Margot Sastre, delegada sindical de CCOO en el Comité de empresa de Kraft

"No trabajamos al cien por cien porque no nos dan producción"

La sindicalista critica a la dirección de la multinacional por no haber hecho sus deberes a la hora de buscar más volumen de trabajo para la planta de Maó y por no haber invertido e innovado

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Sindicalista. Margot Sastre, secretaria del comité de empresa de Kraft en la planta de Maó

06-11-2015

Ángeles M. Obispo    Maó
Margot Sastre (Maó, 1964) secretaria del comité de empresa de Kraft en la planta de Maó, delegada estatal de CCOO y representante española en el comité europeo de la multinacional se ha convertido en la portavoz de los trabajadores en defensa de la continuidad de El Caserío en Menorca tras el anuncio de cierre por parte de la compañía. Sastre reitera que los datos económico ofrecidos el miércoles por la dirección de Kraft sólo obedecen a los intereses de la multinacional y recalca que los trabajadores manejan otros que reflejan la viabilidad de las fábricas de Maó, León y Barcelona afectadas por el plan de reestructuración presentado por la empresa. Recalca, en contra de la opinión de la compañía, que la planta de Maó trabaja a pleno rendimiento y en función de la producción existente, y al respecto, acusa a la dirección de no haber hecho los deberes en busca de un mayor volumen y de no haber invertido e innovado en los últimos años. Sastre comenta que, en los próximos días, el comité de empresa exigirá a los representantes locales y autonómicos mayor implicación en defensa de El Caserío y se muestra confiada en la continuidad de la fábrica.

La dirección de Kraft dice que la producción de la planta de Maó ha descendido un 9,6 por ciento desde 2006. ¿Usted qué opina?
Desde el comité de empresa no vamos a contrarrestar, de momento, ningún dato numérico de la empresa. La documentación se nos facilitó ayer y, como es natural, las cifras reflejan sus intereses. Nosotros contrarrestaremos esos datos del 'Plan de Racionalización de la Estructura Industrial' como lo llaman ellos, con los que tenemos nosotros. Sólo sabemos que ese plan supone algo más de 200 despidos entre las fábricas de Maó, León y Barcelona,  y los trabajadores creemos que hay soluciones para las tres plantas.

¿Ni siquiera responde al dato ofrecido por la empresa de que la planta de Maó no produce a pleno rendimiento?
Pero esto es así porque la empresa no ha hecho los deberes de buscar el volumen suficiente para que la planta produzca al cien por cien, a pleno rendimiento. Pero es que tampoco lo hace la planta de Bélgica, donde quieren llevarse la producción de aquí. Allí tampoco lo harán porque con las 12.000 toneladas que, supuestamente, se llevarán no lograrán tampoco los parámetros mínimos que fija la compañía para ser competitiva. Además, no se sabe si aprovecharán esas toneladas.

¿Insinúa que no las trasladarán?
Hay que entender que un producto elaborado en España para el mercado español en el momento que se traslada a Bélgica se encarece. Los costes de mano de obra son un 40 por ciento superiores en Bélgica, además se encarecen los costes de transporte. La distancia entre Bélgica y España es superior a la que existe entre la Península y Menorca. Por lo tanto, en un momento de crisis donde las marcas blancas, como dicen, comen mercado, se verán obligados a poner un producto en el mercado más caro por esos costes de los que hablo. No es lógico. Sin contar la posible pérdida de calidad del producto porque se hará en otra fábrica.

Dice que no comentará datos, pero ustedes siempre han mantenido que en la planta de Maó no hay crisis y que no hay justificación económica para el cierre. ¿Tienen datos que desmienten a la empresa?
Nosotros tenemos los datos del día a día, de la comparativa de los años. Está claro que el mercado ha bajado, pero lo ha hecho en todos los sitios. También en Bélgica. Entendemos que la estrategia de la empresa es errónea y no está justificada. Si quisieran mejorar, estudiarían una estrategia para incrementar el negocio, pero consideramos que esas 12.000 toneladas tampoco situarán a la planta belga en los parámetros para que sea competitiva.

Ustedes presentarán en la próxima reunión una contrapropuesta que pasa por oponerse al cierre.
Exacto y también pasa por la búsqueda de soluciones alternativas. Ellos argumentan, por ejemplo, que sobran 27 trabajadores en León y 25 en Montornés del Vallés, teniendo una plantilla de eventuales en Hospital de Órbigo y 30 en Barcelona. Nosotros presentaremos nuestros datos más otros que hemos ido solicitando con alternativas serias a las tres plantas.

La empresa volvió a reiterar que no venderá una marca que considera estratégica. ¿Esto dificulta una posible venta de la planta de Maó?
Claro. Nuestra fábrica con la marca El Caserío y con las instalaciones que tenemos sería interesante para algunos grupos fiables con interés de producir.
¿Cree que la empresa hace todo lo posible para buscar compradores?
Eso dicen, pero no tienen éxito....

¿Y qué esperan ustedes de las autoridades locales y autonómicas en este sentido?
Esperamos que pongan toda a carne en el asador y que entre todos sepamos buscar soluciones alternativas al anuncio de cierre.

¿En su opinión hacen todo lo posible?
Creo que sí. De todas formas, les exigiremos más. Sabemos que están preocupados e interesados en el tema.

¿Les consta que su trabajo no sólo se queda en buenas palabras, sino que buscan soluciones reales al cierre?
Exactamente no sabemos en qué trabajan, pero la próxima semana tendremos una reunión con representantes del Govern en Palma. Además, en los próximos días se harán públicos más números para cuantificar cuál es el impacto real en la economía de Menorca de un posible cierre.

¿Datos que facilitará el Govern o ustedes?
Posiblemente se ofrecerán conjuntamente.

De momento la empresa dice que no presentará un ERE (Expediente de Regulación de Empleo) y se plantea una negociación para cubrir su objetivo empresarial. ¿Esto es positivo o negativo, tal y como están las cosas?
Por una parte es positivo porque nos da margen para buscar soluciones ya que en un ERE sólo tendríamos 30 días para negociar y con esa presión es difícil trabajar.

¿Pero si la empresa ofrece unos datos económicos y ustedes otros, quién tendrá que aprobar el cierre?
Nosotros lucharemos lo indecible para que quienes hayan tomado la decisión de cerrar se echen atrás. Las próximas semanas nos iremos a Zurich, donde el comité europeo de trabajadores de las fábricas de Kraft en el continente se reunirá con la dirección de la empresa. Allí les diremos que es una decisión errónea y que si siguen con esta estrategia dentro de unos dos años, la fábrica de Bélgica sufrirá el mismo proceso que la de Maó.

¿Qué tipo de apoyos pueden arrancar de Europa?
Todos. El comité europeo se ha volcado con nosotros y están presionando. Hay que pensar que Kraft también está cerrando la fábrica de Rumanía. Empresarialmente parece que hay cierto descontrol. Además, la UITA (Unión Internacional de los Trabajadores de la Alimentación) ha mandado una carta a la presidenta de Kraft en Chicago solicitando que se pare el cierre de la planta de Maó.

Usted calificó un día a los dirigentes de Kraft como pandilla de especuladores.
Es que están actuando como tales. Si yo tuviera un negocio buscaría estrategias para innovar e invertir, pero no miraría cómo cerrarlo.

¿Y en la planta de Maó, Kraft ha innovado en los últimos años, ha introducidocambios para mantener la competitividad?
Desde hace un par de años han dejado de invertir.

¿Esa puede ser la causa de que no se produzca a pleno rendimiento?
Es que nosotros no somos culpables de que se trabaje a menos rendimiento, eso según sus números. Según los nuestros, los que estamos allí, trabajamos a pleno rendimiento en función del volumen que tenemos. Quienes tienen la obligación de buscarnos más volumen de trabajo son ellos.

¿Qué sensaciones hay entre los trabajadores de Maó?
Hay confianza, ganas de lucha, pero también hay los miedos lógicos de personas que no saben cuál será su futuro. Ayer [por el miércoles, día de la reunión en Madrid con la empresa] estuvieron muy nerviosos. Ya dijimos que era el primer contacto, que habría más reuniones y que no se iba a tomar una decisión, pero había muchos nervios. De hecho, tras bajar del avión tuvimos que ir a explicar a la gente del turno de noche cómo había ido la reunión.

¿Qué le comentaron?
Que sigamos adelante todos juntos para salvar El Caserío.

¿Qué opina del apoyo que la ciudadanía esta dando a los trabajadores portando el lazo verde en defensa de El Caserío?
Estamos muy agradecidos. Esto nos da fuerza. Es que no sólo hablamos del cierre de una empresa, sino del posible final de una parte de la historia de Menorca e incluso de un cambio en el medio ambiente por la transformación que puede suponer para el campo. La gente te da ánimos cuando vas por la calle y es un momento muy duro, porque lo peor que puede tener un comité de empresa para negociar es una amenaza de cierre sobre la mesa.

¿Confía en que toda esta historia quede nada más en una pesadilla?
Estoy segura de que ganaremos.

¿Aunque no haya Caserío en un futuro, sí habrá fábrica?
Si hay gente seria con un plan de producción tendremos planta. Queremos que la marca se quede, pero si no fuera posible y la alternativa también salva el campo, pues bienvenido será, y así se lo hemos transmitido a Kraft, pero de momento, la planta y la marca se quedan en Maó.

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