Jaume Adrover, portavoz de Terraferida, es payés. Gestiona una finca de tres hectáreas de cultivo ecológico en Son Macià, en el municipio de Manacor.

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Terraferida anunció el pasado trece de abril un téntol en su actividad, un paréntesis, un momento de reflexión, una tregua que apunta a definitiva. Jaume Adrover, portavoz de la organización ecologista, transpira decepción. Está cansado de luchar y perder.

El seis de enero de 2015 nacía Terraferida y en el primer escrito publicado en su página web explicaban que habían comprobado que se estaba produciendo una notable destrucción de territorio en Mallorca. ¿No hemos mejorado mucho?
No. En el último gran estudio que hemos realizado hemos estado observando todos los cambios que se han producido sobre el territorio desde 2015. En seis años se han urbanizado 11,5 kilómetros cuadrados. Además, está previsto instalar placas solares en unos seis kilómetros cuadrados.

¿Por qué hacen este téntol? ¿Es definitivo? Los argumentos que exponen cuando justifican el nacimiento de Terraferida continúan vigentes.
De hecho, pensamos que ahora estamos un poco peor que hace ocho años, cuando nació Terraferida. No se han modificado los grandes planeamientos. Solo se ha hecho un poco de cosmética. De los once kilómetros urbanizados, ocho son de suelo rústico y solo tres de urbano. Una cuarterada al día.

¿Qué hay que hacer? ¿Qué propone Terraferida?
Siempre hemos propuesto lo mismo, desde el primer día hasta el último. En fora vila ya no deben hacerse más casas. No puede ser. La demanda es infinita. El suelo rústico es una urbanización para millonarios que no son de aquí. La consecuencia es que nos cargamos la producción agraria local. No debe construirse más. En 2002 dijeron basta en Menorca. Somos la única comunidad autónoma que permite edificar en fora vila cada dos cuarteradas. Y solo pasa en Mallorca y Eivissa. El rústico debe protegerse. Es urgente.

¿Es definitivo el téntol?
De momento, sí. Nosotros escogimos experimentar con un modelo de entidad que no tuviera dinero, ni junta directiva, ni presupuestos. Pero este modelo de entidad tiene muchas limitaciones. El cuerpo aguanta pero nos hemos encontrado con la pared que es el Govern. Les hemos dicho que se han urbanizado once kilómetros cuadrados, y se giran y no te creen.

Entonces, ¿en lugar de un téntol no debería tener ahora Terraferida más actividad que nunca?
Sí, pero si no quieres optar por un modelo de entidad con presupuestos y socios… Nosotros estamos colapsados. Es un alud diario de trabajo y nos ha saturado.

¿Terraferida ha muerto de éxito?
Sí. Tras la pandemia nos dijeron que cambiaríamos de modelo, que saldríamos mejores, muchas entidades hicieron propuestas… Y el Govern diciendo que sí, pero a la hora de la verdad, turismo y construcción más que nunca y sin hacer ningún cambio. Había tiempo, pero no se quiere cambiar ni una coma del modelo.

¿Esta desesperanza duele más porque se supone que este Govern debería ser más sensible?
Sí, claro. De un gobierno PP-Vox no esperamos nada más que acelerar el destrozo. Pero este es un Govern que nos dice que les demos caña pero por detrás no aceptan casi ninguna propuesta. En 2017 hicimos la primera gran campaña, ‘Sense límits no hi ha futur’, con 140 entidades. Hicimos un manifiesto conjunto con 50 propuestas, que fue un trabajazo. Solo se han aprobado dos: que los cruceristas paguen el impuesto del turismo sostenible y restringir un poco los campos de golf.

Pero se han puesto límites a las nuevas construcciones.
No. El Pla Territorial no lo han tocado. En 2015, con Miquel Ensenyat en la presidencia del Consell, dijo que lo modificarían, y han pasado ocho años y no se ha tocado. La vía más rápida eran las DOT, pero tampoco se han cambiado. Tienen miedo de todo.

La presidenta del Govern Francina Armengol respondió a vuestras críticas asegurando que sí se habían adoptado medidas para proteger el territorio y Iago Negueruela aseguró que en los últimos años se han protegido más territorio que nunca.
Han hecho trampas, aunque es cierto que se han protegido algunas hectáreas.

¿Contra el PP se vive mejor?
No. Viviremos un poco peor.

¿Hemos perdido?
De momento, hemos ganado alguna batalla. Estamos perdiendo la guerra.

El mayor fracaso del Govern de izquierdas, la gran batalla perdida, ¿cuál ha sido?
Diría que continuar con el modelo por pura inercia, porque no tienen modelo alternativo.

Existe una fuerte apuesta por la sostenibilidad.
Es muy positivo. Los payeses también apostamos por reducir el consumo de agua y el gasto de combustible.

¿Qué balance hacen de la ley turística?
Ha habido dos reformas muy importantes. La ley turística de Barceló dejó que se colaran entre 60.000 y 70.000 plazas en dos años. En el decreto anticovid de la pandemia dejan crecer un 15% a los establecimientos turísticos saltándose los parámetros urbanísticos municipales... Si hacemos las autopistas del PP y las ampliaciones hoteleras del PP… Y la legislatura acaba con los hoteleros que dicen que están muy satisfechos con el Govern y los ecologistas con los ánimos por los suelos. Hubo cosas positivas de la ley, pero dejando entrar tantas plazas…

¿Qué tenemos que hacer con el alquiler turístico?
Se nos ha ido de las manos. Primero hay que frenarlo y, posteriormente, debe marcarse un plazo para ir decreciendo, igual que hay que reducir las plazas hoteleras.

¿Y si el debate debe ser sobre el techo poblacional? ¿Puede limitarse?
Se puede, con urbanismo. El Pla Territorial dice a cuánta población podemos llegar. La población sobrepasa el millón de habitantes. Además hay 600.000 viviendas construidas. Quien dice que falta vivienda… otra cosa es cómo se reparte. Es una cuestión de justicia social. Si sumas las plazas hoteleras superaríamos los dos millones. Y solo de plazas legales. Y si se edifica lo que permite el Pla Territorial, que hemos aprendido que si se puede edificar se edifica, estaríamos rozando los tres millones de plazas. Si vamos hacia allí, que estamos yendo, no sé dónde nos meteremos. Es un techo altísismo para un territorio tan pequeño. Hay que eliminar el crecimiento futuro. Lo que tenemos no se puede suprimir. Gestionar lo que tenemos será difícil, porque el Govern se dedica a gestionar flujos. Pero el crecimiento futuro, la expectativa, es lo primero que debemos desmontar. Es lo que hizo Menorca.

Parece una posición conservadora, como si no apostara por el decrecimiento.
Hablamos de decrecimiento cuando no hemos parado de crecer. Nos conformamos con estabilizarnos. Y a partir de aquí, hacer alguna cosa. Hemos recibido muchas buenas ideas y tenemos expertos con mucho conocimiento, pero primero debemos frenar la expectativa.

¿Sobra gente?
Hay que frenar las expectativas porque si no, vendrá más gente.

¿No sobra? ¿Le cuesta decir que sobra gente?
Me cuesta mucho, porque veo gente que lleva una vida sencilla, y otra gente que tiene un alto nivel de vida y viene cada fin de semana con su jet privado. Me sobran estos últimos. Ahora quieren traer turistas de Toronto. Son 250 toneladas de CO2.

Mallorca es una isla. Los turistas han de llegar en avión.
Expertos en geografía como Ernest Cañada no abogan por la supresión del turismo, sino por hacer un turismo diferente para bajar el consumo de recursos naturales. Es mejor hacer un viaje largo que varias escapadas de dos días.

¿No han pensado en pasarse a la política?
No.

Es desde la política donde se pueden cambiar las cosas, ¿no?
Nosotros hacemos política cada día, pero no política de partido. Nunca habíamos visto un espectro parlamentario supuestamente tan diverso como ahora. Antes, prácticamente todo era PP y PSOE. Pero todos votan a favor de las autopistas, todos han votado en contra en tres ocasiones para aumentar la protección en rústico, todos abogan por la promoción turística… es tirar el dinero. Solo Més per Menorca o Gent per Formentera han alzado la voz en alguna oportunidad.

¿Se van con sensación de fracaso?
No, pero esta desesperanza que tenemos, no nos tendría que preocupar si solo la tuviéramos nosotros porque sería que el trabajo nos ha quemado. La realidad es que los movimientos que tienen la misma sensación de que todo se va a pique son muchos.

Pero esta sensación no se canaliza.
No se canaliza, no. Puede ser que haya parte de culpa nuestra. Entre todas las plataformas, los jóvenes que se han activado con temas globales de clima… Se va sumando gente y se suman preocupaciones. Estos días hemos tenido un alud de comentarios de gente que nos dice que no son de nuestra cuerda, pero que si no estamos, todo irá un poco peor.

¿Nuestros recursos naturales, hasta dónde llegan?
Ya no llegan, porque la mitad de población vive del agua de desaladora.

¿Y es tan malo tener una desaladora?
Tiene impactos importantes y no depende de ti. Para superar nuestros límites hemos hecho desaladoras, cables eléctricos…

Hay expertos que dudan de la electrificación como la gran solución a todos los males.
No lo es. En los años 90 parecía que si reciclábamos la basura, todo se arreglaría. Pues la electrificación es el nuevo reciclaje. Se tiene que hacer, pero no solucionará todos los males del modelo. Hay que poner placas, pero poniendo placas solares no lo arreglaremos todo.

Pero el ecologismo está a favor de las placas fotovoltaicas, ¿no?
En su lugar, sí.

¿Cuál es su lugar?
Creemos que siempre que sea posible deben instalarse las placas solares en las cubiertas. Hay un desembarco de grandes empresas que están acaparando las últimas grandes fincas, que eran lo que se había salvado del proceso urbanizador. Pagan unos 2.000 o 3.000 euros anuales por hectárea y el propietario no debe preocuparse de nada. Hemos de hacer un inventario. El Govern, en la Ley de Cambio Climático, asegura que tiene identificados 700 aparcamientos que deben solarizarse. ¿Ha pasado?

¿Y en rústico?
En ningún caso.