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José Antonio Diego|ATENAS
La barcelonesa María Vasco logró salir del túnel en que se había adentrado su carrera deportiva en los dos últimos años, aunque su séptimo puesto en la final olímpica de 20 kilómetros marcha no retribuye bastante el arrojo con que compitió. La notoriedad que adquirió en Sydney al convertirse en la primera atleta española que ganaba una medalla olímpica (bronce) desordenó sus planes de trabajo. No pudo terminar los Europeos de Múnich en 2002, ni los Mundiales de París en 2003. Un nuevo fallo en Atenas habría complicado seriamente su futuro deportivo.

Pero María Vasco no falló en la cuna del olimpismo moderno. Ayer estuvo con las mejores durante toda la prueba y sólo el ataque de la griega Athanasia Tsoumeleka en el km. 17 la dejó atrás, sin posibilidades de luchar por las medallas. La australiana Jane Saville, que entregó en bandeja de plata a María Vasco la medalla de bronce en Sydney al ser descalificada cuando entraba en el estadio, finalmente logró en Atenas el ansiado metal. Acompañó en el podio a Tsoumeleka y a la rusa Olimpiada Ivanova.

«He demostrado que no me acojonan ni la palabra Olimpiada ni nada», declaró María Vasco con su particular gracejo al terminar la prueba en séptimo lugar con un tiempo de 1h30:06. En el último kilómetro la barcelonesa, que marchaba en octavo lugar, rebasó a la campeona olímpica de Sydney, la china Liping Wang, y obtuvo un meritorio diploma en una prueba que se disputó con 25 grados de temperatura y una humedad del 43 por ciento en torno al estadio Olímpico.