El pintor y su reflejo en una de las  instalaciones que forman parte de la muestra. | Josep Bagur Gomila

Francesc Florit Nin inauguró el pasado sábado en la sala El Roser de Ciutadella su nueva muestra individual, «Dins el mirall». Una fecha esperada por lo que representa —hace once años que no expone en ese espacio— pero en realidad no tiene prisa. Armar una exposición paso a paso es algo que disfruta tanto o más como el propio proceso artístico. «Montarla es como estar frente a una orquesta, con todos los elementos delante y el objetivo de que pueda sonar una sinfonía», defiende el pintor de Ciutadella.

Y no estamos hablando de una colección cualquiera, ya que supera las 180 piezas. Un volumen que en muchos casos serviría para hacer un repaso a toda una carrera, pero en el caso de Florit Nin    la muestra abarca el trabajo realizado en los últimos cuatro años, aproximadamente. «Soy demasiado joven para una retrospectiva», asevera con una sonrisa el pintor, jubilado hace un año, aunque no en el plano artístico.

El creador vuelve a referirse al  concepto de gran formación musical cuando habla del proyecto que tiene entre manos, en el que el concepto de conjunto juega un papel clave en el discurso. «Las    obras que expongo son todas variaciones de un mismo motivo, forman conjuntos, y estos son como instrumentos de una orquesta», insiste. «Cada uno suena de una manera, pero que formen parte de una exposición supone un plus para cada obra en concreto, le añade un valor», asegura.

Piezas de las que se sirve para lanzar un mensaje, que a modo del espejo al que hace alusión en el título, toma forma «como un reflejo de la condición humana. Esa idea de reflejar deriva en la reflexión; la exposición es una reflexión sobre el sentido de comunidad» argumenta. El comisario de la muestra, Carles Jiménez, ahonda en esa línea.A su juicio, «Dins el mirall» «desprende sabiduría», tanto en lo que se refiere al «dominio de la técnica» como al concepto con el que juega en torno a la relación que establece «entre el hombre y la naturaleza. Al fin y al cabo es un canto a la condición humana», concluye.

La jubilación no se ha traducido en un aumento de la producción, pero el artista sí ha notado que    ahora trabaja «con más tranquilidad.Tengo tiempo para experimentar más, y también para equivocarme más y descartar algunas cosas».En su caso, cuando se mira al espejo, ve un hombre «normal y corriente, que tiene una pasión por la pintura, la literatura y la poesía». ¿Considera que sus cuadros tienen algo de poético? «Eso dicen, y yo opino lo mismo.De hecho, en muchas de mis obras he incorporado la escritura», responde.

Cabe señalar que entre la extensa oferta artística de la muestra que abrirá sus puertas el sábado a mediodía y que se podrá visitar hasta el 14 de mayo, se encuentran, además de cuadros de los tamaños más variados, libros de artista, esculturas e instalaciones. Un conjunto en el que con sus características cabezas como seña de identidad bien conocida, predominan los colores tierra, grises y ocre, pero en una de las secciones salta por sorpresa al intenso azul. Una propuesta que se complementa con una pieza audiovisual de seis minutos de duración filmada por su hijo, el realizador Macià Florit, y que sirve como encabezamiento de la exposición.