La imagen que quieren repetir. Así celebró el Valeriano Allés en Burgos su pase a la final tras ganar el quinto partido en terreno hostil - Archivo

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En su trayecto hacia la final de la Superliga el Valeriano Allés deberá superar en Burgos una o dos pugnas en territorio hostil el próximo sábado y el domingo, si se diera el caso.

La experiencia es un grado y la plantilla que tiene a sus órdenes este año Chema Rodríguez conoce a la perfección el territorio que pisa en la competición nacional. Saben las jugadoras que en Burgos les aguarda un mal trago, como ya sucediera el año anterior y el otro, y en ambos casos el balance global les fue favorable. "Vamos, jugamos, tratamos de ganar y nos volvemos", han comentado fuentes del club a este diario. Se trata de no responder a ninguna provocación y fijar la atención única y exclusivamente en lo que suceda en el rectángulo de juego y no en la grada.

Y es que el sector más radical del Universidad de Burgos engresca al resto del Pabellón de El Plantío para intimidar a las jugadoras rivales, como bien apuntaba ayer la capitana del equipo de Ciutadella, Tico González. Este grupo tiene por costumbre fijar su objetivo en una jugadora determinada "a la que machacan", explican desde el club. El año pasado, por ejemplo, la tomaron con Elena Esteban, hace dos temporadas con Marcela Re, que llegó a encararse con algún aficionado, y en el último partido de Liga, con Diana Sánchez.

"Siempre hemos encontrado un ambiente hostil en esta pista y yo especialmente me he tropezado con situaciones incómodas en cada ocasión, quizás porque también soy caliente y me cuesta no responder, eso sí, siempre fuera del partido", explica Bep Llorens, que ha vivido todos los enfrentamientos del CV Ciutadella en Burgos desde que ambos equipos coinciden en la Superliga hace ya cinco años, incluidos además, tres cruces en play-off. Quizás por ello, sea uno de los blancos preferidos del sector más ruidoso de los aficionados castellanos. "La experiencia me dice que no tengo que hablar ni siquiera saludar a nadie porque yo estoy en los dos lados, soy entrenador y directivo y hay gente que lo confunde".

La guerra sicológica, la manera como la jugadora elegida soporte la presión individual, porque la global tampoco puede considerarse exagerada, será la que determinará la suerte del partido del sábado y la del domingo, si fuera necesario.

Por contra, la relación entre los dos clubes es exquisita. "No tenemos ninguna queja, al contrario, el trato que recibimos allí y ellos aquí, es muy bueno y todo lo que sucede durante el partido está al margen del club", añade Llorens.