesional. El mundo es consciente del cambio climático, pero somos incapaces de tomar medidas que tengan en cuenta las nuevas circunstancias. Nuestro mundo es cada vez más anciano y hay que tomar medidas para paliar el problema de la natalidad. La lista es muy larga», señala Alcover.

En el mismo sentido se pronuncia Monserrat: «Las políticas monetarias expansivas son morfina. Sin reformas estructurales, no se alivian los males de las economías. Hay muchas pendientes, como el sistema de pensiones público, que llevan tantos años de retraso y son tan difíciles de aplicar que no sé si tiene sentido hablar de que puedan frenar o aliviar la crisis. Nuestra economía debe generar sueldos e ingresos empresariales que permitan una renta disponible mucho mayor, para tener dinero suficiente para ahorrar e invertir, después de pagar insumos, impuestos y otros gastos necesarios para vivir. Solo una actividad empresarial de alto valor añadido puede generar este efecto balsámico; la construcción y el turismo tal como existen en estos momentos en Baleares, dudo que generen sueldos suficientes. Y no veo a los políticos interesados (o capaces) de reducir gastos como la luz o el gas, la vivienda o bajar impuestos», concluye.

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