Equipo de Can Misses con la bañera que estrenaron en 2015

La bañera de dilatación y expulsión para la sala de partos del Hospital Mateu Orfila, que se compró dentro del plan de inversiones de 2019 y se esperaba estrenar en 2020, sigue a la espera de ser instalada. No ha entrado en funcionamiento porque las obras para su puesta en marcha no llegaron a iniciarse debido a la pandemia. El Área de Salud se propone ahora retomar esta mejora y la gerencia confía en iniciar la reforma dentro del paritorio en mayo, pero sin atreverse ya a dar fechas para su estreno.

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La demanda de las mujeres embarazadas para utilizarla continúa. «Es un anhelo y se generaron más expectativas al saberse que ya estaba aquí, la bañera se compró pero las usuarias estamos en la misma situación», señala Maica Martínez, pedagoga corporal y especialista en preparación al parto, quien entiende las dificultades añadidas por la pandemia de coronavirus pero recuerda que es el único hospital público de Balears que no ofrece el servicio, «debería darse la misma prestación en todas las Islas». Martínez es integrante de Ses Foneres Col·lectiu Transfeminista de Menorca, que junto con la asociación Sa Criança és Nostra, a finales de 2018, dos años antes de que estallara la crisis sanitaria de la covid-19, iniciaron la reivindicación de esta piscina de dilatación para las parturientas. Algunas de las mujeres que se sumaron a esta iniciativa y en ese momento esperaban un hijo ya no van a poder disfrutar de este servicio, que sí se presta por ejemplo en el hospital Can Misses desde 2015. Pero su reclamación continúa para que otras puedan beneficiarse de este cuidado durante el parto.

De momento piden que no se retrase más la puesta en marcha de esta bañera que ofrece «una opción de analgesia segura» durante la fase de dilatación del parto. Para que pueda usarse también en la expulsión, es decir, el nacimiento dentro del agua, se requiere una formación de los equipos sanitarios. «Depende de ellos, si se hiciera se aprovecharía la instalación y se ofrecería todo el servicio, algo que ya se hace en Inca y Eivissa», declara Sandra Cerezo, de Sa Criança és Nostra.