Laura Garriga, frente a su restaurante en Alaior | Josep Bagur Gomila

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Tuvo a su segundo hijo el año prepandémico, en 2019, aunque una enfermedad posterior al parto le obligó a extender la baja durante nueve meses. Laura Garriga Arnau, propietaria del restaurante Es Festuc, en pleno centro histórico de Alaior, se ha quedado sin la ayuda covid directa del Estado para relanzar su local a causa de esta circunstancia.

«Di a luz y después me puse enferma, pero para no tener que cerrar el restaurante y perder clientela contraté a dos personas, una de ellas a tiempo parcial», explica. Con su ausencia prolongada y el gasto derivado de la doble contratación, no pudo evitar cerrar el año con pérdidas que, en todo caso, no fueron elevadas.

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Ese cierre negativo le ha privado ahora de obtener la última ayuda covid anunciada por el Gobierno de la nación el pasado mes de marzo que suponía el reparto de 11.000 millones de euros para empresas y autónomos frente a la covid. Laura la había solicitado en el plazo establecido, reunía todo los requisitos exigidos para poder recibirla y dar aire a su negocio, «todo lo cumplo, salvo ese punto, porque para poder acceder a estas ayudas debido al coronavirus no puedes haber tenido pérdidas en el año anterior al inicio de la pandemia», señala la empresaria alaiorense.

El pasado 25 de septiembre el BOIBpublicaba la relación de peticiones aceptadas y las denegadas, en la que aparece su nombre, y el motivo: «Ha declarado un resultado negativo del IRPF o una base imponible negativa del impuesto sobre sociedades del ejercicio 2019», indica el documento.

Laura Garriga, a caballo entre la indignación y la tristeza, señala que «como mujer que soy, siento una enorme rabia porque así nunca seremos iguales a los hombres». La empresaria de Alaior, de 40 años de edad, entiende que estas ayudas no son para reflotar empresas que van cuesta abajo, «pero ese no era mi caso, el problema ha sido que soy mujer, que tengo una empresa y que me quedé embarazada justo antes de la pandemia y tuve una enfermedad». Por todo ello proclama que su situación no es justa, e ironiza con «la suerte de que en España tengamos un Ministerio de Igualdad».