«Hay que ver con optimismo el futuro del campo de Menorca»

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El Club Nàutic Ciutadella acogió este sábado la conferencia de la fiesta de San Isidro, organizada por Sa Cooperativa del Camp

El Club Nàutic Ciutadella acogió este sábado la conferencia de la fiesta de San Isidro, organizada por Sa Cooperativa del Camp

«Es pronto para saber hacia dónde nos conducirá la nueva transformación que vive hoy el sector agrícola-ganadero de Menorca; pero hay que ver el futuro con optimismo. Al fin y al cabo, toda nuestra historia es un diálogo permanente entre el cambio y la permanencia, entre la tradición y la innovación; también en el campo de Menorca», afirmó este sábado el historiador Miquel Àngel Casasnovas en el acto organizado por Sa Cooperativa del Camp de Menorca con motivo de la festividad de San Isidro Labrador.

El investigador, invitado por la entidad que preside Bartomeu Pons, explicó en el Club Nàutic Ciutadella las cuestiones capitales de la historia económica y las transformaciones que ha vivido el campo de Menorca hasta hoy.

Explicó que «entre finales del siglo XX y las primeras décadas del XXI observamos como continúan los cambios con la recuperación de la viña y la producción de vino, la potenciación de las razas autóctonas de ganado, la implantación de la agricultura ecológica, la terciarización del espacio agrario con el turismo rural, los agroturismos y las actividades de ocio en el medio rural». Cambios que abren nuevos horizontes para el sector primario de la Isla y sus profesionales

Impacto de la industrialización

Miquel À. Casasnovas expuso que, a mediados del siglo XIX, la industria se convirtió en el principal motor económico de Menorca, mientras que el sector agrario se mantuvo en unos parámetros tradicionales. Muy a finales del XIX y principios del XX hay unos indicios de modernización y en 1901 abre la primera industria del queso: «Monte Toro. Fábrica de quesos» en Es Mercadal. La guerra civil 1936-39 interrumpe la lenta modernización del campo insular.

Los años de la postguerra fueron muy duros por la falta de recursos y la política autárquica del franquismo. A partir de los años 60 la expansión de la fábrica de queso fundido «El Caserío» y la creación de la Cooperativa Insular Ganadera (Coinga) propician la especialización lechera de muchas fincas en detrimento de los cereales, mientras la tierra se dedica al cultivo de forrajes.

Empieza la mecanización de los llocs, lo que provoca la disminución de la mano de obra en el campo. Entre 1955 y 1965 se registra una drástica disminución de los activos agrarios y fincas poco rentables son abandonadas.

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