Un sistema turístico circular

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A punto de cumplirse un año desde que la Organización Mundial de la Salud declarase el SARS-CoV-2 como pandemia y justo cuando el mundo está avanzando decididamente para alcanzar la inmunidad funcional, ha llegado el momento de trabajar para maximizar las posibilidades de recuperación económica de Balears.

En este quehacer, no puede obviarse, por un lado, que la COVID-19 ha acelerado megatendencias que ya se observaban en la economía mundial antes de la pandemia (digitalización, robotización, descarbonización, movilidad sostenible…). Y, por otro lado, que mientras que unas regiones deberán simplemente esforzarse para aprovechar las nuevas oportunidades que emergen de este nuevo escenario, otras deberán catalizar el cambio estructural y acometer una profunda reformulación de su senda de crecimiento. Este último es el caso de Balears, no solo por el fuerte impacto que ha ejercido la COVID-19 sobre el marcador de crecimiento regional, sino por la envergadura de los desafíos estructurales que enfrentaba el archipiélago antes de esta crisis y que la COVID-19 no ha hecho más que amplificar.

Es por ello que, en el caso particular de Balears, resulta si cabe más relevante que en otros territorios, interpretar las megatendencias que definirán el escenario pos-COVID-19, forjar una visión a medio y largo plazo y alimentar, con ello, la toma de decisiones estratégicas. Y, por qué no, tomar ventaja y aprovecharla desde la formulación de proyectos fuertemente anclados en lo que somos, una economía de elevada especialización turística, y de lo que tenemos, una alta capacidad de plantear proyectos de elevado potencial transformador.

En este sentido, es preciso considerar todas las posibilidades para que el sistema turístico balear se diversifique sobre la base de su misma cadena de valor. Porque no se trata de diversificar para ‘huir’ del turismo, sino para ganar complejidad económica a partir de las ricas y variadas interrelaciones que admite con otras actividades industriales, agrícolas y del propio sector servicios. Además, el sistema turístico balear es susceptible de acoger una fuerte ofensiva en materia de productividad y revertir la desventaja creciente que Balears ha acusado estos últimos años, tanto en términos de réditos privados como sociales, de su elevada especialización turística.

Se trata, sin duda, de una propuesta ambiciosa, pero también realista y viable, que encaja a la perfección con el marco estratégico que la Comisión Europea ha establecido en pro de una recuperación basada en una transición verde, digital y justa. Además si esta propuesta llegará a tangibilizarse en una estrategia de transformación turística integral permitiría Balears cubrir la posición, que sigue abierta a nivel mundial, de liderazgo en economía circular aplicada a sistemas turísticos.

No cabe duda que hemos cambiado de paradigma sin haber realizado una reflexión profunda, que a todas luces nos toca hacer en estos momentos. Imperativo es, también, fijar un punto de llegada en el imaginario colectivo. Como ha escrito recientemente la novelista Arundhati Roy: “Históricamente, las pandemias han obligado a los seres humanos a romper con el pasado e imaginar un mundo de nuevo. La COVID-19 no es diferente: es un portal, una puerta entre un mundo y el siguiente”.

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