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En todas las previsiones económicas aparecía un incremento de la inflación en un mundo pospandemia. Los confinamientos, cierres empresariales y restricciones paralizaron el consumo y, por tanto, los precios cayeron con fuerza. No olvidemos que el petróleo llegó a cotizar en negativo porque el coste del almacenamiento era superior al valor de trasmisión a la paralizada economía real.

Al igual que los datos del Producto Interior Bruto, los de precios debían subir a ritmos históricos debido a que el punto de partida era muy bajo, sin embargo ya hace meses que las alarmas han empezado a sonar.

Empezó Estados Unidos a marcar precios superiores a lo esperado, no en vano, su economía se ha recuperado rápidamente, pero luego ha venido Europa, e incluso España, muy retrasada en la recuperación económica, que también está marcando niveles muy altos.

La primera consecuencia de estos datos de inflación (además de la reducción de renta disponible para familias) es que los bancos centrales se deben plantear cambiar sus políticas monetarias expansivas cuyas consecuencias son tipos de interés reales (bonos del tesoro, Euríbor…) extraordinariamente bajos.

Hasta hace pocos días los bancos centrales insistían que esta inflación era puntual, sin embargo ya está cambiando: la semana pasada la Reserva Federal americana (FED) ya ponía fecha al “tapering” (reducción de compra de deuda, es decir, reducción de las inyecciones de liquidez) y ya se espera una subida de tipos de interés, al igual que en el Banco de Inglaterra, para el primer o segundo trimestre de 2022.

Subida que el Banco Central de Noruega sí ha acometido, siendo ya el primer país relevante en hacerlo.

Como se puede ver en el gráfico, no hace falta ni siquiera que haya empezado el tapering, y mucho menos que se suban los tipos de interés oficiales: los reales se están anticipando.
¿Qué efectos tienen las subidas de tipos sobre las bolsas? Hasta ahora, cuando los datos de inflación sorprenden al mercado, las bolsas reaccionan con caídas porque anticipan una mayor velocidad en las subidas de tipos.

Argumentos defensores de las bajadas bursátiles son tres: (i) posibles ventas de renta variable con destino a renta fija más rentable; (ii) incremento de costes para empresas con una demanda muy elástica y (iii) por reducción de valoraciones (el tipo de interés aparece en el denominador de la fórmula para calcular un valor objetivo), especialmente en el caso de tecnológicas.

Sin embargo, también hay tres argumentos que “desmontarían” los anteriores: (i) las incipientes subidas de tipos reales no incentivan el cambio a la renta fija, de hecho, al principio, la castiga; (ii) hay empresas, con mucho peso en la bolsa como la banca, que se ven beneficiadas y (iii) las valoraciones son fórmulas matemáticas y, además, las tecnológicas cada vez son más cíclicas y se pueden ver beneficiadas.

Realmente, al menos en los momentos actuales, decir que a las bolsas les perjudica la subida de tipos de interés, es decir que a las empresas les va mal que al mundo le vaya bien (no habría inflación si no hubiera recuperación económica), contradicción que, de momento, no está llevándose a cabo.