Menorquins al món

Joan Nuevo Verger: «El básquet ha hecho fácil mi adaptación»

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Joan Nuevo, en cuclillas, dando instrucciones a los jugadores sub-16 del Kungsbacka Basketklubb.

Joan Nuevo, en cuclillas, dando instrucciones a los jugadores sub-16 del Kungsbacka Basketklubb.

La ficha

Lugar y año de nacimiento: Alaior, 14 de febrero de 1999

Formación académica: Instructor de fitness. Cursa un máster online de Fitness y Salud en el centro Five Stars Fitness

Ocupación actual: Jugador de baloncesto del club Kungsbacka, en el que también es entrenador de sub-16, director técnico y árbitro.

Vive en: Kungsbacka, suroeste de Suecia

Su objetivo es: «Seguir aquí, estoy cómodo, me va bien y tengo proyectos en marcha»

Jugó hace dos años con el Bàsquet Menorca en Liga EBA y ahora ocupa la posición de base en el Kungsbacka Basketklubb, un equipo de la tercera división de baloncesto sueca (equivaldría a la Primera Balear). «También soy director técnico del club así que estoy supercontento», afirma Joan Nuevo Verger. Su aterrizaje en Suecia no ha podido ser más satisfactorio, tanto que ahora mismo, se ve perfectamente residiendo en el país nórdico en el futuro. «Estoy cómodo, tengo proyectos en marcha y me gusta su cultura», explica, «al principio son fríos pero una vez les conoces, lo dan todo, eso te hace sentir bien». Aunque en su decisión pesaron cuestiones personales –su pareja, Lisa, es sueca–, en el cóctel que le impulsó a dejar España entraron también las posibilidades laborales y el gusanillo de vivir una aventura. Con solo 20 años puso rumbo al norte, a una pequeña ciudad próxima a Gotemburgo, la segunda urbe más poblada del país después de la capital, Estocolmo.

¿Cómo surgió la idea de marcharse a Suecia?

—Estaba trabajando en un hotel de 4 estrellas en La Gomera, en Canarias, como director de fitness, y conocí a mi novia, que pasaba sus vacaciones. En un principio nos quedamos a vivir allí pero luego el trabajo no pintaba y eso se unió a que hacía tiempo que me apetecía probar y salir de España. Como ella es sueca, decidimos probar en su país, ya que teníamos casa y el apoyo de su familia. Fue un mezcla de razones.

Tras su paso por el baloncesto unió deporte y turismo ¿Cómo fue esa experiencia?

—Fue buena, ya tenía experiencia como instructor de fitness en Menorca, en el hotel Royal Son Bou. Entonces estaba en la plantilla de animación y realizaba también las actividades dirigidas. En Canarias solo hacía fitness, teníamos entrenamientos personales, TRX (entrenamiento en suspensión), Crossfit y HIIT (entrenamiento de alta intensidad a intervalos).

Y ahora vuelve a pisar la pista de baloncesto ¿cómo va su equipo?

—Bien, ahora mismo estamos en cabeza. Llevamos seis partidos, cinco victorias y una derrota. La intención del club es subir a segunda división, lo intentó hace un par de años, no fue bien, y esta temporada parece que sí, que estamos en ello. Es el objetivo de este año, subir a la segunda liga, que vendría a ser como la EBA.

¿Cómo es el juego en Suecia? ¿Qué nivel ha encontrado?

—En nuestra división físicamente es superior, mucho más rápido y un juego más duro, pero técnicamente inferior, en lo que son los conceptos tácticos. Te encuentras muchos equipos jóvenes altos y rápidos; yo mido 1,85 y en España estoy sobre la media, aquí eso es la media y rozando casi el ser bajito. Hay que ganarles con mucha cabeza, también en la parte física claro, pero sobre todo ver en qué flojean para atacarles ahí.

Además de contar con su pareja ¿el club ha sido un punto importante en su integración?

—La familia me ha facilitado mucho las cosas, conocer los lugares, cómo buscar trabajo..., el tema del club por ejemplo me lo recomendaron ellos. Pero en cuanto a integración, creo que lo que me ha ayudado más ha sido el baloncesto. La gente del club me ha dado un montón, estoy agradecido a todos, porque han hecho la adaptación muy fácil. Hablo muy poquito sueco, utilizo el inglés, y he tenido la gran suerte de que he encajado. En el club se me cuida y fui acogido con mucho cariño.

Incluso le entrevistaron para el periódico local, «Norra Halland» ¿se ha hecho conocido?

—¡Eso si que no me lo esperaba! Supongo que el esfuerzo y el trabajo realizado en el club están dando resultados y se fijaron en mí. Es un diario que trata mucha información deportiva y cultural, el más importante en esta zona.

Aún así no es el único balear en esas tierras ¿no es así?

—No (ríe), fue muy curioso encontrarme en el club con una familia en la que el padre es mallorquín, aunque llegó a Suecia muy niño. También me he encontrado muchos españoles en el mundo del baloncesto. Hay un árbitro profesional de la primera liga que es andaluz y cuando me lo encontré, me dijo que quedaba cada lunes en Gotemburgo para jugar a básquet.

En lo referente al clima ¿también la adaptación es buena?

—Esta semana estamos un poco mejor, pero la pasada la temperatura no pasó de los 2 grados y estuvimos a menos 7 y había nevado. Sí, hace frío, pero personalmente paso más en Menorca, con el viento y la humedad. Aquí te pones el gorro y una buena chaqueta y estás bien. Lo que es peor es la oscuridad, anochece muy pronto, hay como mucho cuatro horas de luz. Pero en el interior todo está acondicionado, todo es de madera, calentito, siempre hay chimeneas y calefactores..., todo está muy preparado para el frío.

¿Dónde reside?

—El tema de la vivienda está complicado. Nosotros vivimos en una casita independiente que está dentro de la parcela de la casa de los padres de Lisa.

¿Ha podido hacer turismo por el país, conocerlo?

—En agosto me fui con el club a Estocolmo, hicimos un clinic de baloncesto, con gente de la NBA, ¡fue una pasada! Aunque no teníamos mucho tiempo para salir, sí pude pasear por la ciudad para ver el castillo real, el teatro donde se entregan los Premios Nobel..., me pareció muy bonito. Y en la zona en la que vivo hemos ido a visitar algo que me interesa y me intriga muchísimo, que son las runas vikingas (las letras utilizadas en lenguas germánicas, principalmente en Escandinavia, grabadas en monolitos o pequeñas fichas de piedra o de madera). Llevo una runa tatuada en la mano (una brújula) desde mucho antes de saber nada de Suecia ni pensar en que iba a venir. Fuimos a ver runas y también iglesias, me gustó mucho, puedes sentir el corazón de la ciudad y de los pequeños pueblos viendo sus iglesias. Pero sobre todo he visto mucho campo, mucho verde.

¿Por qué le atraen las iglesias?

—Soy cristiano creyente, aunque no ‘cerrado’ –matiza–, y salgo en la Semana Santa de Maó, con toda mi familia. (Joan es cofrade de La Soledad desde que era un niño). Aquí la mayoría de la gente es atea, agnóstica o aquello de ‘creo en algo’ pero nada más, y una minoría son cristianos protestantes, no es el mismo tipo de iglesia, pero en su arquitectura me parece ver cómo era la gente; y estar en una iglesia me transmite seguridad y saber cómo piensan.

En el trato ¿cómo encuentra los suecos?

—En el club todos son muy simpáticos conmigo, pero en general la mayoría son fríos, muy educados, hay ciertas cosas que, si haces una broma de cachondeo o subida de tono, se la pueden tomar mal, son estrictos.

¿Se ve en el futuro próximo viviendo allí? ¿Cuáles son sus planes?

—Me voy a quedar, por ahora me va muy bien. El baloncesto está evolucionando, hay muchos proyectos que tengo mucha ilusión por llevarlos a cabo, tanto con el club como con la federación sueca de básquet –está ya ligado a ella–, y me siento cómodo. Me gusta la cultura, aunque sean fríos la verdad es que cuando establecen una relación con alguien, ya sea de amistad o de otro tipo, dan todo por ti y tú lo das por ellos. Te hace sentir muy bien y si las cosas funcionan, eso me anima a pensar en quedarme.

¿También en estas fechas navideñas?

—No puedo salir por trabajo, pero también tengo ganas de vivir mi primera Navidad aquí, una de esas de frío ‘de verdad’ con todo nevado, a ver cómo es.

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