Rincón del artista

El arte de esculpir amabilidad

"Minorica Eterna" se desvela como la obra magna de Leonardo Lucarini que desde hace un año ha fijado su residencia en la Isla

| Maó |

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Se le quiere porque se hace querer. ¿Quién no se ha sentido enternecido por la Sirena Mô y le ha brindado su consuelo en más de una ocasión? ¿O quién no se ha agachado enfrente de Gracia, su perro Lucas y el gatito Negrito para verles jugar en la Explanada de Maó? Leonardo Lucarini (Bilbao, 1946) derrocha su personalidad y maestría de artista en cada una de sus obras escultóricas que no necesitan más que las sutiles transferencias de autor para convertirse en significativas de la pretensión de ser en un motivo más para ser feliz en la vida, es su regalo a la sociedad. "Es importante que el ciudadano a parte de las angustias de sus circunstancias tenga un entorno feliz y amable", y sus contribuciones a la ciudad de Maó gozan de ser, no solo referentes, sino símbolos que embellecen y hacen crecer en interés los espacios que ocupan.

Un año después de fijar su residencia en Menorca, Leonardo Lucarini sigue tan enamorado de la Isla como la primera vez que la vio hace más de veinticinco años, "Menorca es una mujer, una diosa salida del agua", una de sus fuentes de inspiración. Fruto de su interés por enriquecer los espacios y contribuir así a hacer un mundo mejor, es su proyecto "Minorica Eterna". Se desveló como su obra magna, una gran escultura pública que se ha mantenido como una sorpresa que ahora accede a explicar dado el parón que ha sufrido su proyecto por causa de la crisis, "entiendo que no ha podido ser hasta el momento, ya le llegará su turno". La propuesta de "Minorica Eterna" iba a localizarse en la rotonda de la Ronda de Maó junto al Hospital Mateu Orfila. El conjunto escultórico, diseñado desde la abstracción, se compone de dos elementos principales que se cruzan. En el superior calada está la Taula talaiótica y en el inferior unas olas etruscas de metal esmaltadas en azul ocupan las oquedades cual veletas para mostrar la dirección de todos los vientos. Liga con estos elementos un enorme aliviadero de agua que corre hasta un recipiente que no tiene por fondo más que una rejilla por la que se escurre el agua, "Menorca es una esponja que se traga el agua". Iba a ser, o será, la escultura urbana más alta de la Isla por alcanzar los 14 metros, "se vería desde muy lejos" comenta su autor, quien explica también que se construiría en piedra, hierro, bronce y con diferentes acabados. Para la ejecución del proyecto, Leonardo Lucarini ha contado con la colaboración del arquitecto Roy d'Erizans, urbanista venezolano, a quien, además de su intervención técnica, se le deben también aportaciones estéticas, "cuando juegas al trabajo creativo, todas las ideas son buenas".

Leonardo Lucarini pertenece a una estirpe de escultores que suman ocho generaciones tan asimiladas como el hecho de ser consciente que su aportación no ha de ser sino una motivación a quien se deleite con su obra. Lo clásico, tanto en la factura de sus esculturas como en la temática, es transportado al momento actual con la mayor modernidad que supone representar el tiempo en el que vivimos. "Tengo una tendencia a que mis esculturas sean familiares, accesibles, que alegren a quien se las mire y las toque. Vivir en un medio bonito, alegre es básico". Igual le da en tallar el rostro de personajes ilustres que de otras muchas personas que le piden un busto hasta los animales que también le enternecen.

La leyenda original de uno de los símbolos de Maó
Son muchas ya las historias que se ciernen en torno a la sirena salida del mar que guarda celosa el puerto de Maó como el mayor tesoro. Quien le haya dedicado algún ratito habrá sentido la provocación de fantasear sobre la existencia de uno de los mayores seres mitológicos de la historia. Su autor, Leonardo Lucarini, tiene su propia historia, mitad verídica mitad fantasía. "Mô tiene que ver con la historia de un hijo de un general cartaginés que naufraga en las costas de una isla poco habitada y es rescatado por una sirena con la que tiene un romance. El muchacho muere en una batalla, Mô desde entonces le espera sentada en una roca convencida de que de alguna forma algún día volverá. Por esto está triste y espera inclinada a punto de saltar al agua otra vez para rescatar a su amor".

Con ello Lucarini también quiere recordar el peso de los tiempos antiguos sobre una cultura que se ha nutrido de múltiples pueblos que han dejado su huella marcada en la Isla, "por aquí han pasado muchos pueblos aunque hay una tendencia a recordar solo la colonización inglesa". Mô lleva el peso de esa cultura antigua que liga con la necesidad actual de ser muy cautelosos con el legado histórico porque ha forjado la herencia que da carácter a la realidad actual.

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