Imagen de una habitación en un piso de estudiantes en la capital catalana. | R.L.

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Las familias de las Islas pagan cada vez más por tener a sus hijos estudiando en Barcelona, el destino académico mayoritario para los universitarios de Menorca y Mallorca. «Compartir un piso de cuatro habitaciones, consumos incluidos, les puedes salir al menos a 500 euros mensuales por cabeza», calcula la agente inmobiliaria Verónica Torres, que hace diez años se dedica a intermediar en estas operaciones.

Los precios, dice Torres, «siempre han sido altos, e incluso han repuntado al alza estos años, pese a la pandemia». Sobre todo, porque «a los propietarios no les hace ninguna gracia alquilar su casa a estudiantes. El mismo piso que ofrecen a una familia tipo por 1.100 o 1.200 euros al mes se puede alquilar a estudiantes por 1.500. Y, claro está, cuando multiplicas esta cifra por las dos fianzas que se exigen y el 10 por ciento de gastos de gestoría que piden las inmobiliarias, el coste se dispara hasta los 6.000 euros de entrada».

«Muy pocos propietarios lo aceptan», confirma Eulàlia Clapés, de Be Properties. Es más, a diferencia del resto de operaciones, «se exige el aval de los padres y el seguro de contenido y responsabilidad civil, pero la mayoría ni lo conciertan».

Los pisos de estudiantes se alquilan así muy por encima del precio medio de mercado en Barcelona, que el Institut Català del Sòl sitúa actualmente en 1.066,68 euros, hasta un 14 por ciento superior al de 2021. Es la primera vez que los alquileres superan, de media, los mil euros en la capital catalana, una cifra que se dispara especialmente en los distritos más céntricos y demandados. Justo después de la pandemia, el precio medio era solo de 932 euros.

Los pisos de universitarios «no se encuentran en tan buenas condiciones como el resto, porque se hacen fiestas, cambian de inquilinos de un año para otro y los propietarios no se fían. Por eso, su primera reacción cuando los interesados son estudiantes es decir que no». Incluso, apunta Clapés, «se han incrementado los desahucios por las molestias que causan al vecindario».

Pese a ello, los estudiantes no optan por buscar alojamiento en la periferia, donde les resultaría más económico, sino que lo demandan sobre todo en el Eixample, donde se concentra el 35 por ciento de la oferta, «porque así están cerca del centro y de las facultades».

Allí comparten piso Joan Quetglas, Júlia y Maria, tres amigos de Ciutadella que se han quedado a trabajar y vivir en Barcelona una vez terminados sus estudios. Los otros años pagaban 1.400 euros, pero ahora se han mudado a otro piso que les sale por 1.250 euros mensuales. «Que son 1.400 si le añadimos los consumos de luz, agua y gas», apunta Joan. «Lo que tienes que hacer es quedarte el piso enseguida que lo ves porque, si no, te lo quitan de las manos».

En cualquier caso, tan grande es la demanda, y el negocio, que -apunta Verónica Torres- «sobre todo desde la pandemia han surgido empresas que se dedican a reformar habitaciones para dejarlas nuevas a estudiantes por 700 u 800 euros al mes. Los pisos están mejor, pero salen más caros».

El caso más paradigmático de esta nueva oferta es la plataforma Uniplaces o Uniresidences, creada hace 9 años y que facilita el alquiler a estudiantes y jóvenes trabajadores. Las viviendas se alquilan por meses, a cambio de una tarifa de servicio equivalente al 70 por ciento del precio. La Administración duplica las ayudas pero admite que «es insuficiente para las familias».

Además, prácticamente se han duplicado este año las ayudas de la Administración por desplazamiento, movilidad y residencia a los jóvenes de las Islas que salen a estudiar fuera. La partida, que hasta ahora era de 650.000 euros, se ha incrementado hasta el 1.250.000 euros. Eso hace que cada estudiante pase de recibir un máximo de 650 euros a 1.250, en función de la situación económica de la familia y de su rendimiento económico.

«Hacemos un esfuerzo, pero insuficiente todavía para paliar los costes que deben soportar las familias», admite Josep Lluis Pons, director general de Política Universitària. «No pretendemos financiarlo todo, porque sería tan utópico como que la UIB pudiera impartir todas las carreras y grados existentes».

El Govern balear otorga directamente ayudas cada curso a poco más de 800 estudiantes de Mallorca, mientras que los de las otras Islas lo reciben a través de sus respectivos Consells. El de Menorca ha hecho crecer también las becas un 67 por ciento en los cuatro últimos años. La cantidad total ha pasado de 300.000 a 501.000 euros desde antes de la pandemia. «Así damos solución a las familias», remarca el conseller de Cultura, Miquel Àngel Maria.

Si las ayudas del Ministerio de Educación se centran más en paliar la situación de las familias con menos recursos, la convocatoria menorquina atiende «las rentas medias porque, aún cuando una pareja llegue a ingresar 40.000 o 50.000 euros anuales, no les es suficiente a veces para sufragar el coste de tener dos hijos estudiando, lo que les supondrá más de mil euros al mes».