Cuando soplan vientos de norte y sobre todo de noreste, es decir desde la central térmica del puerto hacia la ciudad, los valores de dióxido de azufre (SO2) y de óxidos de nitrógeno (NO y NO2) se disparan | Gemma Andreu

La dirección del viento está directamente relacionada con los niveles de contaminación que se registran en las estaciones de medición ubicadas en el entorno de Maó. Cuando soplan vientos de norte y sobre todo de noreste, es decir desde la central térmica del puerto hacia la ciudad, los valores de dióxido de azufre (SO2) y de óxidos de nitrógeno (NO y NO2) se disparan. Lo revela el estudio «Variaciones de contaminación en la ciudad de Maó en función del viento dominante», que han hecho público este martes los ecologistas del GOB, que reclaman que se tenga en cuenta esta cuestión a la hora de determinar el tipo de combustible que utiliza Endesa, primando criterios de salud pública en vez de los que rigen actualmente, estrictamente económicos.

El análisis, con datos del año 2019, ha comparado las mediciones de calidad del aire de las estaciones próximas al puerto de Maó (Port de Maó y Pous) con as de dirección y velocidad del viento. Las conclusiones son reveladoras. Los vientos procedentes de la dirección en la que se ubica la chimenea de la central hacen aumentar las concentraciones de SO2 y de NO2 (dióxido de nitrógeno) hasta cuatro veces por encima del de la media anual y hasta ocho veces más en el caso del óxido de nitrógeno (NO).

Aunque los valores no rebasaron los límites legales establecidos, aunque los ecologistas los consideran «preocupantes». La Organización Mundial de la Salud (OMS) determina que en el caso del NO y del NO2 tiene que haber un valor medio anual máximo de 40 microgramos por metro cúbico. La estación Port de Maó, la más próxima a la central (apenas 500 metros) se sitúa muy lejos de esos valores medios 810 microgramos por metro cúbico), pero durante los episodios de vientos dominantes de noreste el umbral se supera de forma sistemática, con una media anual de 40,75 microgramos por metro cúbico.

Los ecologistas recuerdan que la central de Maó utiliza como principal combustible el fueloil, el más contaminante, para alimentar los motores diésel, que no han sufrido modificaciones para adaptarse a la directiva europea de reducción de emisiones. Este hecho responde al funcionamiento del sistema eléctrico, que prioriza el uso de los combustibles más baratos. Reclaman que eso cambie para que se introduzcan criterios de salud pública y que en los días de viento de norte se utilice el combustible menos contaminante, en este caso, hasta que no se gasifique la central, el gasoil.