La actriz Mima Riera, muy vinculada a Menorca, abrazando a otro de los protagonistas. | La Ruta 40

Pese a que ha transcurrido ya casi un siglo desde que Thornton Wilder la escribiera, la pieza teatral «Larga cena de Navidad» no ha perdido un ápice de vigencia. La obra, en su versión en catalán, «El llarg dinar de Nadal», es sin duda una de las producciones más exitosas de la compañía de teatro independiente La Ruta 40 en sus once años sobre los escenarios. De hecho, en 2015 se alzó con el Premi Butaca al mejor espectáculo de pequeño formato. Desde entonces, con diferentes repartos, la obra prácticamente no se ha bajado de los escenarios, una ruta artística que también tiene parada en Menorca, concretamente este domingo en el Teatre des Born (18 horas).

Del actual elenco forma parte Mima Riera, actriz catalana «con un vínculo muy especial» con Menorca, donde reside buena parte del año desde hace ya mucho tiempo. A su juicio, la clave del éxito del montaje no es otro que «la conexión que tiene con el público». Hay que recordar que se trata de una obra que habla de un contexto determinado, el de finales del XIX en Estados Unidos, pero cuyo valor es que «aborda temas que nos tocan a todos nosotros, se puede decir que la familia protagonista son todas las familias. Es por ello que los espectadores se sentirán fácilmente identificados con lo que sucede en el escenario», asegura.

«El llarg dinar de Nadal» es un texto que juega de una manera muy particular con el paso del tiempo y que permite al espectador conocer cuatro generaciones de una misma familia a través de 90 cenas de Navidad, todo en ello poco más de una hora de representación. Un marco perfecto para reflexionar, además de sobre la familia, sobre la vida, la muerte «y la tragedia eterna y cotidiana del paso del tiempo», recuerdan desde la compañía.

Y todo ello con una escenografía bien sencilla, una mesa, varias sillas y dos puertas, una de entrada y otra de salida; y un elenco, dirigido por Alberto Díaz y Albert Prat, ante el reto de interpretar a varios personajes. «El espectador puede ver el paso del tiempo sin demasiados artificios, no nos ponemos pelucas ni nos disfrazamos, pasa de una manera muy sutil con el trabajo del actor», concluye Riera.