La atención y el seguimiento de la enfermedad se centrará en las personas vulnerables. | Josep Bagur Gomila

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La sexta ola de la pandemia remite y es momento de ver los cambios de paradigma que ha traído la variante ómicron, de efectos más leves aunque más contagiosa. Sanidad estudia, junto con las comunidades, poner en cuarentena sólo a las personas positivas en COVID que desarrollen síntomas y, en cualquier caso, el periodo de aislamiento dependerá de un criterio clínico y no de salud pública, como se ha hecho hasta ahora. Es decir, los positivos asintomáticos ya no tendrán que quedarse siete días en casa y los que enfermen se aislarán en función de cómo se encuentran, lo mismo que sucede, por ejemplo, con la gripe.

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Según la directora general de Salut Pública, Maria Antònia Font, el siguiente paso a la normalidad es simplificar las cuarentenas entre la población general. «Iremos hacia una atención más centrada en personas vulnerables personas y sus entornos que, fundamentalmente, son sanitarios y sociosanitarios, y se mantendrá la estrategia de aislamiento en estos grupos pero hay que simplificarlo para el resto», explica. Y aunque no se sabe cuándo podría aprobarse es lo que está debatiéndose en la ponencia de vigilancia a nivel estatal e «imagino que se tratará en la comisión nacional de salud pública de hoy». Así pues, en estos momentos, la estrategia de vigilancia y control de la enfermedad está enfocada en relajar las medidas referidas al aislamiento. «Este tema está sobre nuestra mesa, como lo está también a nivel europeo. En Estados Unidos ya aprobaron reducir la cuarentena a cinco días y ya empieza a haber evidencia de este aislamiento más corto, por motivos clínicos», explicó Font.

Ayer por la tarde, la consellera de Salut, Patricia Gómez, ratificaba esta intención. «En los próximos días se presentará una simplificación de las estrategias diagnósticas y de rastreo», dijo. Gómez aseguró que la clave está en «encontrar el umbral de ingresos hospitalarios y UCI que no supongan tensión en el sistema sanitario para considerar esta enfermedad como otra enfermedad vírica», aunque reconoció que «esto costará muchísimo y se tiene que explicar bien porque generará dudas».
Mientas tanto, las medidas de prevención se quedan en stand by tal y como se aprobaron en el último real decreto que retiró el uso de mascarillas obligatorio en exteriores, por lo que todavía no piensan en quitarla dentro de las aulas, como piden los pediatras.

El apunte

División de criterios sobre quitar la mascarilla en clase

Los pediatras han lanzado la propuesta de que la retirada de la mascarilla en interiores comience por las aulas de los centros educativos a partir de final de mes, y los expertos en salud pública no se ponen del todo de acuerdo. El jefe de virología de Son Espases, Jordi Reina, apoya sin fisuras la medida, «los niños se infectan poco y apenas transmiten la infección, es una buena prueba antes de pasar a los adultos», señala.

Para Joan Carles March, especialista en salud pública, la idea es buena pero «no para aplicarla tan rápido», señala. «La incidencia acumulada está todavía muy alta, yo esperaría», añade.