Felip Moll: «Con el ataque de las orcas tuve mucho miedo»

El regatista de Es Nàutic descansa y prepara desde La Palma la segunda etapa de la Mini Transat, tras un primer tramo con ataques de cetáceos, un huracán y avería del piloto automático

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El regatista ‘mini’ del Club Nàutic Ciutadella, Felip Moll, a su llegada a la maltrecha isla de La Palma, con su barco ‘Allevà’.   

El regatista ‘mini’ del Club Nàutic Ciutadella, Felip Moll, a su llegada a la maltrecha isla de La Palma, con su barco ‘Allevà’.   

MINITRANSAT

El huracán ‘Sam’, ataques de peligrosas orcas, objetos imprevistos por el camino, una importante avería en el piloto automático y, a la llegada, la amenaza del volcán de La Palma, en continua erupción. Unos graves problemas que se le unieron al regatista del Club Nàutic Ciutadella, Felip Moll, y a su crucero ‘Allevà’, para completar con éxito la primera etapa de la Mini Transat 2021, desde Sables d’Olonne, hasta la maltrecha isla de La Palma. En total, doce días, 23 horas y 38 minutos para completar el primer tramo de la Mini Transat 2021, antes de partir de nuevo este día 29 de octubre hacia la isla de Guadalupe.

Sensaciones tras la odisea

Felip Moll, quien hace unos pocos días que recuperó su teléfono móvil, atendió ayer por la mañana a «Es Diari», mientras descansa y prepara el ‘Allevà’ para culminar su hazaña personal, como primer menorquín en hacer y acabar la Mini Transat. «Me encuentro incluso más feliz de lo que me hubiera esperado porque creía que sería una regata más sencilla y me he dado cuenta que es impresionante, brutal y de una riqueza increíble, por todo lo que me ha pasado a mí y a muchos», exclama el regatista CNC.

Cuando empezó Moll la primera etapa, desde Francia, creía que sería una regata «relativamente sencilla, pese a saber que se nos acercaba una tormenta muy importante. Pero ya en pasado, no sé si valorarla como de muy dura o más bien enriquecedor, con tantas cosas que me han pasado. Más interesante de lo previsto e incluso, algo que no se ha dicho, llegué a chocar con un objeto imprevisto».

Evidentemente el ciutadellenc llegó a temer por su integridad física y por su gran sueño. «Claro que sí pasé miedo, sobre todo el primer día y medio, que fue cuando me atacaron las orcas en Galicia. Me encontraba navegando bien, a 8-9 nudos, a una hora de la tormenta. Iba con el piloto automático y dentro, descansando, hasta que de golpe el barco se me fue a un lado, de proa; no volqué pero tumbado», relataba el osado deportista. «Salí y vi los dos timones girándose de manera muy violenta, teniendo claro que no eran olas. Con la pila enfoqué, vi la sombra y dije: ‘Ya está’. Fue mi peor momento de esta primera etapa, sin duda», exclamaba Moll. «Intenté poner el ‘Allevà’ a proa-viento para frenarlo y al coger la caña pero me la golpearon con virulencia, rompiendo la barra. Vi que iba en serio, bajé velas, paré el barco como pude, apagué luces y me metí dentro. Fue cuando la orca empezó a empujarme con sus lomos, desde abajo, oyendo la fibra como crujía», prosiguió recordando.

Viéndose en serio peligro el menorquín decidió llamar por radio «pero no se podía hacer nada porque a quien viniera a rescatarme le atacarían. Aquí sí tuve miedo, solo con las orcas; fue angustioso, más por ver que acababa de salir y se me acababa mi proyecto que por mi vida». Encima, a la altura de Gibraltar, fue donde el piloto automático, debido a ataque de las orcas, «se fue degradando, hasta dejar de funcionarme. Con 500 millas todavía por delante me preocupé, sin apenas poder dormir si debía ir siempre a mano. Funcioné un par de días así, sin descansar nada aunque al final pude montar un piloto de emergencia. Pero sí, fue muy complejo», reconocía.

En cuanto a resultados no quedó contento, «totalmente desvirtuados, tras hacer la escala de refugio en puertos gallegos. Creo que se gestionó muy mal porque cada uno se paró y salió cuando y de donde quiso». Tema clasificación, «me he olvidado del todo, no tiene sentido y no lo valoro. Dicho esto, muy contento y orgulloso de cómo navegué».

De cara a la segunda etapa ya lo tiene claro Moll. «Estoy contento de cómo navegué estos primeros doce días y por tanto, me queda estudiar algo más las llegadas y aproximaciones a Guadalupe. Conocer mejor los vientos en aquella zona y cómo afectan. Pulir la estrategia porque el ‘Allevà’ está en muy buenas condiciones, sin daños, a excepción del piloto automático. Lo revisaré todo, cargar agua, comida y al ataque».

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