La salud y la felicidad

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La salud es un bien preciado, cuyo concepto ha ido cambiando a lo largo de la historia. Desde “la ausencia de enfermedad o minusvalía”, al “estado completo de bienestar físico, psíquico y social” (OMS, 1948). Utópica definición ya que el completo bienestar es difícil de conseguir. Actualmente, además, en el imaginario social, salud significa bienestar y felicidad.

Bienestar como la presencia de un afecto positivo y ausencia del afecto negativo. Posteriormente se entendió el bienestar como la consecuencia de un funcionamiento psicológico pleno a partir del cual la persona desarrolla todo su potencial. La psicología positiva pretende definir y perfilar los contornos de este bienestar humano e incorporar elementos positivos.

Se ha comprobado que el bienestar parece tener un papel relevante en la prevención y recuperación de enfermedades e incluso en la esperanza de vida. Así la felicidad traducida en elementos tan anhelados por el ser humano como la perpetua juventud, la belleza, el poder y la consecución del placer o hedonismo.

La definición de felicidad es ambigua, compleja y subjetiva. Depende de cada uno, de nuestros ideales, expectativas, necesidades y con una influencia sociocultural y económica muy clara. Belleza lleva implícita valores que asustan, no podemos envejecer porque “lo viejo es malo”, o mejor dicho “lo nuevo es bueno”.

En nuestra sociedad capitalista, los bienes materiales hacen felices a muchos consumidores compulsivos, que encuentra la felicidad en la compra. Pero, ¿qué ocurre una vez adquirido ese objeto, que en ocasiones no necesitamos? ¡Ya está!

Sin embargo, cuando a un grupo de personas adultas se les pregunta sobre qué factores le dan la felicidad, la mayoría apunta a: salud, ser más activo y mantenerse ocupado, pasar más tiempo en actividades sociales, estar con los seres queridos, poseer un trabajo desafiante, “ser uno mismo”, mostrarse optimista y dejar de preocuparse por pequeños problemas y orientarse hacia el presente.

Recobremos la oportunidad de estar rodeados de gente que nos aporte esa felicidad sincera, compartir, comunicarnos, encontrarnos y sobre todo generar lugares y espacios de encuentros donde podamos navegar en un mundo de emociones positivas, y donde lo más importante sea “el contacto interpersonal directo donde podamos desarrollar nuestras potencialidades: autonomía, control ambiental y relaciones positivas con los otros”.

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