Menorca Mao Sa Granja Pacte Milá | Javier Coll

Dar valor al producto local y potenciar su comercialización es la base fundamental de una política alimentaria sostenible, que el Consell promueve tras su reciente adhesión al Pacto de Milán, un acuerdo internacional que busca, entre otros objetivos, reducir el desperdicio de alimentos y, en el caso de que ya no puedan servir para el consumo, lograr su máximo aprovechamiento a través del reciclaje de materia orgánica.

«Este es un punto muy importante en el Pacto de Milán porque se está detectando, y no es nuevo ni pasa solo aquí, que hay una buena parte de alimentos que se producen que acaban en la basura», asegura Núria Llabrés, representante en Menorca de Veterinarios Sin Fronteras (VSF) Justicia Alimentaria Global, quien ayer participó en Sa Granja en la presentación por parte del Consell de la nueva estrategia para desarrollar sistemas alimentarios sostenibles, en la que la institución quiere implicar a ayuntamientos y a entidades ciudadanas. De hecho, Obsam y la asociación de gastronomía y cultura Fra Roger, que suscribieron la «Declaración de Mongofra» de 2015 en favor del uso y consumo del producto local, han sido precursoras y apoyan la línea emprendida por el Consell para realizar un diagnóstico de las políticas alimentarias en la Isla y coordinarlas, trazando una estrategia común. Una de las líneas a trabajar es la de evitar que comida que podría utilizarse acabe en la basura normalmente por una mala organización.

Tanto el conseller de Medio Ambiente, Javier Ares, como el director insular de Medio Rural y Marino, Miquel Truyol, señalaron que la idea es coordinar las políticas alimentarias que desarrollan actualmente las administraciones y la sociedad civil por separado, y la elaboración de un diagnóstico de la situación. Amparar dichas acciones bajo el Pacto de Milán y crear un espacio de asesoramiento y participación, un Consell d'Alimentació, sería un siguiente paso, con la colaboración de Justicia Alimentaria Global VSF. Para ello el Consell ya ha recabado una ayuda de 20.000 euros de la Fundación Carasso.