Ciudadanos ucranianos en Maó | Gemma Andreu

Los ciudadanos ucranianos que viven en Menorca se debaten entre la angustia, la preocupación y la incredulidad de que una guerra como la que ahora se abate sobre su país sea posible en pleno siglo XXI. Siempre han mirado con preocupación a su poderoso vecino, especialmente, explican, desde que se anexionó Crimea y se desencadenaron los enfrentamientos en el este, en la región del Dombás. Pero incluso los que recientemente visitaron el país, a comienzos de este mismo mes, esperaban que las peores previsiones no se cumplieran. Ahora el horror de la guerra les toca de cerca. Aunque están a miles de kilómetros, las sirenas que llaman a sus familiares a protegerse de los bombardeos les atormentan. Piden que no se deje sola a Ucrania. Califican de «inhumano» el ataque lanzado por Putin y niegan su relato. Algunos tienen como lengua materna el ruso y lo usan en su día a día junto con el ucraniano. «Putin solo quiere el territorio», afirman. Estos son algunos de sus testimonios.

Daria Iegorova, empresaria, de Kiev: «Esto viene de años atrás, las sanciones son insuficientes»

«Esto no va a parar, Ucrania va a resistir, nunca vamos a aceptar un gobierno pro-ruso», declara, firme pero apesadumbrada, la ciudadana de Kiev residente en Menorca desde hace cinco años Daria Iegorova. «Ahora ya tenemos el país completamente destrozado, hay que reconstruirlo de cero, han lanzado misiles sobre todo el país, viviendas, guarderías, escuelas, hospitales... Es inhumano», añade. Ella tenía una tienda de Lladró en Kiev. Es empresaria, distribuidora de las famosas figuras de porcelana en su país. Habla en pasado de su negocio, «lo doy por perdido, hay que entender que es una guerra real». Daria tiene a su madre y a su hija en España, también a su pareja, Gabriel, menorquín. Pero atrás quedan familiares, buenos amigos, sus empleados, un primo que lucha en el frente y un sobrino que a sus veintipocos años es uno de los civiles armados que se denominan ‘protectores del territorio’ y se enfrentan a militares entrenados rusos. «Está bien que se aísle a Rusia», opina sobre la reacción del mundo occidental, «pero llegamos tarde, esto empezó años atrás y se permitió, las sanciones son insuficientes, hay que ayudar con armas y soldados voluntarios, ser fuertes y rápidos, no solo decir ‘qué pena’, es una cuestión de dignidad para Europa».

Iegorova entiende que «las democracias tienen reglas, pero Putin no, se está destruyendo el centro de Europa con crueldad, nos sentimos abandonados», reflexiona, «¿quiénes somos si permitimos esto?», es la pregunta que lanza esta ciudadana ucraniana.

Luba Klevtsova, músico y proferora, de Lviv: «Ucranianos y rusos son como hermanos, esto es súpersucio»

Luba Klevtsova es profesora de piano y dirige tres coros en la Isla; está afincada en Ciutadella y es natural de Lviv, una ciudad a unos 70 kilómetros de la frontera con Polonia. Está próxima a otra urbe que ha sido destrozada por los bombardeos, «han destruido el aeropuerto, un hospital... Es totalmente salvaje», asegura, «es un momento muy triste, como una película de terror». Ella tiene en Ucrania a su hermana, a otros familiares y a amigos. Una colega profesora de Bellas Artes le cuenta que la escuela es ahora un refugio. Ella niega represiones contra los rusos, ese es el relato de Putin, que en su opinión solo quiere el territorio. «Ucranianos y rusos somos como hermanos, esto es súpersucio, mi lengua materna es el ruso, cada persona habla el idioma que quiere, somos bilingües», afirma. Desde allí le llegan relatos de bombardeos, de la huida de mujeres y niños, a los hombres de 18 a 60 años los movilizan, «siempre hemos estado muy unidos a los nuestros pese a estar lejos», se lamenta. Entre sus propuestas está la de crear una cuenta bancaria en la que poder recaudar fondos para enviarlos como ayuda a sus compatriotas que se han quedado en el país, resistiendo el ataque ruso.

Andriy Lemekh, músico y profesor, de Lviv: «Están parando tanques con las manos, no tomarán Ucrania»

Andriy Lemekh está establecido e integrado en Menorca, sus hijos son isleños, es músico y profesor, dirige la Banda de Alaior. Durante toda la conversación le cuesta contener el llanto pero quiere seguir, dar voz a quienes siguen allí y «están siendo atacados por todos lados, caen los misiles, las sirenas suenan todo el rato y tienen que esconderse en los sótanos», explica. Lemekh tiene en el país invadido a su padre, su hermano, su hermana y su marido con una hija; su mujer también tiene a toda su familia allí, viven pendientes de las noticias y agradece que el magnate Elon Musk ha activado el servicio de internet por satélite Starlink en Ucrania, lo que les permite comunicarse con familiares y amigos.

«La gente mayor dice que esto es como la II Guerra Mundial», cuenta, y entre sollozos dice que su hermano de 39 años, solo uno más que él, es ‘protector del territorio’ es decir, ha tomado las armas como civil para repeler las tropas rusas. «Toda la gente está defendiendo el país aunque no sean militares». Él desearía sacar de ese infierno a su familia pero «no quieren salir de allí», afirma totalmente afligido.

Para él Putin es un maníaco histórico que quiere restablecer una nueva versión de la Unión Soviética, «una prisión de pueblos», critica, y de la que no saben nada las nuevas generaciones de ucranianos que «han nacido en un país independiente y hablan distintos idiomas, muchos tienen como lengua materna el ruso, yo mismo hablo ucraniano y ruso sin problemas, el genocidio lo comete él, todo es desinformación», apunta sobre las justificaciones del gobierno ruso para la invasión. En opinión de este músico, el conflicto ha estado larvado desde 2014 y «ahora se han caído las máscaras».

Lemekh da las gracias a los países europeos, en especial a los fronterizos como Polonia, por acoger sin reservas a todos los ucranianos desplazados por la guerra, «les dejan entrar y se ocupan de ellos, no solo los gobiernos sino también sus gentes», declara emocionado. Sobre Polonia advierte que «tienen experiencia, por su historia, saben que si esto no se para los siguientes pueden ser ellos».

El testimonio de este profesor pone de manifiesto que si Putin esperaba una guerra corta no va a ser así. «La gente está luchando, estamos en nuestra tierra, no queremos parte de otros países sino que nos dejen en paz. Cogieron un trozo y ahora quieren todo», pero advierte que «no tomarán Ucrania, su error fue pensar que le iban a esperar con flores pero ni una ciudad pequeña ha hecho eso, están parando tanques con las manos», dice Lemekh.

Entiende que el conflicto puede ser difícil de entender para el resto de europeos, hunde sus raíces en la historia. «Kiev siempre ha sido la capital de los países eslavos» y «hace siglos que nos quieren destruir como nación», añade.

El apunte

Maó ofrece su solidaridad y apoyo a los ucranianos que viven en la ciudad

El alcalde de Maó, Héctor Pons, y los portavoces de los grupos políticos se reunieron este lunes en el Ayuntamiento con una decena de ciudadanos de Ucrania que residen en el municipio. En este encuentro, celebrado a instancias del Consistorio, los representantes de todas las formaciones en la Corporación trasladaron su apoyo y el de la sociedad de Maó a quienes sufren las consecuencias del conflicto en su país de origen.

El Ayuntamiento convocó a las personas empadronadas en Maó naturales de Ucrania para ponerse a su disposición y expresarles solidaridad y ayuda en todo lo que sea posible. En total son veinte los ciudadanos ucranianos que residen en el municipio de Maó.