Luis Iván Cuende y Néstor Palao se conocieron a través de las redes sociales y ahora son socios | A.R.

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Luis Iván Cuende y Néstor Palao se seguían mutuamente por Twitter, pero no se conocían en persona. Luis, premio al mejor hacker de Europa menor de 18 años en 2011 y uno de los programadores más brillantes de nuestro país, vivía en Asturias, y Néstor, estudiante de Bachillerato y diseñador gráfico autodidacta, en Madrid. Hace poco más de un año, un tuit de Luis sobre un nuevo proyecto que tenía en manos -desarrollar un nuevo sistema operativo diferente de Windows y Mac- despertó la curiosidad de Néstor y empezaron a hablar. Se conocieron y vieron que los dos tenían muy claro que su prioridad era emprender en lugar de estudiar.

«¿La universidad?, ¿qué es eso?», se ríe Luis, que tiene ahora 19 años. Pronto se les ocurrió la primera idea de negocio: Cardwee, una aplicación móvil para recoger datos de clientes y «poder olvidarse de las tarjetas de visita de papel, que siempre se pierden», dice Palao. Cardwee no acabó de funcionar. «Estábamos demasiado enfocados a la tecnología y no sabíamos cómo vender. Nos faltaba el enfoque empresarial», reconoce Néstor. Aprendieron la lección y para montar la segunda empresa decidieron juntaron con dos socios de más edad y con más experiencia comercial. El resultado es Stampery, un sistema de certificación informática de alta seguridad para archivos digitales y correos electrónicos.

«Cualquier factura o documento digital que se envía por correo electrónico se puede manipular con Photoshop. Esto sería evitable si quedaran pruebas infalsificables de cada original», explica Néstor, CEO y co-fundador de Stampery, uno de los 20 proyectos internacionales participantes en la primera edición de Menorca Millennials, un encuentro entre emprendedores e inversores que tiene lugar estos días en el hotel de S'Algar. Luis y Néstor llevan quince días pegados a la pantalla del ordenador, sin apenas salir de la terraza con vistas al mar que sirve de oficina temporal para las start-ups de Menorca Millennials. «Más que los ordenadores, nos apasiona el potencial de lo que se puede conseguir con ellos», dice Luis, que tocó el primer ordenador con dos años.

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Explicar a un ciudadano de a pie la sofisticada tecnología de certificación de documentos que utilizan, conocida como blockchain, es todo un reto, pero ambos hacen un esfuerzo: «cuando envías un email o un documento adjunto, éste queda automáticamente guardado en nuestra plataforma, protegido a posibles ataques gracias a una red de potencias informáticas totalmente blindada a cambios (el blockchain)», explica Néstor. Y aclara: «para poder hackear este documento durante sólo diez minutos, necesitarías acumular la misma potencia informática que toda la red junta, el equivalente a unos 900 millones de dólares en poder computacional, y eso es imposible».

«Este método nos sirve para garantizar que se trata de pruebas válidas y hábiles, y que pueden tener validez ante juicio, por ejemplo», comenta Néstor. De hecho, en Estados Unidos ya hay tribunales que han aceptado como pruebas documentos certificados por este sistema, añade Luis, quien tuvo la idea de crear Stampery. «Fue por necesidad propia. Un antiguo colega borró mi nombre de un artículo que habíamos escrito juntos y me acabó robando una idea de negocio. No pude demostrar que había borrado mi nombre del documento original», se lamenta Luis.

Desde que lanzaron el producto hace un mes y medio, Stampery ha ido obteniendo cerca de 200 usuarios, principalmente abogados. De momento, la aplicación es gratuita, con una capacidad máxima de almacenaje de archivos. Su objetivo es ahora levantar una ronda de inversión de 300.000 euros para reclutar talento en sus oficinas de Madrid y expandir el negocio. «El reto es que los inversores españoles suelen invertir cantidades pequeñas. No entienden que si no piensan en grande como hacen en Estados Unidos enseguida saldrá un competidor que llegará antes que tú al mercado», dice Néstor.