Clientes y trabajadores con la mascarilla puesta en el Hipercentro de Maó, donde el personal debe seguir llevándola | Gemma Andreu

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El decreto 286/2022 que modifica la obligatoriedad del uso de la mascarilla impuesta durante los dos largos años de pandemia entró en vigor este miércoles tras su publicación en el BOE, pero su aplicación resulta aún tan confusa como dispar según los criterios personales y de empresa, sobre quienes recae ahora la decisión.

Ya no es preceptivo utilizar el tapabocas tampoco en espacios interiores salvo en los centros, servicios y establecimientos sanitarios. También deben usarla trabajadores y visitantes de los geriátricos y centro sociosanitarios, y todos los que utilicen el transporte público, como recoge el documento    oficial. Sin embargo, el BOE señala que «se recomienda un uso responsable de la mascarilla en los espacios cerrados de uso público en los que las personas transitan o permanecen un tiempo prolongado, al igual que en los eventos multitudinarios en las reuniones privadas en función de la vulnerabilidad de los asistentes».

Llevar o no las mascarillas pasa a ser una decisión que queda sujeta a la responsabilidad de cada persona en función de las circunstancias. Es por eso que  la mascarilla en comercios o supermercados estaba este miércoles todavía presente. «Yo la voy a seguir llevando, es la costumbre y me siento más tranquila», apuntaba una mujer en el Hipercentro de Maó. «Que la llevemos nosotros y el cliente no tenga que hacerlo me parece un contrasentido porque no nos elimina el riesgo de contagio», opinaba una cajera del mismo supermercado.

Otro caso son las empresas, cuyas decisiones dependen ahora de lo que dictaminen sus máximos responsables atendiendo a sus departamentos de riesgos laborales, si disponen de ellos. Con carácter general ya no es obligatorio el uso en el entorno laboral. El decreto indica, no obstante, que cada empresa, de acuerdo con la evaluación de riesgos del puesto de trabajo podrá determinar las medidas preventivas adecuadas para implantarse en ese lugar, o en determinados espacios.

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«Recomendamos a nuestras empresas asociadas que se atengan al sentido común, si no pueden mantener la distancia interpersonal de 1,5 metros, por ejemplo, que sigan usándolas», señala Enric Casas, gerente de CAEB Menorca. En todo caso, «el BOE tampoco especifica nada», apunta el ejecutivo.

Una prueba evidente está en las superficies comerciales.Por ejemplo los trabajadores de Mercadona y Binipreu no están obligados a usar la mascarilla. En cambio Eroski e Hipercentro sí han determinado que por el momento su personal continúe portando el tapabocas. «Pensamos que todos estamos más seguros llevándola, por eso hemos cambiado la cartelería de la entrada recomendando a los clientes que la usen aunque no estén obligados a ello», apunta Manuel Rodríguez, del área de comunicación de Eroski.

En cuanto a algunas de las empresas con mayor número de trabajadores en la Isla, la decisión también varía mientras aguardan el dictamen de sus departamentos de riesgos laborales. Es el caso de Aena que está pendiente de queeste jueves se reúna el Comité de Seguridad y Salud para determinar las medidas aplicables a sus trabajadores. Por el momento este miércoles no se aplicaron cambios y continuaron con la mascarilla.

Pons Quintana, la firma de calzado de Alaior, ha decidido que todo su personal, cerca de 100 trabajadores, continúe haciendo uso de la mascarilla. Juan Carlos Fernández de Salort, uno de sus ejecutivos, lo justificaba «porque no podemos arriesgar a que una vía de contagio pueda paralizar la producción». La empresa, Mascaró, de Ferreries, rehusó informar sobre la decisión adoptada respecto a sus operarios.