Clara junto a algunas camisetas de su trayecto en el mundo del fútbol | Gemma Andreu

Clara Villanueva Izquierdo (1985) impone el cierre a su trayectoria como futbolista. Atlético Villacarlos, IES Pasqual Calbó, Barça, Granada, Sporting, Sant Lluís… la jugadora menorquina deja atrás un recorrido sustancial, que ha prolongado durante más de dos décadas e incluido pasajes de tremendo brillo, como competir con y ante la élite del país, lo que además ha destacado por novedoso. No en vano, apenas encontramos en nuestra latitud algún caso (uno a lo sumo) que arroje similitud con el suyo; el pretexto perfecto para reunirnos con ella y abordar algunos de los puntos más relevantes de una vida deportiva para enmarcar.

Ha decidido poner punto y final a su carrera de jugadora. ¿La decisión es definitiva?

—Llevo jugando a fútbol desde los seis años y sí, creo que es el momento. El fútbol ha sido una parte fundamental de mi vida, soy quien soy por el fútbol. ¿Definitiva? Creo que siempre seguiré siendo futbolista.

Echando la vista atrás, qué nota pone a su trayectoria? ¿Se siente orgullosa?

—Sinceramente nunca pensé llegar hasta donde he llegado. He cumplido el sueño que tenía desde muy pequeña.

 Ha jugado muchos años fuera de la Isla. Barça, Granada... ¿se siente una precursora en ese sentido?

—A Barcelona sí que fui por el fútbol y fueron seis años increíbles. A Granada fui decidida a centrarme en mis estudios, pero a las dos semanas lo echaba de menos y volví a jugar. No me siento una precursora, simplemente decidí intentar cumplir mi sueño.

¿Cómo empezó a jugar y por qué? A la edad que usted se inició, el deporte femenino, y más el fútbol, no residía en su actual contexto, no era fácil para una niña.

—Supongo que como la mayoría de niñas, jugando con mis amigos en el patio del colegio o en la explanada… Con seis años mis padres me apuntaron al club de mi pueblo, el Atlético Villacarlos.

¿Fue un hándicap ser niña o en su caso, una motivación añadida?

—El ser una ‘niña’ siempre ha sido un hándicap, pero sobre todo con los equipos a los que nos enfrentábamos. Siempre podías oír a padres o madres desde la grada decirle a sus hijos «pero cómo te la va a quitar si es una niña», o los miles de ‘marimacho’ que tuve que escuchar por practicar este deporte. Pero en cuanto al Villacarlos, compañeros, entrenadores, directiva… siempre me trataron como una más, nunca he tenido ningún tipo de problema, al contrario, siempre me han valorado y me han hecho sentir que estaba en casa.

¿Su mejor y su peor momento en el fútbol?

—Los mejores momentos sin duda han sido todos los ascensos con los diferentes equipos. Pero una de las mejores experiencias ha sido poder jugar una semifinal de la Copa de la Reina contra el Athletic Club en San Mamés. Y los momentos no tan buenos, supongo que han sido los descensos o aquellas derrotas donde nos jugábamos mucho; pero a día de hoy, analizándolos, lo veo como aprendizajes. Aprendizajes que te ayudan a crecer y a seguir formándote como futbolista y como persona.

¿Cuando recuerda sus comienzos, se siente satisfecha del recorrido que ha tenido el fútbol femenino o cree que aún queda mucho por hacer?

—Cuando recuerdo mis inicios lo hago siempre con una sonrisa, pero cuando llegué a la etapa de alevín la federación no me permitió seguir jugando con mis compañeros, y no habiendo ningún equipo femenino en la Isla tuve que apuntarme dos años a baloncesto. Hoy en día las niñas y niños empiezan a tener referentes futbolísticos femeninos, las televisiones retransmiten los partidos, la gente los ve, les gusta, los valora sin la necesidad continua de compararlo con el fútbol masculino, eso es un punto a favor. Estamos en mitad de una coyuntura donde se están produciendo grandes cambios, sobre todo a nivel económico o social, pero todavía queda mucho por hacer.

¿Cree que ahora las niñas lo tienen más sencillo para jugar que hace quince años?

—Sí. Pero no es malo, al contrario. Significa que anteriormente han habido muchas chicas que han estado trabajando y sacrificando muchas cosas en su vida para que este deporte sea de cada vez más visible, que más niñas quieran practicarlo, que haya más apoyo en cuanto a clubs o federaciones y sobre todo, para que el fútbol ya no sea un deporte de hombres, ni de mujeres, simplemente, fútbol.

Una persona que le haya marcado en el mundo del fútbol.

—Una no, dos. Mis padres. Mi padre sin duda me ha enseñado la pasión por este deporte, ha sido mi entrenador, la persona con la que desahogarme cuando las cosas iban bien o iban mal, con la que he mantenido largas charlas sobre fútbol, la que ha venido a verme cuando estaba fuera en partidos importantes (y no tan importantes) para mí. Pero no sería justo no mencionar a mi madre, ella ha estado de forma permanente a nuestro lado siempre en la ‘supuesta sombra’, viniendo a cada partido, animando, escuchándonos, dando su opinión, y sobre todo apoyándonos incondicionalmente.