Menorquins al món

Esperanza Sans Capó: «Mis hijos se han beneficiado de diferentes culturas»

Su matrimonio con un militar de la base de S’Enclusa ha llevado a esta ‘ciutadellenca’ a recorrer el mundo

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Hermanas. De izquierda a derecha, Rosa, Gloria, Esperanza, Mari Neus (sentada) y en el centro su madre, Nieves Capó Barceló

Hermanas. De izquierda a derecha, Rosa, Gloria, Esperanza, Mari Neus (sentada) y en el centro su madre, Nieves Capó Barceló

21-01-2016 | E.S.

Esperanza Tobar (Sans Capó en su nombre de soltera) ha vivido en varios estados norteamericanos y también en distintos países europeos; allá donde existía una base militar su familia, la que formó con su marido Ray Tobar, podía ser destinada. Corría la década de los 60 del siglo XX, años de guerra fría, de conflicto entre bloques capitalista y comunista, de efervescencia musical en el mundo del rock, de dictadura en España y de presencia norteamericana en Menorca, concretamente en Ferreries.

Allí comenzó la historia que ahora trae a Esperanza Sans (Ciutadella, 1945) a esta sección, solo que como otros que marcharon en esa época, lo hizo sin teléfonos móviles, whatsapp o skype con el que mantener lazos más fácilmente. Viajó con la confianza de su juventud y del proyecto que iniciaba junto a su marido, con quien pronto celebrará sus bodas de oro.

¿Cómo fue su primer encuentro?
— Conocí a Ray en junio de 1965, durante las fiestas de Sant Joan en Ciutadella. Le habían mandado destinado desde California a la base americana en Ferreries. Los militares que había allí eran unos veinticinco, que estaban en la montaña durante 15 meses con la posibilidad de seguir si lo pedían. Eso es lo que hizo Ray, al cabo del tiempo, pues nos casamos casi un año y medio después de habernos conocido.

Y en aquella época ¿usted ya se defendía en inglés?
— Sí, lo había estudiado unos tres años y me fue bien, ¡quién me iba a decir que sería tan importante en mi vida haberlo estudiado!

Tenía entonces 20 años ¿a qué se dedicaba?
— Mi padre tenía un almacén de comestibles y yo le ayudaba, ya que salía a vender a las tiendas. De aquello años guardo también recuerdos agradables como cuando fui a la Feria del Libro a Madrid y pude conocer a un montón de gente famosa. También trabajó conmigo en la feria mi hermana Mari Neus, algo que sí me pone triste recordar porque ella ya falleció.

¿Cómo surgió esa oportunidad?
— Nuestra prima estaba casada con el escritor José Antonio Vizcaíno, premiado por Alfaguara, y la editorial necesitaba ayuda vendiendo libros en la caseta de los Cela. Nuestros padres nos animaron a ir porque pensaban que podíamos aprender y conocer escritores y artistas, y así fue, porque Camilo José Cela, que entonces aún no era Premio Nobel, venía a menudo a firmar libros. ¡Estábamos entusiasmadas!

Conocer al que sería su marido dio un giro a su vida, a partir de entonces le tocó viajar...
— Sí, nos casamos en noviembre de 1966 y en octubre de 1967 nació nuestro hijo David. En diciembre de ese mismo año nos fuimos a Estados Unidos. Fue difícil dejar a mi familia, soy la mayor de seis hermanos y todos nos quedamos tristes. Además esa era la época de la guerra del Vietnam, mi marido se ofreció como voluntario y le mandaron a Thailandia, no sin antes dejarnos a mi y a nuestro hijo David en Menorca. Eso fue a principios de 1969.

Supongo que sería un momento complicado...
— Sí, fue difícil, tengo mucho que agradecer a mis padres y hermanos que me ayudaron mucho en aquellos tiempos.

Su marido regresó y siguieron los traslados. Alemania, Reino Unido, Italia ¿no se cansaba de las mudanzas?
— La verdad es que no era difícil mudarnos de un país a otro, porque al hacerlo siempre vivíamos cerca de alguna base americana. Tanto en un destino como en otro, encontrábamos tanto gente del país como americanos, así que eran dos culturas, la americana y la local. El gobierno de Estados Unidos iba moviendo nuestros muebles y enseres personales de un estado a otro y de un país a otro. Cuando estábamos en Europa, siempre acabábamos pasando el verano en Menorca. También intentábamos ir a la Isla cuando vivíamos en Estados Unidos.

¿En cuántos lugares residió?
— En California vivimos unos cinco años, también estuvimos en Arizona y Michigan. En Europa vivimos tres años en Inglaterra, otros tres en Italia y tres más en Alemania. A mí me gustan mucho los idiomas, y por ejemplo el italiano me resultó fácil, no tanto el alemán. Una vez se retiró mi marido volvimos a Menorca, a Ciutadella, y fue un placer estar con mi familia. Nos quedamos allí seis años, y regresamos a Estados Unidos para estar junto a nuestros hijos y nietos.

¿Cómo se tomaban sus hijos todos esos cambios de residencia?
— Tanto David como Alex fueron acostumbrándose a nuestros traslados. No se vuelve a la misma base a menos que haya un opening, o sea una apertura en el tipo de trabajo de cada militar, así que... todo depende de cómo te lo tomas y de cómo los hijos se conforman y aclimatan a los cambios. Sin duda yo creo que nuestros hijos se beneficiaron de la cultura de todos esos países, experimentando su gastronomía, aprendiendo los idiomas... hemos sido muy felices.

Ellos han seguido en parte la carrera de su padre ¿no es así?
— Mi hijo David se retiró con el grado de teniente coronel de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos y estuvo ocho años en el Pentágono; en la actualidad trabaja como ingeniero de operaciones de computadoras para la Universidad de Carnegie Mellon (Pittsburgh, Pensilvania), donde se había graduado. Su hermano Alex trabaja como teniente de policía en el departamento de Savannah, Georgia, que tiene 600 oficiales.

¿Guardan el vínculo con sus orígenes menorquines?
— Sí, en 1979 regresamos a Menorca y los dos fueron a la escuela allí, no fue un problema porque hablaban el menorquín y el castellano. A finales de 1980 nos mandaron a Inglaterra y ellos ya hablaban inglés, y cuando estuvimos en Italia fue maravilloso, el italiano se parece al catalán, nos entendíamos. En Nápoles había una base americana grande y allí fueron David y Alex a la escuela, que también era americana. Cuando nos mandaron a Alemania el mayor ya estaba en la universidad en Pittsburgh y el pequeño fue a la Universidad de Maryland en Munich.

¿Y usted? ¿Pudo trabajar en algo que le gustara?
— Los primeros años no trabajé. Lo primordial para nosotros era que nuestros hijos me encontraran en casa a la salida de la escuela. Pero cuando nos fuimos a vivir a Athens, Georgia, y nuestros hijos ya eran mayores, decidí trabajar y lo hice en una conocida joyería, una cadena de tiendas, Kay Jewelers. Cuando nos mudamos a Florida seguí en la misma compañía, estuve con ellos unos 14 años. Antes había completado mis estudios de high school (bachillerato) cuando vivíamos en Michigan.

Lleva más de 48 años en Estados Unidos y viajando por el mundo ¿de dónde se siente?
— Estamos en Estados Unidos porque tanto mi marido como mis hijos son americanos. Yo sigo con mi pasaporte español pero aquí están los hijos y nietos, eso tira mucho. Me siento ciudadana de los dos países.

¿Cómo es ahora su vida en Florida, más reposada que años atrás?
— Estamos en Valrico, que está a unos 25 minutos al este de Tampa (Florida). Llevamos aquí unos nueve años y es bonito, con un clima magnífico; otra razón por la que nos gustó es porque a tres horas de aquí está San Agustín, donde hay descendientes de menorquines. Aquí se vive bien, hay mucha vegetación, estanques y lagos, lo que va bien porque el verano es largo y caluroso. También tenemos muchos restaurantes hispanos, Cuba no está lejos y quien sabe si vendrán más cubanos cuando la situación se acabe de arreglar, ahora depende de ellos...

¿Sigue la actualidad política, cómo va el proceso electoral en Estados Unidos?
— Aquí también se habla mucho de política en los medios, como en España, yo sigo todo lo que sucede allí, veo TVE. En EEUU el proceso para elegir representante de cada partido, demócratas y republicanos, es largo, puede durar más de un año. Este sigue siendo un país de oportunidades, especialmente para jóvenes con estudios y mucha gente llega cada año con la idea de quedarse. Así lo han hecho más de 13 millones de personas en los últimos años, a los que Donald Trump quiere echar si gana la presidencia.

¿Y qué le parece?
— Parece imposible porque no saben quiénes son los que están aquí ilegalmente, y si se han quedado es porque alguien les ha dado trabajo, pero Trump aún no ha ganado, puede cambiar la situación.

¿Y qué le apetece hacer ahora que está jubilada?
— Mi ilusión es seguir viajando, en noviembre celebraremos las bodas de oro y pensamos invitar a nuestros hijos y nietos a celebrarlo en Disney World.


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Toni
Hace más de 3 año

a ver si estos Sres. fetichistas, E INMOVILISTAS, EDUCADORES de las lenguas, CATALAN, ESPAÑOL, INGLÉS, ETC., ¿se dan cuenta que hoy se está en una universalidad? y si las lenguas tienen que ser un vehículo de comunicación, no de separación, POR CUALES NOS DECANTAREMOS?. Esta familia afortunadamente conoce la universalidad. MOLT BÉ!

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Joana Isabel
Hace más de 3 año

N'Esperença....Sa primera mestra d'anglès que vaig tenir....Sempre m'he recordad d'ella.....Tan simpàtica.... Veritablement que coneixer altres cultures enriqueix i alla on ets ....en certa manera "es ca teva"...encara que no hi hagis nascut....S'adaptació és molt important perque et sapin acullir....Crec que n'Esperança ho ha aconseguit açò.

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Bep
Hace más de 3 año

M´ha alegrat veure aquesta entrevista i al seu fill en David que vam anar una temporada junts a l'escola d'es Born, ara fa uns quants estius que no el veig, però m'enrecord molts del seu "accent americà" mentre em xerrava amb menorquí, una abraçada per tots desde Ciutadella.

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Pedro C.
Hace más de 3 año

Totas molt guapas i agradossas

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Nana
Hace más de 3 año

Que recuerdos me han traído,el padre de mi marido trabajaba en la Base de Ferreries como mecánico.

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