Morlà llega con toda la ilusión del mundo y consciente de la realidad, en diez meses por delante. no podrá arreglar retrasos de años. | Gemma Andreu

Tiene carácter y experiencia, dos elementos indispensables para hacerse cargo, presumiblemente el día 18, de la Conselleria de Movilidad. «Ahora mismo es una patata caliente, pero también un reto», afirma desde una trayectoria que exhibe espíritu de competición.       

La que será nueva jefa de carreteras, transporte, bus y otros jaleos ha jugado a fútbol en la primera división femenina en el Bunyola y en la primera también de voleibol con el CV Palma. Era a finales de los 80, mientras estudiaba Magisterio en la UIB, una oportunidad para combinarla con el deporte. La actividad física es su pasión reconocida y mantenida luego en la edad adulta. Hace tres años, representó a Menorca en tenis de mesa en los IGA de Gibraltar. Para completar su perfil deportivo, es cinturón azul de kárate.

Recuerda aquella temporada «gloriosa», dice, del 90-91 en la la que además de disfrutar de alta competición inició su vida profesional como maestra. Nacida en Maó en el 66, madre de dos hijos, pertenece a la segunda promoción de maestros de educación física. Como docente dio sus primeros pasos en el antiguo colegio Pío XII antes de aprobar las oposiciones y elegir destino en Sa Graduada, donde coincidió con su madre, también maestra. Igualmente maestro era su tío y su padrina, «tres Subirats Pons», comenta.

Desde entonces ha pisado los patios más que las aulas de varios centros, desde Fornells hasta Sant Lluís y el Mare de Déu de Gràcia de Maó, donde tiene su plaza actual.

A la política le mandó Bauzá, «la decepción con el PP». El expresidente «nos hizo mucho daños a los profesionales», recuerda. Y la protesta contra Bauzá le llevó a participar por primera vez en la política al frente de Volem Sant Lluís, una agrupación de electores que no ganó pero consiguió el poder mediante el pacto con el PSOE y el Pi.La recuerda como una experiencia emocionante, «pero me desgasté, esa es la conclusión». No fue un mandato apacible, la convivencia entre los grupos fue hostil por momentos.

Optó entonces por la política insular, se acercó a Més, «me gusta su apuesta menorquinista» y en las elecciones internas para la lista del Consell quedó novena. Probablemente pensaba haber logrado entonces mejor posición, pero las renuncias de cuatro compañeros le despejan ahora el camino.

«Me gusta la política, el compromiso con Menorca, por eso di el paso», comenta, mientras se recarga de energía y recuerda que en sus tiempos de estudiante trabajó como guía, lo que aumentó el conocimiento y cariño por su tierra.

Quien la conoce sabe que es una mujer de acción, no descarta el diálogo y el contrastre de propuestas, «pero lo importante es hacer que las cosas vayan adelante». Sabe de su etapa de alcaldesa que «si no te pones y haces un seguimiento, los asuntos se relajan, el cargo público tiene la obligación de insistir, estar continuamente encima» para que, por ejemplo, la falta de un informe que no se ha pedido a tiempo, «te haga perder más tiempo». La administración es compleja, lo sufrió en primera persona y lo relató públicamente al tratar de renovar el amarre de la barca que su padre, con quien sale a pescar, tiene en Fornells.

«Soy consciente de que tengo poco tiempo», pero hay energía e inquietud en sus palabras. Y es agradecida también, sabe que con ella se reanudarán las obras en el tramo Maó-Alaior de la carretera, «pero por el trabajo que ha dejado hecho Paqui», dice en recuerdo de Gomis.

Tiene cabeza de ciencias y su cabeza está formada por esquemas, una ayuda siempre para la resolución de problemas. Cosas del destino, es usuaria del bus con su correspondiente bono y recuerda que una de las últimas cosas que dejó resueltas como alcaldesa fueron las licencias de taxi temporales.