El exlíder de Vox Baleares Jorge Campos saluda a la presidenta del Govern durante su investidura. | Jaume Morey

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Cuando Marga Prohens tomó posesión de su cargo, hace hoy un año, muy probablemente esperaba que el primer cuarto de legislatura fuera más plácido de lo que ha resultado. La negociación con Vox había sido muy complicada y los socios de Prohens ya dejaron claro que esta no sería una legislatura fácil. La presidenta se salió con la suya y nadie del partido de extrema derecha se sienta los viernes en la mesa del Consell de Govern, pero el precio que ha tenido que pagar ha sido alto y puede que haya sido un Govern sin socios de Vox, pero con tutelas de Vox.

Prohens pactó un programa de 110 puntos que incorporaba la mayor parte de las propuestas del PP y algunas esenciales para Vox, como la derogación de la ley de memoria histórica o la implantación de la libre elección de lengua en las aulas. El resultado es que la oposición comenzó el primer año con la camiseta verde del catalán y lo ha acabado con la blanca de Aurora Picornell.

Estas dos obsesiones de Vox son las que han provocado más conflictos dentro y fuera del Parlament, con una gran concentración de la OCB a favor del catalán como hacía años que no se veía. Vox ha sido el principal elemento de desestabilización de esta legislatura y las dos crisis institucionales más graves las ha provocado el socio de Prohens. La primera fue un intento, desde dentro, desde el partido, de destituir al presidente del Parlament, Gabriel Le Senne tras un fallido golpe por parte del sector crítico de la formación. La segunda gran crisis institucional la ha provocado el propio Gabriel Le Senne tras arrancar con fuerza la imagen de Aurora Picornell del ordenador de una diputada del PSIB. Ahora el intento de destituir a Le Senne llega desde fuera, desde la oposición, que considera que no puede seguir en su puesto tras su gesto en el Parlament. Vox en el centro de la polémica.

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De la camiseta verde a la de Aurora Picornell. Las críticas Prohens comenzaron con las camisetas verdes, pero la de Aurora Picornell puede ser la camiseta de esta legislatura.
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El partido ha intentado marcar el ritmo a Prohens en este primer año de legislatura y en algunos aspectos lo ha conseguido. Ha logrado que se implante la libre elección de lengua, aunque desde la Conselleria ha aplicado este modelo sin entusiasmo, como se ha visto esta misma semana. En materia de lengua, sí se ha hecho lo que el PP quería, que era eliminar el requisito del catalán en la sanidad, pero a partir de septiembre habrá que ver qué presión ejerce Vox para que el modelo bilingüe se extienda a la educación.

Entre crisis y crisis de y con Vox, a Prohens también se lo han puesto difícil algunos de los suyos. Su mano derecha en el Govern, Antoni Costa tuvo que destituir a un alto cargo de su departamento al que se juzgó, y finalmente se condenó, por un delito de agresión sexual. También cayó el director general de Coordinación, Jaume Porsell, por las irregularidades en la tramitación de la licencia de una vivienda turística. Mientas tanto, la presidenta ha ido aplicando un programa ultraliberal que, hasta ahora, se ha concretado en un decreto de simplificación administrativa que elimina trabas, suprime la comisión de medio ambiente, agiliza la concesión de licencias urbanísticas, elimina restricciones para edificar en suelo rústico y, sobre todo, legaliza las construcciones que ya han prescrito.

La mayor parte de lo que se ha aprobado estaba en el programa electoral del PP, además de medidas en materia de vivienda, como permitir que se levanten alturas de los edificios. Todo muy previsible, como dice le gusta decir a Prohens. Todo muy previsible, hasta que ha llegado ese giro de guion que ha convertido a la presidenta en las inesperada abanderada contra la masificación turística. El año había sido muy complicado, pero este cambio de escenario le ha permitido recuperar la iniciativa política y dejar desconcertada a la oposición. La primera mano la ha ganado; el año que viene se podrá comprobar si, a mitad de legislatura, mantiene el liderazgo político en este asunto o el malestar por la masificación sigue intacto.