Una de las imágenes de desperdicios acumulados junto a los contenedores de la plaza Bastió

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El Ayuntamiento de Maó ha comunicado a los comercios y vecinos de la plaza Bastió que en los próximos días procederá a eliminar los contenedores de este espacio. Todos. Soterrados y en superficie. La razón de esta decisión es el mal uso que se hace de estos recipientes, puesto que es frecuente que los desperdicios se acumulen a su alrededor sin ningún criterio de separación y en horarios que no son los permitidos.

La teniente de Alcaldía responsable de Medio Ambiente, Conxa Juanola, es contundente al afirmar que «es un desastre, por el incivismo y el descontrol por parte de tiendas y bares de la propia plaza». Explica que a cualquier hora se ve basura junto a los contenedores (no dentro) y mal separada, «por parte del servicio de recogida están desesperados». A cualquier hora se produce esta situación anómala, argumenta.

Juanola comenta que no se actúa a la ligera, que se han mantenido reuniones con los implicados para intentar solventar el problema pero sin efectividad. Además cuenta con infinitas fotografías que evidencian el mal uso de los contenedores y, explica, el análisis de algunos materiales desechados demuestra que proceden de establecimientos de la propia plaza. «Los domingos por la mañana, por ejemplo, es una verdadera vergüenza, haría falta tener allí un policía todo el día para evitarlo».

Antes de las fiestas

La previsión era que las obras de retirada y clausura del grupo de contenedores de la plaza Bastió empezaran este viernes y estén listas antes de las fiestas de la Mare de Déu de Gràcia. A partir de entonces, la basura convencional pasará a recogerse puerta a puerta, cada día, en un horario concreto, con bolsas bien cerradas frente a cada inmueble, de forma que se pueda controlar quién no cumple la norma. El cartón y el vidrio contarán con un servicio de recogida periódico (ya existente para los comercios del municipio en el primer caso) y Juanola reconoce que queda sin resolver la recogida de envases ligeros, para los cuales los vecinos y establecimientos deberán desplazarse hasta los contenedores amarillos más cercanos.

Juanola admite que es una decisión complicada, que algunos vecinos saldrán perjudicados al tener que desplazarse para depositar sus residuos separados en origen, pero que no se puede tolerar más la imagen que se está ofreciendo hasta ahora en un punto de la ciudad que es un polo de atracción para los visitantes, a pocos metros del único vestigio que queda de la antigua muralla de la ciudad, el Pont de Sant Roc. Además, «simplemente es un avance de lo que vendrá dentro de poco, la recogida puerta a puerta en toda la ciudad».