Daria Iegorova se declara una gran enamorada del estilo de vida mediterráneo y le gusta disfrutar de la naturaleza de la Isla. | @MADCITYLIFE

La ficha

Nació el...
— 12 de agosto de 1979, en Kiev (Ucraina).

Actualmente vive en...
— En Maó.

Llegó a Menorca...
— Hace cinco años, aunque antes viajaba a España con asiduidad por negocios.

Estudios y profesión
— Dirección de empresas, tiene un negocio comercial en Kiev.

Familia
— Una hija de 22 años.

Su lugar favorito de la Isla es...
— Una pequeña cala junto a Binimel·là.

Los lazos con España por motivos profesionales, con numerosos viajes a Valencia, hicieron que Daria se planteara tener una casa para ir de vacaciones. Sin embargo, ni se imaginaba que acabaría en un lugar como Menorca y estableciendo aquí su primera residencia. Una semana de vacaciones con su hija en la Isla tuvo la ‘culpa’.

¿Qué fue lo que le conquistó de este lugar para mudarse?
—Puedo decir que fue como un amor a primera vista. Cuando vine la primera vez pensé que un día, cuando ya no trabajara, me gustaría vivir aquí. Y al día siguiente pensé que no quería esperar tanto (risas). Llegué en junio de vacaciones y en septiembre regresé a pasar otra semana.

¿No pudo esperar?
—No. El caso es que tenía una casa de vacaciones en Crimea, y por aquel entonces Ucrania ya tenía problemas por ese territorio con Rusia, y no podía pasar tiempo allí. Decidí que podría vender esa casa, si tenía suerte, para comprarme otra aquí. Así que regresé para conocer algo más la Isla y averiguar si de verdad quería estar en Menorca.

¿Salió de dudas?
—Sí, me di cuenta de que todavía tenía incluso más ganas de venir. Por eso regresé también al año siguiente, y ya tuve totalmente claro que quería comprar una casa en Menorca, en principio para pasar aquí los veranos.

¿En que trabajaba entonces?
—Trabajaba y trabajo, sigo teniendo una tienda en Kiev en la que vendo artículos de Lladró. Por eso viajaba mucho a Valencia, donde está la sede. Actualmente se puede decir que Menorca es mi principal hogar, ya que paso más de la mitad del año viviendo aquí. Al final compré una casa bastante antigua en el centro de Maó con la idea de reformarla. La adquirí un mes de abril y en junio vine con la idea de pasar una semana y poner el proceso en marcha y al final me tiré hasta noviembre (risas).

¿Pero consiguió hacer la reforma?
—Sí, pero mucho después. Me vine con una maleta, un colchón hinchable y un hornillo para cocinar. La verdad es que no necesitaba muchas cosas para encontrarme bien aquí, así que con una visita a Ikea lo arreglé.

Sin conocer a nadie y no tener un trabajo aquí, fue una decisión un tanto arriesgada. ¿Cierto?
—Sí, pero hay que pensar que todo comenzó con la idea de tener aquí un lugar en el que pasar las vacaciones, lo que pasa es que luego los periodos se han ido alargando. La verdad es que al principio ni me imaginé que iba a pasar más tiempo aquí que en Ucrania. La ventaja es que desde aquí puedo trabajar en mi negocio, pero claro, a veces es necesario viajar a Kiev para estar al tanto de todo.

¿Cuántos meses pasa exactamente al año en Menorca?
—Entre siete y ocho; casi de forma ininterrumpida desde junio hasta noviembre. Sin embargo, en diciembre siempre estoy porque tengo mucho trabajo, allí es temporada alta; luego en los meses de invierno y primavera voy y vengo varias veces.

¿Temporada alta en diciembre?
—Sí, por la campaña de regalos.

¿Qué tienen esas figuras tan famosas, y no precisamente baratas, que gustan tanto fuera de España?
—Yo creo que en Ucrania tenemos una gran costumbre de decorar nuestras casas, para nosotros es muy importante.

¿Considera que en España no nos preocupamos tanto de ese aspecto?
—No tanto. En Ucrania, si tienes casa siempre quieres tener una buena decoración.

Vamos, que allí no se arregla con un viaje a Ikea.
—En Ucrania aún no tenemos Ikea (risas), llegará este año. Pero hay que decir que tenemos esa cultura del gusto por la porcelana. Creo que es un producto muy especial porque aúna, a mi juicio, decoración y arte.

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¿Qué pensó su familia cuando le comunicó que se venía a vivir aquí?
—Mi hija estudia en Madrid, y para ella es mucho mejor por la cercanía; y a mi madre también le parece bien ahora, ya que viene a pasar temporadas, cada año está esperando para poder venir. Mis amigos también están contentos porque vienen de visita, así que todo el mundo contento (risas).

Veo que está muy enganchada al estilo de vida mediterráneo.
—Aunque es muy diferente, sí. Me gusta la naturaleza, la tranquilidad y la gente, la comida, el aire, el Camí de Cavalls.

Y con un clima radicalmente opuesto.
—Sí, pero para mí el verano es perfecto; el invierno no lo suelo pasar aquí entero, pero sí que acuso un poco el tema de la humedad. En la casa de Kiev paso menos frío que aquí (risas). No creo que haya algo que no me guste de la vida en Menorca. La verdad es que no echo de menos cosas de mi país porque puedo volver con facilidad, y allí tengo a mis amigos de toda la vida. Por cierto, dos de ellos está a punto de venirse a vivir aquí y se han comprado una casa.

¿Y eso?
—Vinieron de visita y les gustó. Estaban buscando un lugar donde vivir después de haber pasado muchos años de su vida viajando. Estaban entre Italia y España, y al final se han decantado por Menorca. Fue ver a la Isla y decidirlo.

¿En su caso qué fue lo que más le impactó en su primera visita?
—Fue una sensación en general. Me gustó el hecho de estar en el centro de Europa en una especie de paraíso. Representa una buena combinación de naturaleza y civilización. Aquí tienes de todo, y además un mar precioso.

¿Considera que conoce la Isla a fondo?
—Sí, creo que conozco bastante la Isla. Tengo amigos menorquines que la conocen menos que yo (risas). La primera semana que pasamos de vacaciones nos quedamos en Ferreries, pensamos que instalarnos en el medio de la Isla sería una buena opción por la comodidad. Como mi hija es muy activa y no le gusta ir a la playa, pues en una semana recorrimos muchos rincones.

¿Por qué se decantó por Maó para vivir?
—Cuando vendí la casa en Crimea hice un viaje de dos semanas para estudiar dónde podía comprar, porque no tenía muy claro lo que quería. En ese tiempo vi un montón de propiedades, de todos los tipos y de muchos lugares diferentes, volví a recorrer la Isla. Y al final, Maó, por sus características, me pareció la mejor opción; como ciudad me gusta más ya que no es un sitio tan turístico como por ejemplo Ciutadella.

¿Es Menorca un lugar conocido en Ucrania?
—Nadie sabe dónde está. Cuando digo que tengo una casa aquí todos piensan que es Mallorca. Solo conocen Mallorca e Ibiza.

¿Usted qué sabía de Menorca?
—En Valencia tengo muchos amigos españoles y cuando hablábamos de viajes ninguno había estado nunca en Menorca. Me decían que tenía fama de ser una isla más tranquila y virgen, así que a mí me picó la curiosidad.

¿Cómo se las arregla para llevar el negocio desde aquí?
—Es complicado; para el negocio sería mejor si yo estuviera allí. Pero siempre hay que elegir, es mi vida y Menorca es un lugar que me hace feliz. Soy de una ciudad grande en la que la vida suele ser un tanto caótica, en la que siempre se va corriendo a los sitios y con prisa, y aquí tengo la sensación de que puedo sentir cada día que vivo, y puedo sentir que soy feliz.

¿Cómo están las cosas por Ucrania?
—Allí las cosas siempre están complicadas, no nos aburrimos. Estamos aún en guerra con Rusia. Oficialmente Crimea es una península ucraniana, pero en la realidad no es así porque está ocupada y no podemos hacer nada. También tenemos presidente nuevo.

Y muy mediático. ¿Qué le parece su papel?
—Siento como si estuviera viendo un espectáculo muy malo. En un país como Ucrania, con unos vecinos tan peligrosos y en una guerra, tener un presidente cómico sin conocimientos y experiencia no me parece una buena idea.