Imagen del equipo que trabaja en Oxirrinco formado por expertos multidisciplinares y de diferentes nacionalidades.

TW
7

En la egipcia provincia de Minia, a orillas del Bahr-Yusef (Canal de José) y a 190 kilómetros de El Cairo, se encuentra Oxirrinco, un yacimiento arqueológico descubierto en el siglo XIX. Algunos de sus secretos han permanecido en la sombra durante más de 2.000 años aguardando a ser descubiertos. Y ahora, hace escasos días, dos de sus sarcófagos han salido a la luz gracias, en parte, a la participación balear de Bernat Burgaya (Palma), Irene Riudavets (Es Castell) y Margalida Munar (Manacor), miembros de una campaña de excavación liderada por la Univeristat de Barcelona que lleva 30 años desentrañando los misterios de la antigua Per-Medyed (su nombre egipcio).

«Estamos muy contentos», explican por teléfono desde Egipto Burgaya y Riudavets. Para ellos es, sin duda, «uno de los descubrimientos más importantes que hemos tenido» en esta ciudad que tuvo un uso «ininterrumpido de mil años» y llegó a ser la segunda más importante de Egipto. Riudavets, arqueóloga, y Burgaya, restaurador, llevan varios años viajando al lugar para trabajar en las excavaciones. En el caso de él desde 2005, aproximadamente la fecha en la que se descubrió la última momia de la dinastía Saíta, la última nativa egipcia del lugar que se remonta a una época de entre los años 600 aC y 600 dC.

El mallorquín Bernat Burgaya, durante las labores de excavación en Egipto.

Los dos sarcófagos hallados este mismo mes son de esa misma dinastía, la XVI, y han ido acompañados de abundante material correspondiente al ajuar funerario. Entre los objetos se hallaron «399 ushebtis, vasos canopes, un escarabeo de corazón, una malla funeraria y tres lenguas de oro de época bizantina». No obstante, el momento más «emocionante» fue el de poder «abrir por primera vez una tumba que había permanecido sellada miles de años». Es algo «único que no pasa todos los días y, probablemente, sea la última vez en nuestras vidas», explica Riudavets.

Burgaya coincide en lo emocionante del hecho y, además, relata que «como la primera tumba la encontramos expoliada de antiguo, las expectativas no eran muy altas, pero cuando vimos que estaba sellada fue algo muy excitante porque no pasa a menudo». Burgaya y Riudavets están ahora en la fase final de la campaña, documentando y dejando todo listo para poder volver mañana mismo a España (Munar, que también participó en el proyecto, volvió antes a la Isla). En cualquier caso, ya piensan en «poder trabajar desde casa con todo lo hallado» y, sobre todo, «volver el año que viene» a continuar destapando los secretos del Antiguo Egipto.