Crisis COVID-19: un shock económico de 19 adjetivos

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La COVID-19 ha hecho de 2020 un año como ningún otro. Después de los brotes iniciales detectados, en febrero, en China y la declaración de pandemia, en marzo, por parte de la Organización Mundial de la Salud, la economía balear, al igual que el resto de las economías, entró en un nuevo escenario económico.

Al inicio todo apuntaba a que el virus aceleraría la fase de desaceleración por la que transitaba la economía balear tras el empuje económico con el que abandonó la crisis anterior, con un avance del 1,8% a cierre de 2019. Sin embargo, las restricciones vigentes durante las dos últimas semanas de marzo bastaron para que el PIB del primer trimestre retrocediera un inédito 4,5%, claramente por encima de la mayor recaída sufrida la anterior recesión (-3,6%, 2º trim., 2009). Desde entonces, la línea de tiempo que transcurre entre las restricciones generalizadas a la movilidad y a la actividad, un verano tumultuoso y un final del año tan incierto como esperanzador, no ha hecho sino poner de relieve las características del shock económico que ha ejercido la COVID-19 sobre Balears. Diecinueve adjetivos lo definen:

1. GLOBAL. La propagación del coronavirus a lo largo de la geografía mundial y las tensiones que ha conllevado en los sistemas sanitarios ha generado una crisis global, no comparable con las anteriores crisis económico-financieras, que se ha saldado con una contracción del crecimiento mundial del 3,5% (vs 2,8%, 2019). En este contexto, la elevada interdependencia de la economía balear con otras economías de su entorno no ha hecho sino trazar un ejercicio lleno de obstáculos.

2. EXÓGENO. Desde el día 14 de marzo, en que el presidente del Gobierno declaró el estado de alarma, la crisis sanitaria se ha traducido en una crisis socioeconómica de gran repercusión en todo el archipiélago. De hecho, este factor exógeno que es el coronavirus ha derivado en un doble shock: uno de oferta dada la imposibilidad de mantener la producción, y otro de demanda dada la caída de los ingresos de empresas y ciudadanos.

3. CONTINUO. Tanto el shock de oferta asociado a las interrupciones de las cadenas globales de suministros y a las restricciones de actividad regionales como el shock de demanda amplificado por un fuerte efecto empobrecimiento y una elevada incertidumbre se han retroalimentado, uno a otro, a lo largo de todo el ejercicio, confirmando las peores proyecciones. Y es que, tras un segundo trimestre que arrancó bajo el cierre total de toda actividad no esencial (del 30 de marzo al 9 de abril), la relajación lenta y progresiva del estado de alarma hasta el 21 de junio no impidió que el paréntesis veraniego se frustrara, a mediados de agosto, con una ‘segunda ola’ de contagios. A partir de septiembre, la puesta en marcha de nuevas restricciones parciales, la suspensión de la actividad de la hostelería, los cierres perimetrales, entre otras medidas que se alargaron hasta Navidad ante la emergencia de una ‘tercera ola’.

4. PROFUNDO. El balance anual arroja para Balears una contracción inédita del 24,3%, mucho peor que la que provocó la crisis iniciada en septiembre de 2008. Y es que la COVID-19 ha arreciado con especial virulencia a Balears, donde la emergencia sanitaria ha sumido la economía balear en una sima vertical sin precedentes, al menos en tiempos de paz. Incluso cabe cuestionar si el término recesión es útil para entender un shock económico de esta profundidad a la que Paul Krugman prefiere calificar de ‘coma inducido’.

5. AMPLIO. Desde que la COVID-19 tiñera de color rojo el marcador de crecimiento del primer trimestre (-4,5%), los números rojos no ha hecho sino ampliar su espectro. Y es que, tras confirmarse la recesión en el segundo trimestre, con una caída interanual del PIB del 35,6%, la actividad económica no ha conseguido recuperar el vigor, a pesar de la relajación parcial de las restricciones. No en vano, las estimaciones del tercer (-29,7%) y cuarto trimestre (-27,3%), no han hecho sino confirmar que los intentos de contener el virus han ampliado el impacto económico inicial.

6. DIACRÓNICO. La distinta velocidad de expansión del virus, así como la introducción de las distintas medidas de control explica que la evolución temporal del shock económico haya diferido, en esta ocasión, entre regiones. De este modo, el balance anual de Balears contrasta no solo con el de China, que fue el primer país en ser azotado por el virus y que ha sido capaz de mantener el marcador de crecimiento en tasas positivas (2,3%), sino también con el de la zona euro, que a pesar de haber experimentado un fuerte retroceso del PIB (-6,4%), no ha alcanzado en ningún caso la profundidad de Balears. Un mal comportamiento que se amplifica si se considera el balance anual que la COVID-19 deja en Alemania (-4,9%), Portugal (-7,6%), Francia (-8,1%), Italia (-8,9%) e incluso España (-11%). Una diacronía que no se refiere solo a la extensión del virus y medidas adoptadas hasta la fecha, sino que se alargará también a la fase de recuperación, pues encuentra también su razón ser en las estructuras económicas de cada territorio.

7. ASIMÉTRICO. El impacto de la pandemia ha sido asimétrico a lo largo de las distintas cadenas de valor presentes en el archipiélago, algo que, a decir verdad, es inevitable, dada las características diferenciales de esta crisis en comparación con otras. Así, aquellos servicios más dependientes del contacto cara a cara (hostelería y restauración, turismo, transporte, ocio, centros comerciales…) han sufrido, en esta ocasión, con mayor fuerza. De hecho, mientras que el sector servicios balear ha saldado el ejercicio con una contracción del 26,2%, la industria (-13,2%) y la construcción (-12,8%) han conseguido minimizar el envite de la COVID-19 gracias a su menor exposición global. Y es que no se puede ignorar que la exportación de servicios turísticos (aproximada por el gasto turístico internacional) no ha alcanzado para el conjunto del ejercicio el equivalente a 20 días del verano de 2019.

8. DEVASTADOR. A lo largo del ejercicio se han destruido 3.810 unidades empresariales en Balears. Un retroceso histórico (-8,5% vs -5,8%, 2009) que deja un paisaje desolador, pues muchas empresas, especialmente pymes, podrían permanecer desactivadas, sin posibilidad de recuperación, incluso cuando la crisis sanitaria amaine. El desempleo, aunque sea temporal, también ha ascendido de forma rápida (50,2%, 2020 vs 51,4%, 2009), en un contexto en que la afiliación de trabajadores a la Seguridad Social ha cerrado el año con un descenso sin precedentes (-8,7% vs -6,5%, 2009). A su vez, la tasa de paro EPA, oficialmente contenida en el 16,2% (vs 18%, 2009), se ha situado en términos efectivos claramente por encima del 22% si se tienen en cuenta a los afectados por ERTE y a los beneficiarios de prestación por cese de actividad.

9. EXIGENTE. La profundidad y amplitud del shock, junto a su carácter asimétrico u devastador, ha exigido medidas de apoyo a familias y empresas, tanto desde el ámbito fiscal como desde el monetario. Este hecho ha constituido, sin duda, uno de los principales riesgos del ejercicio: que la respuesta de la política fiscal no estuviera a la altura de la magnitud del shock. Y es que solo así se puede amortiguar suficientemente el efecto del shock sobre las familias y las empresas y preparar el tejido para una recuperación rápida cuando la pandemia esté controlada.

10. DESNIVELADOR. A lo largo del ejercicio han saltado todas las costuras de las cuentas públicas y privadas. El coste de afrontar la pandemia ha multiplicado el gasto público y reducido con fuerza los ingresos, con una caída de la recaudación que supera ampliamente el 10%. Debido a este desequilibrio, el déficit público ha subido por encima del nivel de 2019 (-0,6%), disparando también los niveles de deuda pública del 26,3% al entorno del 30,1%. Por su parte, los niveles de endeudamiento privado, aproximados por el volumen de crédito con relación al volumen de depósitos, cuyo punto de partida era más favorable que la anterior crisis (1,14 vs 2,35, 2009), se han elevado de forma inevitable hasta el 1,21.

11. EMPOBRECEDOR. La sociedad balear ha finalizado el ejercicio a todas luces más empobrecida. Así se desprende del fuerte retroceso que ha experimentado las rentas del trabajo y del capital, lo que, junto con al alto desempleo, podría impedir la recuperación de la demanda. En términos generales, la crisis económica ha afectado a la vida y la prosperidad de todos, a tenor de la caída observada en la renta per cápita (-25,4%).

12. DELATOR. La COVID-19 ha puesto de manifiesto las debilidades económicas estructurales de la economía balear, que van desde un rígido mercado laboral caracterizado por el uso extensivo de contratos temporales y una estructura empresarial dominada por la microempresa y no pocas empresas ‘zombis’. A su vez, la pandemia ha puesto de manifiesto los costes de una inercia que ha frenado durante años una profunda revisión y tecnificación de la administración y ajustes fiscales estructurales.

13. DESESTABILIZADOR. Las características anteriores, junto a otros impactos sociológicos, han mermado la cohesión social en una situación de desigualdad que viene de lejos. Particularmente, el conflicto generacional se ha agravado entre jóvenes, que han visto sus expectativas vitales aún más deterioradas que antes. No en vano la tasa de paro juvenil EPA (42% vs 29,4%, 2019) se ha incrementado a un ritmo tres veces superior al resto de segmentos (12,6pp vs 4,1pp resto).

14. AGOTADOR. Las restricciones a la movilidad y a la actividad se han alargado más de lo que se preveía inicialmente y, aunque los ERTE y los ICO han sido muy útiles, la elevada incertidumbre predominante ha realzado los riesgos a la baja, la sensación de impotencia y el miedo tanto a la enfermedad como al deterioro económico. A ello se han sumado las dificultades técnicas que entrañan los ambiciosos planes de vacunación actualmente en marcha y las nuevas variantes del virus. De este modo, no es de extrañar que la inversión y las expectativas empresariales (-29,9%), continúen, hoy en día, seriamente afectadas.

15. POTENCIALMENTE PROLONGADO. La profundidad y amplitud del shock descartan una recuperación en V. Si acaso en U, si es que no se produce una depresión, en L o un estancamiento en bajas tasas de crecimiento. Sería deseable que el desgarro del tejido productivo, cuya reversión exigirá años, no contagie al sistema financiero. Nuevos rescates bancarios detraerían recursos necesarios para políticas sanitarias, sociales y empresariales. Unos recursos, a su vez, debilitados por el incremento del déficit y la deuda pública. Incluso si se recuperara pronto la producción, el consumo no lo va a hacer ante el empobrecimiento de muchos ciudadanos y sus cambios de comportamiento (aumento del ahorro por temor al futuro y la adaptación hedonista, de modo que el gasto no estrictamente necesario, y desde luego el conspicuo, quedará reducido durante tiempo). Ante el miedo y el lento retorno a lo que será una ‘nueva normalidad’, el turismo, la aviación y la hostelería –básicos para Balears– son las que más se resentirán de forma alargada en el tiempo.

16. POTENCIALMENTE PERMANENTE. Todo apunta que el shock derivará en consecuencias permanentes una vez superadas sus causas. Por extensión, el concepto de histéresis, es decir “la tendencia de un material a conservar una de sus propiedades, en ausencia del estímulo que la ha generado”, es de clara aplicación. Las políticas de confinamiento y el teletrabajo han impulsado la digitalización y la alfabetización digital en muchas personas, lo que conllevará, sin duda, cambios permanentes en los hábitos y organización del trabajo, un buen ejemplo de histéresis. En este sentido, se puede interpretar la COVID-19 como lo que se ha denominado en la literatura sobre transiciones sociotécnicas un landscape shock.

17. POTENCIALMENTE TRANSFORMADOR. La crisis del coronavirus está cambiando el mundo. Mientras que algunas tendencias aparecen, otras, que estaban en curso, se están viendo aceleradas o invertidas. Un concepto clave ya no es el de la resiliencia, en ingeniería “la capacidad de recuperación de un cuerpo deformado cuando cesa el esfuerzo que causa la deformación”, o en psicología “la capacidad que tiene una persona para superar circunstancias traumáticas”, pues no vamos a volver al punto de partida. Es por ello que los esfuerzos de los actores regionales no deben orientarse solo recuperar sino a reformular.

18. POTENCIALMENTE REFORULADOR. El shock ofrece una gran oportunidad para enfocar las políticas de adaptabilidad para hacer frente a varios de los grandes retos estructurales como la emergencia climática, las transiciones demográficas y la revolución digital, claramente interrelacionados con los impactos de la COVID-19 y las respuestas que esta crisis requiere. En este contexto es necesario reconocer que nos encontramos ante una oportunidad para avanzar en el proceso global de transición sostenible. La crisis de la COVID-19 nos presenta varias palancas para aprovechar dicha oportunidad. Las más evidentes son el aumento de la productividad derivado de nuevas formas de organizar el trabajo, la reducción en emisiones por el aumento del teletrabajo y la disminución de la actividad presencial, y patrones de consumo sostenible, promovidos por la relocalización de las cadenas de valor que requieren menor consumo energético y de materiales. Los cambios en las reglas y normas y en la interpretación que hacemos de las mismaspueden llegar a precipitar cambios profundos en los sistemas sociotécnicos que tenemos, entre otros, en los ámbitos de la sanidad, alimentación, movilidad y turismo.

19. POTENCIALMENTE RENOVADOR. Por último, para posicionarse ante los trade-offs y las transiciones señaladas anteriormente se necesitará una colaboración renovada y reforzada entre empresas, gobiernos, universidades, otros agentes del territorio y la ciudadanía. Las organizaciones intermedias, como las organizaciones dinamizadoras de clústeres o las agencias de desarrollo local, tendrán un rol aún más crítico en este nuevo escenario, tanto en la conexión de empresas para la construcción de las nuevas cadenas de valor o la reorientación de actividades, como en la generación de inteligencia sobre las necesidades del tejido empresarial.

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