Los restaurantes han suplido con terrazas el recorte del aforo en su interior | Gemma Andreu

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Menorca quiere turismo sin turistas, pero contradiciendo la atinada frase de Iñaki Gabilondo, este anómalo verano ha traído más turistas que turismo. Son varias las empresas de distintos ramos que declaran haber trabajado igual o algo más que otros años, aunque al ser una temporada que comenzó en julio y que trae mucha incertidumbre pasado agosto, la facturación desciende en todos los casos.

«Los que trabajamos con españoles hemos tenido el mismo negocio», afirma Martín Sintes, de Dia Complert, empresa de excursiones y actividades náuticas de Fornells. Julio y agosto han tenido el mismo comportamiento de clientes, pero se perdió el volumen de escolares del País Vasco, Madrid y Barcelona que llega en mayo y que supone un 30 por ciento del negocio anual.

El fenómeno del turismo nacional lo destacan también en Cavalls Son Àngel. «La temporada es muy corta y ha desbaratado todos los parámetros, el 90 por ciento de la clientela era extranjera y este año ha sido nacional», comenta Catalina Florit, quien destaca que el español ha venido con más poder adquisitivo y que el trabajo no para desde mediados de julio.

Han venido con más presupuesto y más predispuestos a gastar, «no me preguntan por el precio de las botas», dice a modo de ejemplo. Interpreta que son familias o grupos con vacaciones más caras planificadas en el extranjero y las han adaptado por la pandemia a un destino más seguro como Menorca. La empresa de excursiones ecuestres ha mantenido precios y a pesar de un buen mes y medio perderá facturación porque ya no confía en septiembre.

Como tantos otros negocios, ha perdido el trabajo de abril, mayo y junio por el confinamiento de sendos grupos de japoneses, mexicanos, brasileños y estadounidenses.

De Estados Unidos había empezado a llegar turismo en los últimos años a los hoteles de interior Tres Sants de Ciutadella, una línea que ha quebrado el coronavirus. La facturación bajará en este caso entre el 50 y el 60 por ciento, solo ha habido clientela española y francesa y aun manteniendo los precios, ha tenido que echar mano de ofertas y promociones.

Binigaus Vell ha alcanzado un pico de ocupación del 60 por ciento, pero la media de julio y agosto baja el 50 por ciento, informa Andreu Bosch, director del establecimiento, quien destaca la fidelidad, «ha venido sobre todo el cliente habitual, han predominado el español y el francés».

La fidelidad es la misma característica que destaca Jaume de Febrer, de Alcaufar Vell, que mantiene reservas hasta el 10 de octubre con una ocupación prevista del 35 por ciento en las próximas semanas. «El 70 por ciento de nuestros clientes son repetidores», comenta. En julio alcanzó una media de ocupación del 55 por ciento y agosto ha tenido tres semanas con días de plena ocupación, aunque la media final se quedará en el 75 por ciento.

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Su mayor sorpresa ha llegado en el restaurante, con más demanda de la prevista. De Febrer reconoce que ha sacado a toda la plantilla del ERTE y ha contratado a más personas, «hemos salvado los recursos humanos, que es muy importante», añade. Estima que obtendrá la misma rentabilidad, no ha tocado los precios, aunque las reservas directas y personalizadas han tenido mejor trato económico.

La caldereta, la reina

Los restaurantes especializados en la caldereta de langosta han mantenido el tirón y el precio, ha vuelto a ser la reina del verano, según confirma Silvio, de Es Cranc de Fornells. El turismo nacional es clave en ese producto.

Los protocolos sanitarios les han obligado a reducir el aforo, a utilizar terraza y a establecer dos turnos en los servicios de almuerzo y cena, «hemos llenado igual, pero se nota la caída de la última semana de agosto, septiembre es pura incógnita», dice.

Comercio, luces y sombras

En el comercio tradicional las sombras son generales. La pérdida de masa turística conlleva menos presencia en la calle y menos clientes en las tiendas. Lo reconoce Miquel Pascual, gerente de Abarcas Mibo, «la fábrica va bien porque tenemos un 60 por ciento de exportación, pero las tiendas están facturando un 40 por ciento menos que el año pasado», aunque ha sacado al personal del ERTE. Agosto se ha medio salvado «y en septiembre cerramos algunas tiendas, la dependencia del turismo es total y este año no hay», justifica.

Sa Gelateria, negocio plenamente veraniego con varias tiendas también pierde la mitad de la facturación. «La nuestra es una venta de impulso, si no hay gente no hay impulso», relata Aina, la propietaria.

Ciclos Tramuntana, con una flota de alquiler de 50 bicicletas, afirma haber tenido más demanda que el año pasado, sobre todo de turistas españoles, aunque solo para una jornada, mientras que antes eran para 4 o 5 tanto de montaña como de carretera.